La vida no se acaba con el paso del tiempo
- Escrito por ACN
Cada mañana es un nuevo comienzo, una certeza de que la vida no acaba con el paso del tiempo implacable, de que existen muchos motivos para sonreír y el amor abunda en cualquier parte.
Con esos derroteros, Martha Lazo Hernández, Ana Luisa Cueto Antigua y Orlando Novo Capote, acuden al encuentro con los amigos que la vida quiso regalarles en su vejez, para compartir experiencias y achaques, disfrutar de los momentos alegres y también apoyarse unos a otros si merodea la tristeza.
Aquí me he sentido muy bien acompañada, muy querida, asevera Ana Luisa, de 82 años, al referirse a su cotidianidad en la Casa de Abuelos de la calle Ceferino Fernández, de la ciudad de Pinar del Río, porque no quiere perder la oportunidad de mostrarle su gratitud a todos los que día a día se esfuerzan por regalarles una jornada placentera.
Además de los alimentos que son a su hora, variados y ricos en nutrientes, tenemos actividades diversas como las culturales, educación física, dominó, paseos y hacemos manualidades, precisa. Aseguran sentirse como en casa.
Algunos viven solos y tienen en el resto de los ancianos, trabajadores y médicos, a su familia. No es el caso de Orlando, quien hace un año acudió en busca de una opción viable para que su hijo pudiera trabajar.
Contamos con atención médica y unos cuidados magníficos, y extrañamos la Casa de Abuelos cuando no venimos los domingos, apunta el anciano de 74 años.
Las condiciones del centro no son las mejores, pues presenta dificultades como el agua y un pasillo interior en el que a veces nos mojamos cuando llueve; pero recibimos mucho amor y comprensión por parte de los trabajadores, remarca Martha.
Vienen especialistas a atendernos gracias a la gestión del policlínico Luis Augusto Turcios Lima, al cual pertenece la casa, añade quien desde la vicepresidencia del consejo de abuelos trata de contribuir al orden en la institución y ayudar a cuantos puede.
Todos disponen de una alimentación en consonancia con los padecimientos de cada uno, en el desayuno, almuerzo, comida y las dos meriendas, expresa Caridad Armas León, trabajadora social del centro.
Los ancianos necesitan relacionarse con sus contemporáneos porque tienen intereses en común, remarca.
Y otros son los lazos que se forman cuando durante casi ocho horas-de lunes a sábado- se convive en grupo, en la compañía de iguales que pese a las huellas del tiempo en la piel saben amar como adolescentes.
Fausto Díaz y Silvia Castillo hace nueve años son novios, una relación que comenzó a pocos meses de la entrada de ella a la casa.
Aunque no viven juntos, aprovechan las horas que permanecen allí para departir, tomarse de la mano y reír.
Como los novios de hoy en día- dice Fausto- de vez en cuando,salimos.
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