Las quijotescas vidas de Maceo y Che
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
En una ilustración creada por el caricaturista Carlos Alejandro Falco Chang, aparecen Maceo y Che vestidos con ropa deportiva, dándose la mano como buenos amigos.
En un primer momento me chocó ver esta imagen, tan alejada de las estampas tradicionales que reproducen los medios de comunicación sobre nuestros héroes y mártires.
Luego percibí que el trabajo de Falco pretendía ir un poco más lejos, al mostrar los lazos de humanidad que conectan las historias de estos hombres.
Los dos nacieron un 14 de junio, solo que en siglos y lugares diferentes. Antonio vio la luz en Santiago de Cuba en el año 1845 y Ernesto, en Rosario, Argentina, en 1928.
Otro punto de confluencia en sus derroteros personales, es la identificación de ambos con las problemáticas vitales de sus épocas y con las causas libertarias de los pueblos de la madre América.
Tras su exilio en 1878, Maceo peregrinó por varios países del continente como Santo Domingo, Haití, Jamaica, Honduras, México, Panamá y Costa Rica ganando el afecto y la admiración de muchas personas, que en su momento, apoyarían una nueva acción armada por la libertad de Cuba.
También Guevara protagonizaría en su tiempo un viaje épico por el sur y centro del continente. Lo mismo en canoa, que en tren o en motocicleta recorrió, junto a su amigo Alberto Granado, los extensos territorios de Chile, Perú, Brasil, Venezuela, Guatemala y México palpando la realidad de sus habitantes pobres, explotados y hambrientos.
En México conoció a Fidel Castro y conmovido por sus ideales y su prédica, se enroló junto a él a bordo del yate Granma, en la aventura libertaria de la Isla de Cuba. Sus hazañas en la Sierra Maestra le valieron la confianza del resto de los guerrilleros y muy pronto sería nombrado Comandante.
A finales de 1958 reditó junto a Camilo Cienfuegos la invasión de Oriente a Occidente: hazaña militar semejante a la protagonizada por el Ejército Libertador del 22 de octubre de 1895 al 22 de enero de 1896, bajo las órdenes de Gómez y Maceo.
Otras semejanzas evidentes entre Guevara y el Titán de Bronce son su elevado espíritu de liderazgo. Merecieron el respeto y la fidelidad de sus tropas, ya que promovían valores como la dignidad y el decoro y procuraban atender las necesidades y anhelos de sus subordinados. No transigieron jamás ante sus adversarios y estaban siempre dispuestos a ocupar las posiciones más desventajosas en el terreno de combate.
En Maceo y Che se reúnen además valores como la solidaridad y el humanismo. Ambos estaban dispuestos a luchar por la independencia de otras naciones.
“Cuando Cuba sea independiente solicitaré del Gobierno que se constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América”, escribió Maceo a Anselmo Valdés en una esquela que se remonta a la temprana fecha de 1884.
Por su parte, Guevara marcharía al Congo y luego a Bolivia tras su ideal de redención americana.
En la selva desconocida de este último país, nucleó a la Guerrilla de Ñancahuazú, conformada por hombres valerosos de diferentes nacionalidades que se batieron durante 11 meses con un ejército superior en hombres y armamentos y enfrentaron condiciones adversas como la escasez de alimentos y agua, la lluvia y el frío.
Tanto Maceo como el Che, murieron peleando por lo que consideraban justo. Este último acto los emparenta aún más. Solo los héroes ofrendan su vida como ellos lo hicieron; el resto de los mortales nos aferramos a ella. Tememos irnos así sin más de este mundo y dejar atrás las cosas queridas: la casa, la risa de los hijos, el beso de la persona amada.
A estos quijotes debe Cuba toda su gratitud. Para describirlos no hay mejores palabras que las del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz:
“Maceo era ya un personaje legendario cuando el Che vino al mundo. Si uno afirmó que quien intentara apropiarse de Cuba recogería el polvo de su suelo anegado en sangre si no perecía en la lucha, el otro anegó con su sangre el suelo de Bolivia tratando de impedir que el imperio se apoderara de América. Ambos fueron invasores de oriente a occidente; ambos murieron en combate; ambos son hoy símbolos insuperables de valor e intransigencia revolucionaria”.
Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.




