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Del cubano y del café

Del cubano y del café

Foto: Roberto Suárez / Juventud Rebelde.

¿De qué está hecho el cubano? Esa pregunta nos la hicimos en la tarde del domingo cuando paró un cocotaxi en una de las paradas de la Carretera Central y uno de los que lo abordaron dijo: “Monten que yo pago la carrera. ¿Oigan ustedes van para la ciudad? Fue su pregunta y pronto se llenó el ciclomotor.

No lo conocíamos, alguien le dijo El Jimagua, o tal vez no, pero él es un cubano más, y es que los oriundos de este país- sin chovinismos- estamos hechos de algo especial, que a veces nos es imposible comprender cuál es la esencia, el ingrediente o el material; pero sí se sabe que cuando el “zapato aprieta” se multiplican los ejemplos de solidaridad.

Tal vez somos como el café. Sí, el café, esa bebida tan simple y común, y a estas alturas algunos dirán: ¿Cómo el café? Y respondemos ¿Acaso este cultivo no es estrictamente tropical y no es una bebida reconfortante, que se utiliza para estimular?

Y más, es el “buchito” de café el que a veces une a los vecinos del barrio, o a los compañeros de trabajo, el que tomamos en los momentos buenos y malos, el que sirve lo mismo para una celebración que para un velatorio, el que brindamos a los cansados, a los desconocidos y a los amigos.

Los cubanos somos un poco así. Aprovechamos cada brecha, cada momento o situación coyuntural para demostrar lo más humano que tenemos dentro, y para “justificar” que nos gusta ayudar de forma desinteresada, ser compartidores y solidarios.

Así hemos estado por estos días en la nación caribeña, un momento de una situación energética coyuntural, y la comparación con el café solo fue una forma de caracterizarnos. El cubano es ese ser capaz de crecerse ante las dificultades, de unirse para ser más fuerte y de seguir adelante y victorioso.

En las paradas de las guaguas, en las colas de los mercados Ideal, en las tiendas, en los barrios… muchos son los ejemplos de prestación de ayuda a los demás que hemos visto. ¡Vamos que podemos lograrlo! Ha sido el mensaje en silencio o a voces, y “por donde salga uno, salimos todos”, la intención casi general.

Una señora nos contaba que el domingo en la mañana la recogió un carro particular; ella no lo paró, sino que el chofer lo hizo a conciencia, y la trasladó desde la ciudad hasta Montequín; asimismo otro joven narró cómo un pasajero se bajó de una auto estatal y le cedió su turno a una mujer con un niño: “Yo me puedo ir hasta en un camión y ella no”, dijo el hombre. Con personas así hasta los malos momentos se saborean.

Algunas son las imágenes que andan en estos días por el facebook de casas de varios lugares en el país, que están en construcción o se terminaron gracias a la ayuda de los vecinos del barrio. Sus propietarios, muchos de los cuales recibieron subsidios, no tienen la posibilidad de pagar todo lo que les cuesta el proceso constructivo, y ahí está la mano del cubano. Ancianos, madres con niños enfermos, y muchos más salen beneficiados de tanta bondad.

Vencer o intimidar a alguien que quiere y respeta a sus congéneres, a los suyos, a los que disfrutan de los mismos provechos y sufren de iguales carencias, no es fácil; así que bien difícil la tienen aquellos que a base de bloqueo quieren amedrentar a quienes ostentan el gentilicio de cubanos.

“A la hora buena” o a “la hora mala”, es solo cuestión de interpretación, a los nacidos en este país, no les importa la raza, el sexo, ni el credo; lo único que sienten es el mal del otro en carne propia.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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