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El reto de sobrevivir

Escultura de Botas en Pinar del Río

Foto: Januar Valdés.

En sus inicios los primeros pobladores de Pinar del Río pertenecían a un asentamiento itinerante. No fue hasta la mitad del siglo XVIII que se conformó una pequeña aldea centrada en la actividad ganadera, el trabajo con el cuero y el cultivo del tabaco. Según registran los archivos históricos el primer bautizo data del 2 de agosto de 1699 en una parroquia rústica rodeada por bohíos de embarrado y guano.

Las crecidas del río Guamá a finales del siglo XVIII obligaron a los pobladores a buscar un terreno de mayor altura, donde radica hoy el Parque de la Independencia. Así comenzó a fundarse el verdadero poblado irregular, de calles sinuosas, edificaciones vernáculas, columnas toscanas y los portales consecutivos.

Plaza de Armas fue el nombre inicial del espacio público como homenaje a la entrada de las tropas separatistas a la región; y para reafirmarlo exhibió la llamada Palma de la Libertad sembrada el Primero de Enero de 1899.

El más antiguo de los parques pinareños devino testigo del devenir histórico de la ciudad: los versos de Gertrudis Gómez de Avellaneda, el desasosiego ante la reconcentración de Valeriano Weyler y la conmoción por la muerte del General Maceo.

Así continuó ganando terreno el incipiente poblado hasta que el 10 de septiembre de 1867, la reina Isabel confirió el título de ciudad a la Villa de Pinar del Río, solicitado en reiteradas ocasiones por los vecinos.

Tras un siglo y algunas décadas la joven ciudad, princesa de Cuba, devino testigo del infranqueable retorno del tiempo. Envejecida, descolorida e inmersa en una triste aura recibía cada mañana a sus moradores o visitantes.

No obstante, en el contexto del aniversario 150 del nombramiento de Pinar del Río como ciudad, la cabecera provincial se centró en un proceso de reanimación con el fin devolverle a la ciudad el resplandor y la alegría de antaño. Mustias paredes recobraron el esplendor, mientras otros locales cedían a diseños más contemporáneos.

Tanto valor atesora el territorio que algunos de sus sitios, edificaciones y elementos naturales han sido declarados Monumentos Nacionales por su significación cultural, histórica y social, entre ellos: el Valle y Poblado de Viñales (también Patrimonio Cultural de la Humanidad), el poblado de Mantua, Ceja del Negro, la casa museo Hermanos Saíz, la Palma Corcho, la Gran Caverna de Santo Tomás, la Cueva de los Portales, el Bosque de Piedra Isabel Rubio y el Pozo 2─ Mina Capitán Alberto Fernández Montes de Oca.

Estas y otras razones hacen de Pinar del Río un sitio de interés para quienes provienen de otros territorios de país. No obstante, aún queda mucho por recuperar, en el plano de lo tangible y lo inmaterial, para hacer de la urbe un sitio más atractivo y hospitalario.

Resulta innegable que la imagen de la ciudad ha logrado una transformación vertiginosa en apenas tres años. Muchos inmuebles resurgieron del olvido para engalanar las arterias principales, tales como el palacio de Guasch, hoy museo provincial de ciencias naturales Tranquilino Sandalio de Noda, o el Museo Provincial de Historia.

Muchas instituciones culturales reabrieron sus puertas con mayores niveles de confort. Sin embargo, otras locaciones insignes de la ciudad permanecen en la incertidumbre, como es el caso del hotel Comercio, hoy en ruinas en el centro de la calle principal. Igual ocurre con las tradiciones. Con la globalización y reproducción masiva de culturas homogéneas hemos quizás olvidado lo más enraizado a nuestras costumbres autóctonas, olvidando así lo que nos hace diferentes y especiales.

Corresponde a las autoridades del sector de la cultura buscar alternativas capaces de rescatar la autenticidad del vueltabajero y transmitirla a las nuevas generaciones. Muchos pudieran ser los ejemplos, pero hoy mencionaré solo las retretas, antes cotidianas, los conciertos al aire libre, las ferias de San Rosendo.

Es preciso investigar a fondo, lograr el rescate de la elegancia e imagen de la ciudad, nunca desdeñar la historia, pues corremos el riesgo de reconstruir una ciudad sin recuerdos, sin identidad.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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