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Mucha luz en medio de una vil muerte

Luis Rodolfo Saíz Montes de Oca

Atarse al cuerpo gran cantidad de cartuchos de dinamita en medio de un desfile, apaciguar una pelea entre jóvenes de bandos contrarios o poseer talento en la oratoria y la literatura fueron muestras de grandeza, pero su acto más valioso fue por amor.

Su hermano, menor que él, se encontraba frente a la taquilla del cine del poblado de San Juan y Martínez, cuando un individuo se le acercó y quiso registrarle a la fuerza. El jovenzuelo se negó solicitándole que se identificara y le dijera el motivo del registro. Pero este abusando de su superioridad física, lo llevó hasta la acera de la calle.

Él, que estaba en la esquina, al advertir el maltrato del que era víctima su consanguíneo, avanzó hacia el lugar de los hechos gritándole al verdugo que no continuara atropellando a su hermano. La respuesta al reclamo fue un certero disparo al corazón.

Aquel 13 de agosto de 1957 la Patria cubana perdió a dos hijos valiosos: Luis Rodolfo y Sergio Enrique Saíz Montes de Oca, de 18 y 17 años, respertivamente.

Hoy 4 de noviembre Luis pudiera cumplir 81 años. Aquella bala esbirra le arrancó la vida no solo a un excelente patriota, sino también a un admirable escritor, compañero, hijo, hermano…

LA PATRIA PRIMERO, LUEGO ÉL

Tanto en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del  Río, como en la Universidad de La Habana donde curso el primer año del doctorado en Derecho y en la militancia del movimiento revolucionario en San Juan y Martínez, Luis demostró que la Patria estaba primero que todo.

El día del entierro de Ormani Arenado, joven pinareño que murió en las acciones del 13 de marzo de 1957, los hermanos Saíz vinieron desde San Juan y fue Luisito quien ante la idea de algunos miembros del Movimiento de realizar un entierro pacífico, ordenó a Sergio que trajera una bandera grande y desde ese instante se hizo combativa  la manifestación de duelo.

 “A mí me tocó en la primera fila al lado de él, que iba con su guayabera blanca. No olvidaré su voz enérgica y acusadora gritando: ‘¡Muerte a Batista!’ ‘¡Abajo el dictador!’ ‘¡La cabeza de Batista!’ ”, contó Silvio Martínez, quien en esa etapa fuera secretario del Movimiento Estudiantil Revolucionario de Pinar del Río, a los autores del libro Brisa Nueva.

Su convicción de que la Patria estaba por encima de todo también la demostró aquella ocasión en que se encontró con Segundo Rodríguez, uno de los que intentó sabotear su candidatura a la presidencia de la Asociación de Alumnos del Instituto.

Relató Rodríguez que coincidieron y el mayor de los Saíz lo llamó. “Yo pensé que la pelea se iba a reanudar y me acerqué preparado para lo que fuera. En eso Luis, sin esperar mucho me dijo: ‘La bronca de ayer fue un mal entendido, nosotros luchamos por tumbar a Batista y somos revolucionarios. Hemos averiguado y sabemos que ustedes están en lo mismo. Por eso lo que tenemos que hacer es unirnos y luchar por la misma causa’”.

ENTRE LOS VERDADERAMENTE BUENOS

Personas que le conocieron contaron anécdotas que muestran a Luis como un joven con estima hacia sus camaradas.

“En uno de los años, creo que 1955, en que se celebró el ‘Día de la Dignidad Pinareña’, éramos muchos estudiantes distribuidos por la calle principal (Martí) (…) Entre las cosas que se comentaban en el grupo era la idea de Luis para transportar la dinamita de un lugar a otro. Cuando enviamos a un compañero a recoger una gran cantidad de cartuchos, Luis se negó a que los trajera en la mano y se los ató al cuerpo con cordeles, así llego hasta mí”, rememoró Rosalba Bencomo, miembro en ese período de la dirección del Movimiento 26 de Julio en Pinar del Río.

Durante un año, Juan Oscar Alvarado compartió con Luis en la Universidad de La Habana, pues ambos estudiaban Derecho. En carta de condolencia enviada al padre de los Saíz, este le hace saber que se sentía honrado por haber tenido la amistad de uno de sus hijos.

“Pude apreciar su valor juvenil, su calidad de amigo y su decidido entusiasmo por las causas justas y dignas. Llegado el momento de separar a tantos jóvenes mediocres que en Cuba padecemos de los verdaderamente buenos, él se hallaba imprescindiblemente entre estos últimos. Precisamente por ser bueno y digno consigo mismo y con los demás, es que ya no podremos estrechar su mano amiga”.

HIDALGUÍA TAMBIÉN EN LAS LETRAS

A sus múltiples virtudes como ser humano, sumó el talento del arte literario. Luis Saíz Montes de Oca escribió poesía, cuentos y artículos políticos, con los que también ganó respeto y admiración entre sus compañeros.

Documentos como: La verdad del ómnibus estudiantil, El problema racial en Cuba, Las elecciones quedaron atrás y Abraham Lincoln: el leñador de Kentucky, reflejan madurez política y fidelidad a los ideales martianos.

Uno en especial, Abraham Lincoln: el leñador de Kentucky, revela las potencialidades de Luis en la oratoria.

Así dice un fragmento de dicho escrito: “(…) nosotros, que ni somos enemigos acérrimos de todo lo Yanqui, ni amantes fanáticos del hermano rubio, sino que solo creemos en la justa y real apreciación de los hombres y los países, queremos rendir un pequeño homenaje a la memoria de Abraham Lincoln.

“Le decían el ‘Honrado Abraham’ y no era por mera pose, tan común en nuestros días de políticos inescrupulosos, y de plumas mercenarias que fabrican y adjudican adjetivos a los más impuros y a los más lacrados”.

Pero la misma intensidad de este discurso, la encontramos igualmente en los versos románticos que escribió. Joven al fin, experimentó pasiones, sueños, deserciones… Por ello en su obra encontramos líneas tan vehementes como el poema También que dice:

Si crees que algún día/ podré yo olvidarte. /Si imaginas que tu amor/pasará al olvido;/ quiero que sepas/por última vez, /que lo bueno, lo puro, /lo santo y sagrado/que tuvo tu amor, /eso… ¡nunca lo olvidaré! /Pero si intentas que recuerde/los duros instantes de desolación, / los momentos tristes de tu traición;/debes comprender que esos, / de fatal recordación, /de llantos y penas sin fin, /de continuo reproche, /de triste negación;/esos…esos momentos/que recordar no quiero, / ¡también viven en mí!
Sin dudas, Luis Rodolfo Saíz Montes de Oca fue un intelectual prominente en su época, patriota digno, buen compañero y amigo, pero sobre todo un excelente hermano.

Dada su condición de primogénito, siempre intentó guiar y proteger al que le sucedía. Según testimonio de Silvio Martínez, secretario del Movimiento Estudiantil Revolucionario en Pinar del Río en dicho periodo, días antes de su asesinato, él lo visitó y le dijo: “Ha llegado el momento de dirigirnos a la Sierra Maestra, tú me acompañarás con mi tío Enrique, Sergio se quedará con los viejos y luchando aquí”.

Tal vez quiso el destino que no abandonara a su consanguíneo y aquella noche, como de costumbre, ambos andaban juntos. Todo estuvo bien hasta que el más pequeño de los Saíz se alejó a hacer alguna diligencia y alguien lo maltrató. En ese momento desapareció en Luis todo carácter reflexivo y sin pensarlo salió en su defensa al tiempo que exclamaba: ¡Mátame a mí, y no a mi hermano! Un disparo le desplomó el cuerpo, pero nunca antes irradió tanta luz.

A propósito del aniversario 81 del natalicio de Luis Rodolfo Saíz Montes de Oca el 4 de noviembre, Guerrillero nos acerca a la vida de este joven revolucionario que se destacó en la lucha contra la dictadura de Batista y que murió con tan solo 18 años en defensa de su hermano menor.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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