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Cuando esfuerzo y sacrificio resultan en pasiones

Cuando esfuerzo y sacrificio resultan en pasiones

Foto: Vania López Dias

Rubén Morejón Hernández es un campesino apasionado por el trabajo, cuyo aporte individual al acopio de leche le convierte en un productor clave en la cooperativa de créditos y servicios Estelo Díaz de la provincia Pinar del Río.

Rubén es un hombre de lógicas simples, que ha vivido de la tierra, de sus manos y del talento ganadero que aprendió de su padre.

Habla de su trabajo y de sus vacas con la satisfacción de esos pequeños placeres que provoca el hecho de sentirse enamorado de la labor realizada.

Las manos le delatan en el sacrificio de su cotidianidad, con dedos deformes e hinchados que, según su propio testimonio, hace un tiempo no cabían en los bolsillos por tanto esfuerzo que realizaba con ellas para recolectar 150 litros de leche cada día.

Algunas tardes atrás, llegó hasta mi portal, de sombrero de guano, pantalón y camisa, con el desenfado y la naturalidad de la gente de campo para contarme su historia.

«Lo de ser ganadero me viene de familia. Mi padre me enseñó todo lo que sé sobre las vacas, cómo tratarlas, cuidarlas y hablarles para que se me acerquen sin miedo cuando las voy a ordeñar. Todas responden a mi llamado por nombres que les puse para identificarlas, y a los terneros también. Esa es la forma que uso para que se sientan cómodas, y así enseñé a mis tres hijos.

«A los terneros les doy atención diferenciada porque son muy pequeños para hacer lo que el resto del rebaño. No los dejo ir a la presa a tomar agua, sino que les doy agua potable para evitar los parásitos; y su comida en los primeros meses se la cocino yo mismo, con un cereal que la empresa pecuaria Punta de Palma me entrega para estos fines. Al principio es difícil porque no saben comer y hasta he tenido que meterles el dedo en la boca para que aprendan, pero luego verlos crecer sanos es lo mejor de todo».

Rubén está convencido de que los buenos resultados que tiene en la recolección de leche, la cría de al menos 240 cabezas de ganado y la reproducción, con alrededor de 50 nacimientos por año, se deben a la constancia en el trabajo, lo cual es la clave para lograr el éxito en cualquier tarea.

«Mi vaquería está cerca del antiguo Pre Uno, en la finca Lumumba. Yo vivo en el poblado Cuba Nueva. Me levanto todos los días a las dos de la madrugada para ir hasta mis tierras y realizar la faena.

«Sobre las tres de la mañana comienzo el ordeño, pero no lo hago al azar, cada vaca tiene su horario. Y a las ocho u ocho y media ya toda la leche está envasada y lista para que yo mismo la transporte hasta el tanque refrigerado que se encuentra en Las Ovas.

«Yo digo que si vives de lo que tus vacas te ofrecen, pues hay que quererlas y cuidarlas como a personas. Cuando ha habido ciclón, no lo paso en mi casa, para la casa están mis hijos. Mi función es mantener a salvo a las vacas que están indefensas y en peligro de inundación por la cercanía de la presa».

Este campesino tiene a su cargo un número importante de hectáreas de tierra donde siembra pasto para sus animales, con el objetivo de mantener el autoabastecimiento dentro de su vaquería. Hace unos meses le fue entregada por la Empresa Punta de Palma un ordeño mecanizado, debido a cuestiones de salud que le obligarían a abandonar su trabajo de toda la vida.

«El ordeño mecanizado me salvó. Mis manos ya no respondían, apenas podía cerrarlas y decidí retirarme; entonces me entregaron esta tecnología que hace menor mi desgaste y me ayuda a ser más productivo».

Rubén toma una taza de café, cuenta que hace un tiempo reformó su finca y la alejó de la orilla de la presa por precaución y me dice con picardía que todos sus animales tienen alguna buena historia para reír; que quienes de verdad aman este trabajo, saben que mostrar afecto a los mansos es bueno, pero por simple lógica, como con las personas, el mejor resultado se obtendrá de acariciar suavemente a los jíbaros.

Sobre el Autor

Vania López Diaz

Vania López Diaz

Periodista y fotorreportera del Periódico Guerrillero.

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