El fotógrafo más joven de Fidel
- Escrito por Dainarys Campo Montesino
Silvino Corveas. / Fotos: Cortesía del entrevistado.
Con cinco años le publicaron sus primeras fotos, nada menos que del Comandante en Jefe Fidel Castro. Allí, en el cementerio de Santa Ifigenia y a esa corta edad, tuvo muy claro qué quería ser.
Y no solo se convirtió en fotógrafo, su vida ha sido muy fructífera si de arte se trata. Músico, escritor… profesor, telegrafista, aviador.
«Nací en el año ‘59, en Pinar del Río. Mi padre era jefe de la Seguridad del Estado en la provincia y desde muy pequeño tenía que andar con él de aquí para allá. Por eso tuve la dicha de conocer a Ernesto Che Guevara, a Ramiro Valdés. Hice buena relación con Isaac de la Campa, el piloto del Che, fuimos varias veces al cabo de San Antonio.
Imagen que le publicaron con solo cinco años. A lo lejos la figura de Korda fotografiando a Fidel.
«Un día mi padre me llevó a Santa Ifigenia y allí hice las primeras fotos que me publicaron, con solo cinco años. Fueron al Comandante, también estaba Alberto Korda, con quien trabajé después por varios años. Una vez le enseñé una de aquellas fotos en la que salía él, estaba todavía con pelo, muy trigueño y como los fotógrafos casi nunca salen, se emocionó mucho al ver aquella instantánea».
A la música llegó en quinto grado y empezó en guitarra clásica en la Escuela Profesional de Arte. Después del pase de nivel, ya en el preuniversitario, le dieron la oportunidad de estudiar aviación en un preuniversitario militar en San Antonio de los Baños, pero por problemas de hipertensión y diabetes no pudo continuar, así que ingresó al ISA en el curso de trabajadores y cuando ya tenía un repertorio conformado regresó a Pinar del Río.
«Comencé a tocar y a dar conciertos gratis en la biblioteca provincial Ramón González Coro todos los jueves. Fueron días terribles, porque el director de Cultura en aquella época me decía que no había presupuesto para eso, y hasta la guitarra me quitaron. Luego me mandaron con Ricardo González Duquesne al Conjunto Occidental».
Si aquel hecho fue un castigo, para él se convirtió en 18 años de un aprendizaje sin igual, porque fue al lado del maestro Richard que se formó como músico de ley.
«Con él pasé un curso que dio el Berklee Music College en Cuba a través de Armando Romeu. Nadie quería esa beca porque había que madrugar, y eso que la pagaban y todo. Ricardo y yo fuimos los únicos que la terminamos».
Desde la primera edición del concurso Pedro Junco participó como guitarrista. Fue instructor en la Casa de Cultura, metodólogo provincial de Música y dio clases de Etnología y Folclor en la carrera de Danza.
Entre tantas cosas que hizo, tuvo tiempo para dedicarse a otras manifestaciones del arte, tanto fue así, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1977.
Pero quizás ha sido la fotografía lo que más lo haya atrapado. Ha recibido lauros nacionales del Citma, Havanatur, Ceprodeso y otros organismos.
«Cuando estaba en tercer grado mi padre me enseñó telegrafía y di clases unos meses en Geocuba, pero regresé al mundo de las fotos. He hecho muchas exposiciones, pero sobre todo imparto cursos. También he incursionado en el audiovisual con videos sobre varias temáticas, a los que les compongo la música.
«Fui director de imagen de Alejandro Robaina y hacía toda la promoción de Habanos. Por esa labor obtuve varios galardones en Francia e Italia y entré a la Uneac en el apartado de cine, radio y televisión».
Al parecer no está en su carácter quedarse inmóvil, pues siempre encuentra en qué ser útil, a pesar de que ha tenido que sortear varios obstáculos y ser objeto de incomprensión y malas intenciones.
«En la actualidad hago una revista digital sobre temas culturales en la que se publican imágenes hechas por los alumnos de los cursos de fotografía que imparto. Al principio costó un poco de trabajo que la aprobaran, ya que no pertenece a ninguna institución como tal y me molesta que haya gente que piense que todo el que hace periodismo fuera de los medios oficiales es opositor, debido a unos cuantos que hay en la provincia que se ganan la vida de esa forma. A mí el enemigo no me tiene que resolver ningún problema. Desde los cinco años sé lo que soy y de ahí no me saca nadie.
«Es muy bueno cuando te hacen justicia y se dan cuenta de que tu intención nunca fue la que se presuponía».
A Silvino Corveas podría llamársele hombre orquesta. De sus muchos saberes disfruta entregar un pedazo a quien lo necesite.
«De todo lo que hago, lo que más me reconforta es la utilidad».
Sobre el Autor
Dainarys Campo Montesino
Licenciada en Estudios Socioculturales. Ha trabajado como traductora de la versión en inglés del Periódico Guerrillero.