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Un espirituano que salva la vida de pinareños

Un espirituano que salva la vida de pinareños

Eddy Ramón Urquiza León / Foto de la autora

Eddy Ramón Urquiza León es un espirituano que vino a Pinar del Río a salvar vidas, y no necesariamente porque se graduó en el Instituto Técnico Militar y ejerció durante años como técnico de aviación y fuselajes, sino porque es donante voluntario de sangre desde los 18 años e integrante del programa de plasma de 1994 a la fecha.

Desde muy joven este hombre de carácter jovial y fácil hablar anda por tierras pinareñas, y se puede decir que hace rato es uno de los nuestros, que siente cada pedacito de esta tierra occidental como suya.

“Vine a trabajar con 20 años para la base de San Julián en Sandino. Hice mi vida en Pinar del Río, me casé tuve un hijo, después otro matrimonio y otro niño. Tengo uno de 27 años y otro de 14. Actualmente estoy casado y vivo en la calle Martí en la ciudad”. Así asegura y sentimos orgullo en su voz.

Cuando se graduó solo tenía 20 años, muy joven para la responsabilidad que conllevaba su puesto de trabajo.

“Mi labor era muy importante porque el técnico es el que decide la salida del avión, y es el que garantiza que no haya un accidente aéreo”.

¿Y cómo lograste asumir la tarea? Eras bien joven.

“La responsabilidad viene de la casa, por la educación de mis padres. Mi papá fue una persona revolucionaria, combatiente de la clandestinidad allá en el Escambray. Yo soy el mayor de seis hermanos y él siempre nos educó en los principios suyos, y me dijo en una ocasión: “Yo quiero que tú seas militar”. Entonces con doce grado cogí la carrera, y estuve en esa vida hasta que me jubilé a los 50 años”.

¿Te gustaba la aviación?

“Sí me gustaba la aviación, lo desempeñé primero en la base San Julián y después en el ocho de La Coloma, que estuve hasta 1999, que pasé a los Comités Militares en la Provincia.

“Trabajaba en los vuelos con los pilotos, o sea mi función era revisar los aviones para que los pilotos volaran, coger los desperfectos técnicos que tuvieran para lograr que no hubiera un accidente aéreo”.

Desaparece la aviación en Pinar del Río y te quedas...

“Después que la aviación pasó a otras provincias paso a los Comités Militares de Pinar del Río, también estuve en la Región Militar en lo que es potencial humano, eso fue en el 96, y luego fui jefe de operación combativa en una brigada en Guanito, ahí me jubilé en el 2012”.

¿Militar de pura cepa entonces?

“Me gusta lo militar, tal es así que mi hijo mayor también escogió este perfil, es profesor de Política en la Antonio Maceo, él se llama Eddy Urquiza Valdés, y el más pequeño Ediel Orlando Urquiza, que en estos momentos opta por la vocacional Federico Engels, ahora está en las pruebas finales. Estudia en la Tomás Orlando Díaz”.

Así habla con orgullo de sus retoños, a los cuales ha tratado de inculcar los mismos valores que su padre Claudio Ramón Urquiza, le inculcó a él y a sus hermanos un día.

“Mi papá siempre fue donante de sangre, y en unas vacaciones yo estaba de vacaciones en Trinidad, y me dijo: Tú vas a extraerte hoy y ahí empecé mi carrera.

¿Estabas jovencito?

“Sí y delgadito, pero bueno fui a donar y con 18 años empecé. Ya después continué, yo era donante normal y a través de Irma Martín, una vecina, ella fue la que me habló del programa de plasma, y ahí comencé desde el año 1994”.

¿Donar sangre por muchos años ha repercutido en tu salud?

“No, yo me siento bien, y hasta que pueda voy a seguir de donante, porque mi papá siempre nos decía que era bueno. Ahora dono dos veces al mes, pero si no me puedo extraer no me siento mal de salud.

“Donar sangre es dar una vida. Nuestro Comandante en Jefe nos educó en ese principio de salvar a otros, y yo jamás he dicho que no.

He mantenido una secuencia durante muchos años y aquí estoy

“Cuando yo me di cuenta que el plasma sirve para hacer sueros, fabricar medicamentos, que puede “revivir a un muerto”, fue muy importante. Yo he estado en hospitales y he visto cuando dicen “vamos a poner un plasma”, y esa persona revive, entonces eso me da una gran satisfacción, porque digo: “Coño ese puede ser el mío”.

¿En algún momento de tu vida has sabido que tu sangre salvó en especial a alguna persona en específico?

“No, en ningún momento de mi vida he sabido para qué persona he donado, mi sangre es cero positiva y sirve para la mayoría de las personas, y nunca he preguntado para quién es, y tampoco me han citado para alguien en específico”.

Donar sangre será una herencia de la familia...

“Mi esposa es donante de sangre también, del programa de plaqueta, su nombre es Katiuska Ojeda Morejón. Mis dos hermanos varones también lo son.

“De mis hijos el mayor ya ha hecho algunas donaciones, él quería incorporarse al programa pero está trabajando en La Habana, y el pequeño ve el ejemplo de la madre y el mío, pero le decimos: “Papá tú estás muy chiquito todavía, todo a su tiempo”.

Este hombre, hoy trabajador de la Empresa de Investigaciones Aplicadas del Micons, sabe que con su quehacer como donante sistemático de sangre le hace un bien a la humanidad, enseñanza que transmite a su familia, sin embargo en sus palabras finales solo deja agradecimiento.

“Me siento muy satisfecho con las atenciones del Banco de Sangre de Pinar del Río, usted entra a esta institución y el ambiente es el mejor, y ya le digo yo estoy desde el año 1994 aquí, y he pasado por varias direcciones, técnicos, y siempre la atención es buena.

“Cuando entras por la puerta las directoras que han estado- y el director porque hubo uno-, desde Odalys que fue con la que empecé y ahora con Olguita, lo que ha predominado es el respeto y el cariño; si el donante tiene un problema se interesan, asimismo las técnicas de plasma están muy preparadas. Quiero reconocer el trabajo de todos”.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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