Actualizado 16 / 10 / 2019

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Gran familia detrás de las planas

Colectivo de trabajo del Periódico Guerrillero.

Foto: Januar Valdés Barrios.

Este seis de julio nuestro semanario Guerrillero cumple 50 años de creado. Al colectivo responsable de que esta publicación exista y circule cada viernes por Pinar del Río, dedicamos este reportaje.

Blanchie Sartorio, estudiante del Instituto de Segunda Enseñanza, soñaba con ser periodista. Ocupaba su tiempo leyendo los libros de la biblioteca de su escuela. Era curiosa por naturaleza. Varias veces, de camino al preuniversitario, se detuvo frente a los talleres del periódico Guerrillero, que radicaban en la planta baja del actual semanario, sito en el número 12 de la calle Colón, para mirar a través de los cristales cómo salía el papel impreso de una máquina descomunal llamada rotativa.

Pocos años después, reunió el coraje para presentarse ante el director del medio, por entonces Ronald Suárez Ramos, a quien pidió trabajo.

“Me aceptaron enseguida, para mi sorpresa, y empecé a familiarizarme de golpe con aquel mundo fascinante y nuevo que me abrió un montón de horizontes y acabó por derrumbar mi timidez”, cuenta.

“Guardo recuerdos imborrables de aquellos tiempos, como la vez que me tocó cubrir la presentación de unos cantantes de ópera en las Minas de Matahambre. El sencillo espectáculo tuvo lugar varios metros bajo tierra y fue aplaudido con fervor por un público de rudos mineros que probablemente no habían ido al teatro en sus vidas.

“En otra ocasión subí a bordo de un barco y hasta dormí en alta mar para poder describir luego a mis lectores, cómo se realizaba la pesca del bonito y vivían los hombres que se dedicaban a esta empresa”.

Equipada con sus botas de goma, la reportera recorrió el paisaje ruinoso que dejó el ciclón Alberto tras su paso por San Juan, vadeó escombros, conversó con la gente del pueblo y les escuchó las historias y los sueños.

“Yo hubiera querido morirme trabajando, pero por cuestiones de salud tuve que retirarme antes”, confiesa la eterna cronista y cuenta para mí las rutinas interminables de aquel periódico diario; la pericia de los operarios batallando de madrugada con los equipos defectuosos, innovando soluciones ante las roturas y sacando magia de los linotipos, semejantes a máquinas de escribir de dos metros de altura.

Seleccionaban una letra determinada y luego otra hasta completar una línea de texto, que pasaba automáticamente a una caja de fundición, en la que el plomo, expuesto a 220 volts, formaba un lingote o renglón de caracteres.

Otro oficio fascinante era el de los tipógrafos o cajistas. En su libro Historias en Blanco y Negro, el periodista Ronald Suárez apunta que la experiencia de estos obreros era tal, que muchas veces enmendaban errores cometidos por los propios redactores.

“Para realizar su trabajo contaban con un mueble conocido por ´archivalete´, con gavetas suficientes para completar el alfabeto. Las mismas contenían letras de diversos tipos y tamaños, minúsculas y mayúsculas, y todos los signos de puntuación, en cantidades que garantizaran confeccionar todos los titulares y bajantes de una edición”, prosigue el autor.

No se puede contar la historia de Guerrillero sin hacer alusión a esos trabajadores. Sus aportes eran imprescindibles para sacar adelante cada edición.

UNA CASA

El primero de septiembre de 1987, Ernesto Osorio Roque, actual director del periódico, llegó por vez primera a esta redacción. Era un muchacho espigado que recién se había graduado de la Universidad de Oriente. Por entonces tenía pelo y bigote y le animaban unas ganas locas de comerse el mundo y de hacer un periodismo audaz.

“Mi primera cobertura fue fatídica”, relata. “Me mandaron a cubrir un recorrido del primer secretario de la provincia la víspera de un 28 de septiembre, día de los CDR. Llegué tardísimo al periódico y mi director me dijo: `Date prisa que tienes 30 líneas`. Yo, muy nervioso, no sabía ni qué iba a escribir. Chocaba con algo desconocido. Fue así como me enteré que un periodista no se forma en la academia, sino en la efervescencia de las calles, durante el ejercicio diario de su oficio.

“Cuando empecé a trabajar estaba soltero, lleno de salud, vivía en un albergue y mi salario de 210 pesos alcanzaba perfectamente para vivir y ayudar a la familia, por lo que mi única preocupación era el trabajo.

“Atendía la página deportiva y todo lo concerniente a la producción azucarera de la provincia. Cuando iba a los centrales, no solo conversaba con los directivos del sector, procuraba además llegarme al surco, donde podía palpar mejor la realidad de los campesinos.

“Bajo el sol ardiente de las 11 de la mañana, me encontré una vez a un hombre de 80 años que cortaba cañas en los campos de Bahía Honda. Lo singular de su historia no era siquiera su edad avanzada, sino que llevaba una prótesis de pierna y ello no le detenía en su afán de ser útil”.

Los años pasaron veloces. Ernesto ya no era aquel muchacho inexperto que titubeó ante su primera nota informativa. El liderazgo que ejercía entre sus colegas, lo llevó a convertirse en el director del mismo medio de prensa que lo vio crecer como profesional.

“Durante todo este tiempo he aprendido muchas cosas: a querer a la gente, a creer en la gente, a respetar y oír el criterio de los otros. Me he convencido de que los grandes éxitos dependen del trabajo en equipo.

“He pasado 32 lustros entre estas paredes y creo que ya va siendo hora de dar paso a otro colega más joven, lleno de energías, para que lleve las riendas de este lugar, que más que un centro de trabajo, es una casa”.

INMERSIÓN EN LA WEB

María Isabel Perdigón, quien ejerce como jefa de la página web, vivió la transición de la era analógica a la digital. Cuenta que una vez gastó 60 hojas tecleando el lead (párrafo inicial) de una simple información, hasta que sus manos se habituaron al contacto de las teclas y su oído empezó a amar aquella orquesta de máquinas de escribir que se dejaba oír, desacompasada, en la redacción.

“Recuerdo que cuando llegó la primera laptop al periódico, todos teníamos miedo de tocarla. Luego empezamos a enamorarnos de este mundo del internet, a crear contenidos multimediales y a insertarnos en las redes sociales procurando un vínculo con la gente.

“Ha sido muy gratificante ver cómo cada vez se suman más seguidores y personas, incluso, desde otras naciones nos buscan para mantenerse informados de lo que pasa en Pinar”, afirma la editora web.

DOCUMENTAR LA VIDA

De niño, Jaliosky Ajete soñaba con conducir una aeronave. Su destino caprichoso no quiso hacer de él un piloto; pero le reservó una tarea igual de apasionante: documentar con su lente fotográfico la vida misma.

“Antes de comenzar en Guerrillero yo tiraba fotos de quinces en un estudio privado; pero sentía que mi búsqueda apenas comenzaba. Algo le faltaba a mi formación, creo que se trataba de esa emoción que te produce el fotoperiodismo, el no encasillarte nunca, el buscar contar historias a través de una imagen”, advierte este fotógrafo.

“Aunque llevo poco tiempo aquí, siento que el periódico ha traído mucho a mi vida. He conocido Pinar de punta a cabo, he aprendido de la humildad y la grandeza de gente de pueblo y he estado cerca de grandes figuras de mi país.

“Lo que disfruto más de este trabajo es salir por ahí con mi camarita y hacer fotos callejeras. Son escenas cotidianas que uno logra inmortalizar con un simple disparo”.

SACRIFICIO

“Los momentos más increíbles que he pasado en este lugar, no están relacionados con ninguna cobertura en especial: son aquellos que he vivido al lado de mis colegas. Aquí encontré una verdadera familia, gente presta a ayudarte, no solo en el ámbito profesional, también en medio de una situación tormentosa”, relata Ana María Sabat González, periodista con más de 20 años de labor.

“Acabadita de llegar a la redacción me di cuenta de que estaba esperando a mi segundo hijo. Se lo comuniqué muy preocupada y asustada a Edmundo Alemany, el jefe de redacción y me contestó con estas palabras: ´Bueno hija, malo que estuviera embarazado yo, Ana se ríe mientras evoca esta anécdota.

“El ejercicio del periodismo” demanda una carga enorme de responsabilidad y sacrificio. Puedo decirte que en una ocasión salí de madrugada a una cobertura por las diferentes playas de la provincia. A las 12 de la noche nuestro equipo de prensa aún se hallaba trabajando en Boca de Galafre, y yo con un desespero tremendo de volver a casa, donde me aguardaban mis niños pequeños”, concluye.

LOS QUE HACEMOS GUERRILLERO

El semanario Guerrillero es una obra colectiva, con sus aciertos y desaciertos, moldeada por muchas manos durante horas infinitas de amor y entrega. Cientos de colegas han pasado por estos predios dejando una parte de sí mismos en el periódico, llevándose un pedazo de este tras su partida.

Hoy me gustaría agasajar a los que nunca salen en sus páginas: A Cary, que recibe afable a los visitantes y siempre tiene buen humor; a las dos Rositas: la una secretaria, la otra responsable de que los pasillos brillen y los baños se mantengan siempre limpios; a los choferes, que se levantan de madrugada para conducirnos a las coberturas de prensa y cuidan de nosotros en la carretera; a Martica, que prepara el pan con mayonesa más sabroso del mundo y nos despabila con su café de las tres de la tarde; a los trabajadores del departamento de economía, siempre al tanto de la logística; a los correctores, a cargo de que no se vayan erratas y errores de ortografía en los artículos y a los diseñadores, que dan cuerpo a los trabajos en las planas. Gracias a todos y a cada uno de ellos, Guerrillero es posible.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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