Cuatro milagros en mil días
- Escrito por Heidy Pérez Barrera
Foto: Radio Reloj.
Escuché atenta desde el primer segundo, mi mano no atinaba a escribir tan rápido como yo quería, pues mi intención era atender a lo que me resultaba interesante y aunque no era algo nuevo, sí era dicho de una forma diferente.
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En el marco de la jornada por el día del pediatra, celebrado cada año en Cuba el 30 de septiembre, Yatson Jesús Sánchez Cabrera, presidente del Capítulo pinareño de la Sociedad Cubana de Pediatría habló a un grupo de colegas suyos con una mezcla extraordinaria del lenguaje científico y coloquial.
Por él supe por qué son tan críticos estos mil días y es que en ellos se dan cuatro grandes milagros, “diría pequeños milagros porque es de niños, los cuales les influyen durante toda la vida”, apuntó.
El primero de los milagros referidos, el más evidente, es el crecimiento físico. Es crítico este tiempo en el niño porque crecen a la mayor velocidad conocida, pasan de dos células a quinientos billones, su peso se triplica desde el nacimiento hasta el primer año de vida, “para tener una idea, si creciéramos así a lo largo de todos los años, los seres humanos tendríamos la altura de un edificio de tres plantas”, dijo.
“En consecuencia, las necesidades nutritivas de esta etapa son las más grandes. Un niño tiene que consumir en una porción muy pequeña casi cinco veces la cantidad del hierro que consume un adulto en tres platos de comida”.
El más fascinante de los milagros: el desarrollo cognitivo, el momento de definir cómo funciona el cerebro. “Es en estos mil días donde los bebés desarrollan hasta el 80 por ciento de sus capacidades adultas, el tamaño de su cerebro se triplica desde el nacimiento hasta el segundo año de vida, llegan a aprender alrededor de las 900 palabras antes de los tres años, lo que contrasta con las 200 palabras que recoge el 90 por ciento de la literatura publicada hoy en el mundo.
“Pero probablemente en esos mil días tengamos la mayor apertura genética de nuestra vida. Tenemos un programa dado por genes, codificado en un espiral de ADN que lleva cada célula. Todas las células de nuestro organismo tienen la información para hacer cualquier cosa, quién va a hacer la nariz, el pelo o el corazón.
“El hecho de cómo colocar estos puentes en el material genético es un descubrimiento de los últimos años, el último de los milagros en ser descubiertos, la programación metabólica, la cual nos llena de asombro porque hasta ahora sabíamos que la escritura del material genético es en tinta casi indeleble y su modificación lleva generaciones, pero esta escritura se desarrolla a lo largo de cada vida”, aclaró.
DÍAS QUE SIGNIFICAN VIDA
El especialista deja a un lado los genes y habla de cuestiones más prácticas, deduce que no hay inversión para la humanidad más inteligente ni más rentable que invertir en los primeros días de vida. “No hay forma de educar si no se invierte en la crianza temprana, donde se funda cada ser”.
Se conoce que en estos mil días atravesamos por tres etapas diferentes de alimentación: la intrauterina, marcada por la placenta; la lactancia materna, marcada por el pecho de la madre y la alimentación complementaria, marcada por la cuchara. “No nacemos de un huevo, somos mamíferos, pasamos nueve meses en el vientre de mamá. Es por eso que los mamíferos decodificamos el medio ambiente a partir de las señales que nos da la placenta, es como si fuera un grandmother, que modula las señales exteriores para que se marquen en nuestros genes.
Por ello es tan importante cuidar la alimentación de la mujer embarazada, para que durante el embarazo tenga el peso adecuado. “Hoy una tercera parte de las mujeres de la región sufren de anemia por déficit de hierro. Es importante que durante el embarazo se mantenga una curva de peso normal, que no adelgace mucho ni que engorde excesivamente”.
Alimentos, nutrientes, ambientes tóxicos, sin hablar del cigarro o el alcohol que tienen efectos bien claros. El solo hecho de estar en un lugar con humo aumenta el riesgo de obesidad de la progenie. “Si la madre tiene una dieta variada, los olores, los sabores que consume a partir del cuarto mes pasan la barrera placentaria y ese feto en formación comienza a ponerse en contacto.
“Ceder el asiento en el ómnibus a una mujer embarazada no es una señal de cortesía, es una señal de respeto, no por la mujer, sino por la especie humana, cuidar a la mujer embarazada es parte de la tarea de las sociedades que han comprendido esta trascendencia”, subraya Sánchez Cabrera.
LA AVENTURA DE VIVIR
“Llega el momento del nacimiento, todo cambia para el niño menos su velocidad de crecimiento. Respira diferente, recibe alimento de una manera distinta, el vínculo con su madre ahora es a través del pecho, el cual cumple el mismo rol que la lactancia, tiene un flujo no solo de alimentos, sino de hormonas, de receptores, cambia a lo largo del día, a lo largo de cada lactada, dando señales que ayudan a la maduración temprana de los niños.
Con ella llega el más complejo y último de los milagros: la maduración inmunológica.
“La leche de la madre cambia de sabor cuando se come algo distinto y esos cambios estimulan el desarrollo de los niños, ellos maman de una forma diferente si la madre comió un chilindrón de carnero, porque hay un diálogo entre madre e hijo que continua a través de la lactancia”.
La lactancia disminuye la mortalidad, la otitis, el asma bronquial, las enfermedades diarreicas agudas; pero a pesar de esto, dos terceras partes de las familias introducen alimentos antes de los seis meses de edad, desplazando el efecto beneficioso de la leche de la madre.
Sánchez Cabrera es del criterio que “sostener la lactancia materna, no es solo responsabilidad de las madres, ya les hemos pedido demasiado, es responsabilidad de la sociedad, implica legislación, entornos laborales que la protejan, el cuidado y el rol de la familia.
“Llegan así los seis meses de edad, el momento ideal para introducir nuevos alimentos, mas, pongámonos en los calcetines de un niño, quienes solo recibían la teta, siempre buena, a temperatura ideal, con un sabor neutro, siempre disponible; de pronto aparece la cuchara, texturas, aromas, olores, colores, una forma de tragar distinta, no hay cambio ni aventura más asombrosa que la de un niño que empieza a comer.
“Diría que tan importante es lo que va dentro de la cuchara como lo que va por fuera, ese contacto que poco a poco, como compañía de la lactancia, se da en un entorno de mayor independencia del niño y que mejora sus hábitos alimentarios, estimula el desarrollo psicomotriz y lo integra de manera progresiva a la dieta familiar.
“Es entonces cuando aparece la neofobia, el niño dice que no quiere comer, pero la exposición reiterada y la insistencia en un contexto de confianza hacen que los chicos digan sí, es bueno”.
Y poco a poco, se inculcan costumbres que nos dicen cuán dulce debe ser lo dulce y cuán salado debe ser lo salado, cuándo decir basta, porque las señales de saciedad son instaladas en estos mil días de vida.
“Los pequeños milagros de los bebés son maravillosos, pero a la vez son muy delicados, necesitan apoyo y protección en todas las etapas del camino que tienen por delante.
“Son mil días críticos, mil días trascendentes, mil días fundacionales, lo maravilloso radica en que no hay una receta única, pero todos tenemos que instalar en nuestras agendas, la importancia de estos mil días, de los que no guardamos ningún recuerdo, pero seguramente tiene huellas. Quizás en estos mil días la dimensión del tiempo sea distinta, lo que para nosotros son mil días, para ellos es el cimiento de su ser”.
Sobre el Autor
Heidy Pérez Barrera
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.