Por distintos caminos, a un mismo destino
- Escrito por Yolanda Molina Pérez
Fotos: Pedro Paredes Hernández.
Al entrar a uno de los dormitorios de la unidad 2120 del Regimiento de Defensa Antiaérea se aprecia el orden y la pulcritud habitual de estos sitios, solo la presencia de peluches sobre las literas marca la diferencia.
Durante 45 días, ocho jóvenes pinareñas de distintos municipios recibieron en el centro de preparación de los nuevos soldados el entrenamiento inicial para cumplir con el Servicio Militar Voluntario Femenino.
BÁRBARA
Para Bárbara ingresar a la vida militar es la materialización de un sueño.
Le dicen «La Chiqui» y es fácil entender la razón de tal mote: Bárbara Caridad Rodríguez Pérez es pequeña, delgada, hasta podría catalogarse de endeble con una primera mirada, pero al hablar con ella la convicción de las palabras pronunciadas en voz muy baja pero firme la unge de fortaleza.
Culminó el preuniversitario, obtuvo la carrera de Derecho, pero siempre la atrajo la vida militar, así que en vez de ingresar en la universidad Hermanos Saíz Montes de Oca, esta joven, que vive en la comunidad de San Andrés del municipio de La Palma, apostó por el Servicio.
Fue el padrastro quien ayudó a convencer a su madre que se oponía a tal decisión: «Ahora está muy orgullosa de mí», asegura Bárbara y retiene una sonrisa en los labios.
La fragilidad que emana de su cuerpo casi que impone la pregunta sobre si puede realizar los ejercicios que demanda el entrenamiento y la respuesta es un sí rotundo: «Yo hago lo mismo que las otras». Una vez más llega la confirmación, pues con resolución y voluntad no hay obstáculo insalvable.
«Cuando vine para acá, lo hice pensando en acogerme a la Orden 18 y estudiar, quería ser Fiscal, pero ahora cambié de opinión y voy a empezar un curso para hacerme instructora». De ese modo realizará su sueño de pertenecer a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
AMANDA
Amanda está segura de que la Estomatología es su vocación.
Tal vez sea su tez blanca, el cabello rubio o la mirada, pero en el rostro de Amanda Pérez Serrano sobrevive un halo infantil. Casi todo el tiempo ríe, aunque parece más que alegría un gesto para deshacer la timidez.
Cuando cursaba el onceno grado descubrió la vocación por la Estomatología. Estudiando en un pre en Guane consideraba pobres sus opciones: «Siempre llegan pocas carreras y la mayoría las cogen los que estudian en la «Vocacional». Mi profesora de Matemáticas me habló de esta opción y después de un año voy a hacer lo que quiero».
Ella tuvo desde un inicio el apoyo de la familia, aunque por primera vez se enfrentó a la vida interna. No dudó en catalogar la experiencia como algo difícil por el rigor de los ejercicios.
«Aquí marchamos, corremos, nos arrastramos y todo eso al sol. Hay que tirar, pero es bonito; he conocido a muchas personas, tengo nuevas amistades», asegura esta joven, quien reconoce además que los hombres las consideran y respetan por el solo hecho de ser mujeres.
No cree que llevar uniforme militar esté reñido con la feminidad. Su cabello cuidadosamente trenzado, los aretes y el ligero maquillaje, así lo confirman.
YANISBEL
Luego de estar desvinculada del estudio y el trabajo, el Servicio Militar abrió a Yanisbel nuevos caminos.
Abandonó los estudios al concluir el onceno grado; luego quiso trabajar, estudiar, hacer algo para no depender de sus padres y pensó que la solución a sus problemas era el Servicio Militar Voluntario Femenino por los beneficios que ofrece.
Yanisbel Bello Otaño vive en la comunidad Las Cadenas, del municipio de La Palma. Ella también admite el rigor, pero aclara: «Poco a poco me fue gustando, fui viendo que por mí yo podía hacer las cosas, que no necesitaba obligatoriamente de mi papá y mi mamá. Uno no se puede llevar por lo que piensan otros, mis amistades decían que esto no lo iba a soportar. Es verdad que no es fácil, pero hasta que no estás aquí, no sabes si es lo que quieres o no».
Ya tomó la decisión y optó por un curso de instructora. En tres meses estará trabajando, tendrá posibilidades de superación y la anhelada independencia.
Al hablarle de la relación con los del sexo masculino comenta: «Dicen que las mujeres salen de aquí desprestigiadas, eso no es verdad, depende de lo que hagas». Cuenta con el beneplácito de la familia, quizás porque el progenitor es militar, lo cierto es que ya tiene en sus manos una segunda oportunidad.
COMO EN CUALQUIER PARTE
Son ocho las muchachas incorporadas en este llamado. Como en cualquier otro albergue de féminas se ayudan con el peinado, comparten historias y vivencias; no importa cuántos años pasen ni el tiempo que estén separadas, ellas ya tienen algo en común: están preparadas para defender a la Patria.

