Una maestra para no olvidar
- Escrito por Yurina Piñeiro Jiménez
Glendys Gallardo Pons. / Fotos: Cortesía de la entrevistada.
Los criterios que escuché acerca de ella me recordaron a la maestra de Enrique, el protagonista del texto Corazón, de Edmundo de Amicis. Aquella que se preocupaba excesivamente de sus niños, que hablaba siempre y no se sentaba ni un solo momento para que sus estudiantes no se distrajeran, quien jamás se olvidada de los nombres de sus discípulos, la que los visitaba en casa cuando les preocupaba su progreso académico, pero también si estaban enfermos o si algo andaba mal con sus familias.
Glendys Gallardo Pons es profesora de Español Literatura en el centro mixto Nguyen Van Troi del municipio de La Palma. Gracias a su empeño y competencias profesionales, de 25 estudiantes que se presentaron a las pruebas de ingreso a la Educación Superior, 23 obtuvieron resultados por encima de los 90 puntos en esta asignatura, para una nota promedio de 95.76, lo que contribuyó a que el territorio palmero obtuviese el primer lugar a nivel provincial en los exámenes para acceder a la universidad.
Basta escuchar y observar a Glendys para percatarse que el Magisterio le corre por las venas, por ello decidió ser maestra, a pesar de que gozaba de un excelente promedio en el instituto preuniversitario vocacional de ciencias exactas Federico Engels y de que la mayoría de su familia allegada ejercía la medicina.
COMO PEZ EN EL AGUA
“Creo que la vocación nació conmigo porque mientras otras niñas jugaban a ser enfermeras, abogadas o cantantes, yo me contentaba con un puntero, una pizarra y unos muñecos”, rememora la joven maestra.
“Lógicamente, esta decisión podía cambiar en el camino, pero cuando entré a la vocacional, de 1998 al 2001, hubo alguien que por su preparación, responsabilidad, constancia, humanidad y empatía con los estudiantes, me marcó y afianzó en mí lo que ya venía enraizado. Estoy hablando de mi profesora de preparación de ingreso de Historia en el duodécimo grado.
“Para mí no fue difícil el momento de llenar la boleta de solicitud de carrera. Siempre lo supe, aunque fue un poco contradictorio a la hora de colegiarlo con mis padres, pero finalmente entendieron mis argumentos y desde entonces he tenido su apoyo incondicional”.
Con espontaneidad, comenta que es un poco introvertida para expresar sentimientos, sin embargo los estudiantes sacan lo mejor de ella.
En sus clases, la joven maestra siempre utiliza motivaciones.
Con ella también los alumnos tienen un espacio para la sana diversión
“Mi momento más feliz es el momento de la clase, ese es mi mejor espacio, donde más desinhibida estoy. Trato de hacer lo que no se hace todos los días, lo que no es repetitivo que es lo que le llama la atención a ellos. Eso que esté respaldado en el conocimiento y en la sana diversión”.
PREFERENCIA POR EL DUODÉCIMO GRADO
Acerca de la enseñanza que prefiere, Glendys precisa que elige el preuniversitario, específicamente el duodécimo grado.
“Cuando comencé en el Instituto Superior Pedagógico nos informaron que se iba a aplicar un experimento de llevar la instrucción pedagógica a los municipios, que en la institución en Pinar del Río solo estaríamos un curso. Y así fue. Al año siguiente ya teníamos ubicación en el territorio. A mí me correspondió la secundaría básica en el campo Nguyen Van Troi.
“Allí estuve mi primer año de práctica, -que era mi segundo de la carrera-, pero al terminar el curso sentí que esa no era la enseñanza que me gustaba. Entonces gestioné traslado para el preuniversitario Flor Crombet y allí permanecí hasta que unificaron ambas escuelas en un centro mixto, en el cual continuo como profesora del pre”.
Aunque como educadora reconoce la importancia de ciclar a los estudiantes desde el décimo grado hasta que culminan la enseñanza preuniversitaria, esta palmera confiesa que opta por la preparación del duodécimo grado.
“Lo ideal sería llevar a los alumnos de la mano desde que inician el pre, pero yo siento que el doce es lo mío. Me gusta por el contenido y porque me obliga a una preparación constante, pues llega un momento del intensivo para las pruebas de ingreso que los estudiantes adquieren un nivel, en el que el profesor tiene que saber para poder aclarar sus dudas.
“Sé que es un grado difícil, además porque la despedida es impostergable y al final del curso empieza a reinar un ambiente de tristeza. Y me toca animarlos, pues tienen que seguir, cultivarse, crecer… Uno llega a involucrarse con ellos al punto de sentir un vacío inmenso, sobre todo, cuando comienzas el nuevo curso y ya no están los mismos. Entonces es volver a empezar. Eso duele, pero al final te reconforta saber que los preparaste y que en esos futuros profesionales tú también pusiste tu granito de arena. Siempre les digo como García Márquez: Yo les presté mis alas, ahora les toca a ustedes volar”.
EXCELENTE PROFESORA, EXCELENTES RESULTADOS

Inocente Delgado Bravo, director del “Nguyen Van Troi” asegura que desde que él funge como máximo responsable del preuniversitario ubicado en la localidad palmera de San Andrés, la única profesora que ha mantenido los niveles de ciento por ciento de aprobados en cada preparación que asume, y con notas promedio por encima de los 90 puntos es Glendys.
“Un número excepcional, pero ello puede valorarse más allá de cifras porque trabajamos toda una estrategia de influencias educativas para lograr estos resultados. Entre ellas, que el grupo funcionara como colectivo, involucrar a la familia como agente activo, realizar un conjunto de acciones en función de la preparación integral de los estudiantes, donde ella asumió un protagonismo increíble.
“Glendys tiene un don especial y eso hace que los muchachos la quieran, la respeten y que se propicie un ambiente favorable para la comunicación y el proceso de aprendizaje. Se convierte en líder sin ser profesora guía, tiene un nivel de creatividad inmenso, utiliza la tecnología como nadie en aras de desarrollar el aprendizaje y hacerlo más creativo, acorde a nuestros tiempos”.
Gracias a las gestiones de Glendys, los estudiantes del "Nguyen Van Troi" compartieron con el cantautor y trovador Raúl Torres.
Respecto a las excelentes notas de sus educandos, la joven de 35 años refiere que es casi un resultado mágico, en el que influyen factores decisivos.
“Considero que el alumno puede tener mayor o menor preparación, pero depende mucho del trabajo del profesor. Si además de facilitarles el conocimiento, logras que se comprometan contigo, que sientan la necesidad de quedar bien con ellos mismos y si consigues involucrar a la familia, entonces es posible.
PEQUEÑA DE ESTATURA, GIGANTE EN SU ACTUACIÓN
Cuenta Delgado Bravo que desde que la recibieron con 19 años, los profesores vislumbraron en ella a una profesora pequeña de estatura pero gigante en su modo de actuación.
“Hay maestros que se descubren solo de mirarlos, en su forma de comunicarse, y de trabajar. Glendys hace que la asignatura guste a sus alumnos y a la vez inspira respeto, no por una disciplina impuesta sino por su ejemplo personal, desde su vestimenta, su comportamiento hasta su preparación. Es una profesora que va más allá del aula, generosa, preocupada… Eso la hace grande también”.
Una de sus alumnas, quien recientemente terminó el duodécimo grado en el “Nguyen Van Troi”, Roxana Hernández Malagón expresó que por su forma espléndida, la profe Glendys conquista el cariño y el respeto de sus alumnos.
“Convirtió la escuela en nuestro hogar y a nosotros en sus hijos. Nos ayudó a ser mejores estudiantes y personas, a luchar por nuestros sueños, a seguir siempre adelante. Su mano siempre está extendida para ayudarnos. Nunca escuchamos un no por respuesta, cuando teníamos algún problema o dificultad. Ayudaba a todos, sin importar si eran más o menos aventajados”.
Ramón Alejandro Martínez Díaz, quien también terminó este curso el preuniversitario en el referido centro educacional, tiene en alta estima a su profesora.
“No solo nos enseñaba gramática y ortografía, sino además lecciones para la vida. Sus clases eran diferentes y atractivas. Usó mucho los medios audiovisuales y las tecnologías. Extrapolaba al aula las obras literarias que nos correspondían estudiar. Confiaba en nosotros. Se preocupa por nuestra salud, por nuestras familias”.
Hasta el Pediátrico llevó Glendys a sus estudiantes y allí desarrolló junto a ellos una sociedad científica.
Gran agradecimiento sienten los familiares de los estudiantes a los que Glendys Gallardo ha instruido y educado.
“Ella es una profesora maravillosa, dedicada, profesional, muy cautivadora con sus alumnos. Planificaba muchas actividades para que coincidiéramos padres, estudiantes y profesores. Por lo que sabíamos que nuestros hijos estaban en buenas manos”, así opina Elvia Malagón Álvarez.
Por su parte, María Teresa Borges Machín afirma que profesores como Glendys e Inocente, ella no los había conocido.
“Trabajé en el círculo infantil de San Andrés 39 años, primero educadora y después directora, y tuve la posibilidad de compartir con muy buenos maestros pero como ellos ninguno. Porque se preocupan posiblemente más por los muchachos que nosotros mismos.
“Yo oía a mi nieto y a los demás compañeritos hablar mucho de ella y me enseñaban fotos, pero no la conocía en persona. Y cuando sucedió realmente me di cuenta que era poco lo que él decía. Porque en verdad es alguien muy especial”.
En tan solo 16 años de trabajo, Glendys Gallardo Pons ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos, el Premio Especial del Ministro, la condición de mejor profesora del Plan Turquino a niveles municipal y provincial de forma consecutiva, evaluada de Muy Bien en todos los cursos escolares, multipremiada en las sociedades científicas…
Quizá Glendys –por su carácter introvertido- cuando pase un año no les pregunte a sus alumnos si la siguen queriendo o no les pida que no la olviden, pero de hacerlo, seguramente como Enrique, el protagonista de Corazón, sus estudiantes expresarían:
“¡Oh, mi buena maestra, jamás, jamás te olvidaré! Cuando sea mayor me seguiré acordando de ti e iré a verte rodeada de tus niños, y cada vez que pase junto al colegio y oiga la voz de una maestra, me parecerá oír tu voz, y volveré a recordar los años que pasé en tu clase, donde tantas cosas aprendí, donde te vi tantas veces enferma y cansada, pero siempre animosa, siempre indulgente, desesperada cuando uno ponía los dedos defectuosamente al escribir, temblorosa cuando los inspectores nos hacían preguntas, feliz cuando salíamos airosos, buena siempre y amorosa como una madre. ¡Nunca, nunca te olvidaré, maestra querida!”.
Sobre el Autor
Yurina Piñeiro Jiménez
Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba




