Actualizado 14 / 10 / 2019

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Twitter Youtube  Rss 

22ºC
31ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

Un brindis por el Día del Padre

Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Al siglo XX le asiste el privilegio de marcar hitos en las celebraciones, como reconocimiento a hechos o personas que tienen una connotación especial para la humanidad en sentido general, y para el hombre en particular. Se celebra por ejemplo, el 5 de junio de cada año -desde 1973- el Día del Medio Ambiente, establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1972 en Estocolmo, Suecia.

Igualmente, proclamado por la UNESCO, en honor al químico y farmacéutico Bernardo A. Houssay, galardonado con el Premio Nobel De Medicina en 1947, el 10 de abril se reconoce como el Día Mundial de la Ciencia y Tecnología; el 6 de abril, el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz es declarado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y se celebra desde 2013.

Así, podríamos citar un sinnúmero de fechas en que socialmente se rinden merecidos homenajes que nos arrancan un sinfín de felicitaciones, la mayoría de ellas, establecidas por organismos de reconocido prestigio en todo el mundo. Mas, hay motivos de conmemoración que son prácticas compartidas en todos los continentes (aun cuando varíen los días del año), cuyo origen es la ingeniosidad del ser humano de rendir culto al amor más sublime que existe y que se multiplica infinitamente, con o sin la presencia física de quienes nos robaron los primeros sustantivos: Mamá y Papá.

En honor a la Reina de la casa, desde el antiguo Egipto la diosa Isis, recibía culto y homenaje por parte de su civilización, con tintes simbólicos y mitológicos que le ratificaban su condición de “Gran diosa madre”. En Grecia, la Diosa Rea y en Europa la Virgen María, madre de Jesús de Nazareno, fueron también símbolos desencadenantes de estas celebraciones.

Pero fue en 1914 en que el presidente de los Estados Unidos Wilson Woodrow oficialmente declaró el Día de la Madre, el cual se celebraría el segundo domingo de mayo en muchos países de América Latina, un anhelo objeto de lucha de Julia Ward Howe y Anna Reeves Jarvis, quienes insistieron en que se reconociera legalmente a la mujer pródiga que guarda con recelo en su vientre a otra vida y la defiende por el resto de su existencia.

No era justo entonces que la otra cara de la moneda quedara anónima, pues el PADRE también merece que se le dedique un día de homenaje. Para unos, como en España, Portugal, Italia, Honduras, Guinea Ecuatorial, entre otros, este día es el 19 de marzo, en honor a San José; el 23 de febrero en Rusia (inspirado en los defensores de la Patria); segundo domingo de mayo en Rumania; primer domingo de septiembre en Australia y Nueva Zelanda.

Pero en la mayoría de los países y, a partir de la proclamación firmada en 1966 por el presidente Lyndon Johnson con la cual declaró el tercer domingo de junio como el Día del Padre en Estados Unidos, esta es la fecha que reconoce al héroe de nuestro hogar. En ello influyó sobremanera, el empeño de Sonora Smart Dodd, hija de un veterano de la guerra civil estadounidense, quien hizo MAGISTRALMENTE de Madre y Padre, cuando su esposa falleció de parto, sin que les faltara a sus hijos amor y educación en su justo equilibrio.

A más de las fechas y motivos diversos, lo verdaderamente válido es que todos coincidamos en que en nuestras vidas hay un hombre más que importante, no solo porque nos legó parte de sus genes, sino porque fue paragua de nuestra niñez, almohada de nuestra adolescencia y árbol que nos robustece en la adultez. Para muchos, ese portento de hombre, es nuestro Abuelo, (padre por partida doble), quien agregó a su copa de Amor, una dosis de sutileza que lo hacen Gigante ante nuestros ojos.

Y sí, estoy de acuerdo y levanto mi voz en un himno de felicitaciones para todos los padres del mundo, pero si aún no se hubiese establecido un día para esta celebración, me atrevería a elevar la propuesta de que el 26 de octubre fuera el Día de los PADRES en honor al consentido de mi familia, a la alegría de todos en casa, al mejor consejero, al ejemplo de integridad y dedicación; al más leal de los hombres que he conocido; al MÁS GRANDE AMOR que mi madre anida en su corazón y que por transitividad me crece dentro: Mi abuelo Evaristo, maestro sin título académico ni científico, que logró educar sin errores a todos los hijos que tuvo (y me incluyo).

No sé si alguien insiste en poner a la madre por encima del padre; yo, pongo en la misma balanza a mis padres-abuelos y los platillos se quedan quietos a la misma altura. Mientras, en este tercer domingo de junio, vuelvo a alzar mi copa para brindar por el Día del Padre y agradecer a la vida el privilegio de unos ojitos azules que tienen la inmensidad de mar.

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero