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El proyecto emancipador de la FMC

El proyecto emancipador de la FMC

«Yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas», escribió la Madre Teresa de Calcuta con su sabiduría infinita, dilucidando a su manera ese concepto sublime de la unidad.

Únicamente si se mantienen juntas, las hormigas consiguen levantar y mover a presas que les superan en tamaño y las personas logran emanciparse.

Un sueño de libertad movía justamente el alma de las mujeres cubanas, hastiadas de siglos de humillación y miseria, de subordinación a una cultura patriarcal que laceraba su derecho a elegir, a estudiar, a laborar en cualquier puesto, a recibir una remuneración justa por su trabajo, a gobernar y a influir sobre la vida de la sociedad.

Sublimar esos derechos fue el cometido de la Federación de Mujeres Cubanas, fundada el 23 de agosto de 1960 en el teatro habanero Lázaro Peña por Vilma Espín Guillois. Con su trato afable y sus palabras tiernas, esta patriota presidió la organización hasta el último de sus días, e impulsó la integración de las féminas a la vida social del país.

En un solo núcleo y con un mismo fin, se fusionaron antiguas asociaciones como la Unidad Femenina Revolucionaria, la Columna Agraria, las Brigadas Femeninas Revolucionarias, los Grupos de Mujeres Humanistas y la Hermandad de Madres, entre otras
«Y ahora, a trabajar, a organizar y a poner en actividad el espíritu creador, el entusiasmo de la mujer cubana, para que la mujer cubana, en esta etapa revolucionaria, haga desaparecer hasta el último vestigio de discriminación; y tenga, la mujer cubana, por sus virtudes y por sus méritos, el lugar que le corresponde en la historia de la Patria», expresó Fidel Castro en el acto inaugural.

A 59 años de aquel histórico día, la FMC tiene el reto de reinventarse, de salir del marco estrecho de sus oficinas al escenario de las calles, a las barriadas donde palpita la vida, donde hay historias que merecen ser contadas e iniciativas socioculturales dignas de replicarse; pero donde por desgracia, también existen mujeres violentadas físicamente y otras que ni siquiera perciben el maltrato de que son objeto.

Allí donde persisten vestigios de exclusión y menosprecio por lo diverso, debe llegar cada vez más la Federación, para arrojar sus luces y enseñar a la gente qué cosa es la equidad y qué el respeto.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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