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Leoni, el insomne amigo de las calles de Viñales

Desde hace más de 30 años Leonardo Cruz Ramos trabaja en las labores comunales

Desde hace más de 30 años Leonardo Cruz Ramos trabaja en las labores comunales

A las cinco de la mañana ya él es viejo en las calles de Viñales. Escobillón en mano barre las suciedades de las aceras, contenes y arteria principal, desde la Casa de Don Tomás hasta el Banco de Crédito y Comercio (Bandec).

Esta práctica Leonardo Cruz Ramos la realiza de forma ininterrumpida hace casi dos décadas, de lunes a lunes. No importa si hace frío o calor, si es jornada hábil o feriado: el barrendero tiene que trabajar los 365 días del año.

Los 62 abriles que suma no le restan bríos en la actividad de barrido. Se aferra a la escoba y hasta que no deja la senda limpia no la suelta. El polvo lo rodea mientras cumple sus labores. Algunas personas lo ignoran, otras, sin embargo, con un saludo o una expresión le agradecen la noble tarea que realiza.

BARRENDERO SIN CALLE FIJA PARA INICIAR

Contrario a lo que habitualmente acostumbran a hacer los barrenderos, Leoni, como cariñosamente le conocen en Viñales, no empieza a barrer siempre por la misma calle. Dice que inicia por donde haya más suciedad.

«Yo salgo de mi casa y cuando veo mucha basura, por ahí mismo emprendo. Es una cosa que no está en mí, y tengo que ir y barrerla. Recojo hasta los desechos del césped –que no me toca a mí, sino a los trabajadores de Áreas Verdes– pero para que la calle me luzca limpia completa, me embullo y lo hago.

«También me encargo de barrer los portales de algunas tiendas, boto la basura de la farmacia y de casas particulares de personas mayores que no pueden valerse y me ven a mí para que los ayude en eso y a cambio tienen gestos de agradecimiento conmigo».

ADEMÁS DE BARRER...

En una sociedad en la cual existen personas carentes de civilidad y en la que diariamente percibimos el irrespeto a la calle como espacio de interacción social, este hombre devuelve la esperanza en el mejoramiento humano.

Aunque no ostenta títulos universitarios, con su escobillón, al barrer las suciedades que otros dejan a su paso, ofrece lecciones de educación. Sus palabras y comportamiento van de la mano.

«A mí me gusta lo que hago y me esmero como si fuera mi casa, sin apuro, para que las cosas me queden bien, porque este es mi pueblo y a Viñales viene mucha gente de otros lugares que hacen fotos y es muy bueno que no se lleven una mala impresión de nosotros. Fíjate, que a veces me da hambre, pero no como nada para adelantar y que las calles queden limpias lo más rápido posible.

«Esa es mi dignidad como trabajador y esa fue la costumbre que me inculcaron a mí: trabajar y ganarme un sueldo bien gana’o. Yo tengo un salario y eso no se le puede robar al Estado, a la Revolución».

RAZONES PARA PERMANECER EN COMUNALES

Confiesa que nunca ha pensado en abandonar el sector de Comunales porque lo único que sabe hacer es trabajar en la higiene comunal del pueblo y que en él encuentra bondades.

«Desde que tengo 29 años eso es lo que hago. Primero empecé como sereno cuidando baños públicos, luego pasé a limpiarlos y por último a la actividad de barrendero. Yo no puedo dejar este trabajo porque es al que le tengo amor y cariño. Aquí estaré hasta que me jubile.

«Además, seguiré por ese jefe muy bueno que tengo, uno de los mejores que ha pasado por Comunales en Viñales. Lo que necesitemos, lo mismo un escobillón, que un machete, que lo que sea, él no pone trabas, sino que nos ayuda para que podamos hacer bien el trabajo. Se preocupa por nuestros problemas y familias.

«Mientras yo barro aprovecho y si veo laticas, botellas o pomos plásticos los recojo y cuando hay bastante los llevo a Materias Primas y por eso me pagan algo de dinero que me ayuda a ahorrar mi sueldito. Así fue como pude comprarme una lavadora, un refrigerador, una grabadora, dos ventiladores y otras cositas para la casa».

Quien lo ve empuñar a sus 62 años el escobillón cada día –con la misma fuerza y disposición– desde las cinco de la madrugada hasta las 11 de la mañana, se percata de la sincera consagración que siente por lo que hace y el sentido de servicio hacia los que le rodean.

Cuando a la pregunta de si existe algo más triste que ver basura en la calle, este hombre contesta: «No poder limpiarla es peor». Justo ahí, uno empieza a descubrir que es mucha su grandeza.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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