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Cuando la fuerza lleva nombre de mujer

Dolores Pérez Germán, fundadora de la milicia femenina  / Foto: Pedro Paredes Hernández

Dolores Pérez Germán, fundadora de la milicia femenina / Foto: Pedro Paredes Hernández

Desde las luchas independentistas las mujeres pinareñas han tenido una participación activa en la defensa de la Patria. Guerrillero ofrecerá una serie de trabajos que nos acercarán a algunas de las historias que lo corroboran.

A las puertas de sus ocho décadas de vida, Dolores Pérez Germán es una mujer que ilumina; la cabeza coronada por una cabellera totalmente blanca no logra colocarle el envejecimiento en el cuerpo.

El andar ligero, la elegancia, la fluidez de las palabras y la lucidez, conspiran, junto a la dulzura de sus maneras y la sonrisa que siempre parece andar rondando la comisura de los labios para dotarla de un encanto singular, y descubrir desde la primera mirada, que esta anciana hermosa debió ser una joven bella.

Oriunda del poblado de Sumidero, en el municipio de Minas de Matahambre, nació en el seno de una familia de campesinos aparceros. Siete hermanos integraban la numerosa prole que encontró sobradas razones para incorporarse a la lucha revolucionaria.

LA CASA, EL CUARTEL

La casa paterna, ubicada en la finca Caliente, junto a la sierra de igual nombre, «era como un cuartel», recuerda Dolores, quien reconoce que fueron sus hermanos, especialmente Francisco, el mayor, los que le insuflaron a los Pérez Germán el espíritu de rebeldía.

Cuando él se trasladó a La Habana para trabajar en la fábrica de tabacos Partagás, Oslidio, el segundo de los varones, asumió la responsabilidad de liderear el Movimiento 26 de Julio en la zona.

En el bohío del patio escondían a los compañeros que llegaban a unirse al campamento de Roberto Amarán, en la cueva de Román. Ella iba a la capital pinareña y recogía armas pequeñas que escondía bajo la saya para trasladárselas a los combatientes.

En su memoria están tallados los momentos de zozobra que vivió la familia cuando visitaban el cuartel de San Cristóbal en busca de información sobre Francisco, detenido allí. No obtuvieron respuesta hasta ocho días después del triunfo de la Revolución, cuando uno de los esbirros confesó el sitio en el que habían tirado los cuerpos en las lomas de San Andrés, fue una de las últimas víctimas de la tiranía.

El cuerpo solo fue reconocible por el carné de trabajador y por las iniciales grabadas en el cinto. Tenía un clavo de línea de ferrocarril en el cráneo.

LA JOVEN, LA MILICIANA

Dolores contaba con 19 años el primero de enero de 1959. A esa edad le fue encomendada la misión de tomar posesión del correo de Sumidero, tarea que cumplió con éxito y de la que habla con orgullo. Ella dirigió ese centro durante siete lustros.

Sus funciones la llevaron a permanecer en el poblado y allí impulsó la creación de un comité integrado por mujeres para colaborar en la implementación de las medidas del joven gobierno, y también enfocadas de manera conjunta a contribuir a mitigar las herencias de miseria y atraso que proliferaban en la demarcación. Se denominaron Organización Revolucionaria Femenina de Sumidero (ORFS).

En ese tiempo ubicaron en la zona a las tropas del comandante Pinares, Antonio Sánchez Díaz, quien entre otras labores debía conformar los batallones de la Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR). Él les sugirió que ellas también integraran una fuerza similar.

La propuesta fue acogida por un grupo; otras se replegaron porque los esposos y padres se oponían a que montasen a caballo, usaran pantalón o recibieran preparación militar.

El simple hecho de vestirse de milicianas ya era un acto de valor en una época en que los convencionalismos sociales cuestionaban las capacidades de las mujeres  / Foto: Archivo histórico del proyecto sociocultural PuentesEl simple hecho de vestirse de milicianas ya era un acto de valor en una época en que los convencionalismos sociales cuestionaban las capacidades de las mujeres / Foto: Archivo histórico del proyecto sociocultural Puentes

Inicialmente fueron 12, llegaron a ser hasta 16, aunque por la edad y responsabilidades, la docena fundadora era la que tenía mayor movilidad, confirma Dolores, quien atesora como un momento trascendental el recibimiento al comandante Ernesto Guevara de la Serna, en la visita que realizara a San Julián.

Afirma que tuvieron el mismo entrenamiento que los hombres, solo que vestidas diferente. Pinares les proporcionó el tejido y confeccionaron los uniformes con sayas-pantalones, para que la ropa no fuera impedimento en su quehacer cotidiano, sin agredir los convencionalismos sociales de aquellos tiempos, especialmente en una zona rural, donde las mujeres que llevaran pantalones era mal vistas.

A ella, la formación y disciplina que impuso esa experiencia le ha servido a lo largo de su existencia, ya que se ha desempeñado en numerosas funciones dentro del Partido, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), en el Consejo de Defensa de Sumidero y en la vida doméstica, porque no es fácil ser madre, esposa, abuela y ama de casa con tantas responsabilidades.

No duda en decir que si fuera joven ahora haría lo mismo, incluso más, pues aprovecharía todas las oportunidades, porque apenas terminó el sexto grado y lo que ha aprendido se lo debe a la Revolución.

Al preguntarle sobre si supo de otros lugares donde las mujeres conformaran una milicia, asegura que nunca tuvo conocimiento de ninguna, ni en la provincia ni el país: «Eso fue cosa de Pinares, porque ya se había creado la de Los Malagones».

EN NOMBRE DE LA HISTORIA

Dunia Cabrera Díaz / Foto: Pedro Paredes Hernández Dunia Cabrera Díaz / Foto: Pedro Paredes Hernández

Dunia Cabrera Díaz es profesora del centro universitario municipal de Minas de Matahambre y coordinadora del proyecto sociocultural Puentes, el cual busca revitalizar las tradiciones históricas, culturales y naturales del consejo popular Sumidero.

A partir de testimonios orales y gráficos tuvo las primeras referencias de los pobladores sobre las milicianas.

Al dorso de una foto estaban los nombres de algunas de las integrantes, entre ellas Dolores, quien ha contribuido a la reconstrucción de los hechos que estuvieron asociados a la creación de esta singular fuerza, sobre la que tampoco la investigadora ha obtenido referencia de que haya existido otra similar en Cuba.

Foto: Archivo histórico del proyecto sociocultural Puentes

Considera que las mujeres han sido definitorias para el desarrollo del poblado, incluso desde la etapa colonial, época en que Dolores Vento, esposa del propietario de la zona, quien pasó a ser dueña al enviudar, era más emprendedora que los dos cónyuges que tuvo.

Luego fueron protagonistas de la lucha en la clandestinidad. Allí operaban dos grupos, uno perteneciente al Directorio 13 de Marzo y otro al 26 de Julio. En ambos, las féminas tuvieron participación activa, contribuyeron con labores de avituallamiento y a mantenerlos vinculados con los combatientes en la ciudad.

La historia de Dolores se enlaza con las de otras compañeras, y aun cuando solo la excepcionalidad de la misma las hace acreedoras de protagonismo, han permanecido en el anonimato, una prueba más de cuánto hay que hacer en aras de conservar la memoria colectiva; en este caso es otra página que patenta tempranamente la emancipación de la mujer en la Revolución cubana.

Dolores y Dunia / Foto: Pedro Paredes Hernández Dolores y Dunia / Foto: Pedro Paredes Hernández

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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