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Leidy Mariam y su insólita técnica de grabado

Leidy Mariam y su insólita técnica de grabado

Leidy Mariam cursa el quinto grado y desde pequeña ha desarrollado una pasión por las artes plásticas. / Fotos: Januar Valdés Barrios.

El poblado del kilómetro 10 de la carretera a Viñales puede pasar desapercibido para muchos. La rutina del día a día, el bullicio de la ciudad, el tiempo que no alcanza (o no lo estiramos lo suficiente para que así sea); hacen que pasemos por alto lugares, personas, historias. Y entonces quedan ahí, en el anonimato, esperando a ser descubiertas.

Esa parte de la geografía pinareña es dominada completamente por el verde de las plantas, como sucede con todos los campos de Cuba. Predominan los árboles frutales: mango, plátano, guayaba, hicaco. Los animales se pasean libres (como debe ser) y el aire te llena los pulmones de un oxígeno que no encontrarás tan puro en otro lugar.

Es un ambiente de paz. Las personas que allí viven han sabido agruparse en una gran familia, aunque no compartan la misma sangre. Se ayudan entre sí y los problemas de uno son los del otro, como si se tratara de una gran hermandad. Y es que así, verdadera, sencilla y cálida, es la gente de campo.

De cuando llevas el arte dentro

Leidy Marian y Tribilín 2Tribilín es más que una mascota, para ella es su amigo y el compañero ideal para hacerte arte.

Leidy Mariam Rodríguez Pérez reside allí. Tan solo ha vivido 10 años, pero su alma parece vieja, como si se tratara de alguien de otra época que reencarnó en esta pequeña, de complexión delgada y al mismo tiempo firme.

Sus ojos dicen mucho, tanto o más que sus palabras, la cuales puedes confundir con las de un adulto que ha vivido cuantiosas experiencias. La conversación con ella es fluida, ante cada pregunta tiene algo inteligente y hasta sabio que decir. Es una niña singular, pero no solo por su habilidad para saber expresarse.

Tiene dentro de sí el regalo que muchos anhelan, pero no tantos logran. Sus manos, tan diminutas y aparentemente frágiles, son el instrumento a través del cual le da forma al arte que vive dentro de ella.

Su maestra de preescolar percibió la habilidad que tenía para las artes plásticas, y la familia presta siempre a apoyarla, la inscribió en el taller de grabado de la casa de cultura “Pedro Junco” de Pinar del Río, a falta de una academia en la provincia, que moldee y perfeccione lo que ya nació con Leidy Mariam.

“La maestra le decía a mi mamá que me encaminara en ese arte, porque me distinguía dentro de los demás niños pintando. Así ya en tercer grado mis abuelas me consiguieron una plaza y hasta hoy estoy ahí, recibiendo clases con la profesora Odeivys Gato. Pertenezco al proyecto de grabado Pequegrafía”.

Y desde ese momento se ha convertido en parte esencial de su vida, una forma de expresión, un camino que se abre para su futuro profesional, el cual para ella está muy definido.

Grabado en su corazón

Leidy Marian y Tribilín 3En el proceso de creación de la obra, se concentra sobremanera, solo existen ella y su grabado.

“A mí me gusta pintar, lo disfruto mucho. Me guío casi siempre por los paisajes, eso es lo que me inspira para hacer los cuadros.

“Lo que me hace falta es concentración. Yo me siento en un lugar y a la vez que empiezo a pintar mi mamá me llama y no le hago caso. Es como si estuviera en otro mundo, no oigo nada, no siento que están hablando conmigo. Como si me transportara a otro lugar”.

En el suelo de la sala, justo frente a la puerta, se perciben unas marcas blancas aleatorias, como si alguien hubiera pasado por allí goteando pintura de un balde.

Nos explica Maricé, su mamá, que es su lugar preferido para pintar. La abuela interviene en la conversación para contarnos que le regalaron un caballete, pero apenas lo usa. “Cuando la inspiración le llega, busca sus instrumentos y va derechito para la entrada, se sienta en el piso y comienza a darle forma al boceto con un sustituto de la pasta gesso que se hace industrialmente con yeso, pigmento blanco y cola y se utiliza para dar una capa de imprimación”.

Es increíble ver la habilidad que tiene con sus manos. Una vez realizado el esbozo de lo que será el grabado, toma la cartulina y la viste poco a poco con el gesso artesanal (hecho con talco y pegamento 850). El dibujo queda completamente cubierto, pero ella conoce las formas que hay debajo, y con un lápiz las va sacando a la superficie, instintivamente. No pudiera ser de otra forma, es su creación.

Concluye y lo coloca al sol para que se seque. El próximo destino será la prensa de grabado que tienen en el taller, allí le darán color y forma. Ese es el punto final del recorrido que hacen juntos la artista y su obra.

Una técnica de grabado peculiar

Leidy Marian y Tribilín 4En los talleres aprendió a dominar las diferentes técnicas de grabado.

Pero a la pequeña Mariam, no solo la distingue su facilidad para pintar, la madurez con que asume sus horarios y responsabilidades, su independencia y perfecta expresión oral.

Ella emplea una técnica muy singular para darle textura a los cuadros. O más bien se apoya en “alguien”.

“Para hacer el relieve de los grabados utilizo al pollo mío, o sea una pollona. Le puse Tribilín, y con sus patas hago los relieves. Un día estaba pintando el Valle de Viñales y el pollo me pasó por arriba de la pintura, me gustó como quedó y lo cogí e hice los otros mogotes”.

El ave ya forma parte de la familia, y para la niña es un compañero querido. Su vida la hace dentro de la casa, pues ya se acostumbró a estar rodeado de personas, y como si se tratara de un perro, los sigue a todos a donde quiera que vayan.
“Va con nosotros hasta para la Casa de Cultura. A cualquier lugar donde Mariam vaya a pintar, va él. Lo alimentamos bien antes de salir y le llevamos su agua. Ya son un equipo”, cuenta Maricé.

Por su parte, Mariam nos hace la historia de cómo se encontraron. “El huevo lo puso la gallina, pero lo abandonó, y lo pusimos en el nido de una guanaja, que era de mi tío. En cuanto mi hermano vio a la guanaja con el pollo, se lo quitó y hasta ahora lo estamos criando”.

Ante la pregunta, ya conociendo de antemano la respuesta segura, de si Tribilín alguna vez tendrá el futuro del resto de las aves de corral, la niña exhala un NO en mayúsculas, definitivo e irrevocable.

Un espíritu libre

Leidy Marian y Tribilín 5La familia la apoya y desea que en un futuro realice su sueño.

“Tengo un hermano que tiene seis años y nos pasamos el día jugando. Nos gusta mucho ir a la mata de hicacos, los tumbamos y nos sentamos en la sombra a comerlos. Aquí donde vivo me siento muy bien.

“Mi padre me enseña varios tipos de animales, cómo puedo criarlos. En estos días vino su primo que es veterinario y me enseñó cómo recibir los partos de las puercas, y recibí cinco cochinos, y les pude hasta cortar los cordones, pero los colmillos no me dejaron”.

El ambiente que se respira en ese hogar está lleno de armonía. Todos se unen bajo un objetivo común y sacan adelante los proyectos. Por ello no sorprende la preferencia de la joven artista.

“Me gusta más el campo porque en la ciudad me siento como si estuviera tranca´, como si me faltara el aire. Aquí soy libre, puede hacer y correr por donde quiera. En casa de mis abuelos en Pinar tengo que estar sentada dentro de la casa, lo único que puedo hacer es ver televisión, y si quiero salir tiene que ser en el portal, porque por los carros no me dejan ir sola a la calle. Aquí además, saco inspiración de los paisajes para mis cuadros.

“Yo veo algo o me viene alguna cosa a la mente, a través de eso me inspiro para hacer los bocetos. Después lo paso a la cartulina para hacer el cuadro, a veces le hago cambios, le quito una fruta, le pongo un vegetal.

“Los talleres me han ayudado mucho. Cuando entré hacía los muñecos más o menos, no sabía definir bien el cuerpo, el rostro humano, y a través de las clases he aprendido a perfeccionar el modo de dibujar”.

Pero aún hay algo que echa de menos, sin demeritar cuánto ha significado el trabajo de la Casa de Cultura.

“Me gustaría que hubiera una escuela para niños como yo, porque hay algunos que renuncian al sueño de ser pintores por no tener donde aprender y recibir clases”.

“Eso sería muy bueno-interviene su mamá- Quisiera que para asistir a un centro en el cual desarrollar sus habilidades no tuviera que salir de la provincia, está muy chiquita todavía. Humberto El Negro, quien está asesorándola, nos explica que debe permanecer en el taller hasta que culmine el noveno grado y ahí presentarse a las pruebas para continuar estudiando en La Habana”.

“Mi abuela me consiguió una beca en una escuela de arte en La Habana y no quise ir. Lo que pasa es que prefiero avanzar aquí, porque quizás si empiezo desde chiquita allá, pueden decir que comencé mi carrera en La Habana y no me gustaría eso. Quiero que me vean como artista de Pinar del Río”.

El arte está grabado en ella

Leidy Marian y Tribilín 6Obras de Leidy Mariam expuestas en el Museo Antonio Guiteras.

La pasada semana fue inaugurada su segunda exposición personal, en el museo Antonio Guiteras de la ciudad de Pinar del Río.

“Me emocionó mucho. La primera la hice en homenaje a Antonio Guiteras, esta fue de diferentes temas como el día de las madres, el Valle de Viñales”

La voz de Maricé cuando se refiere a su hija está cargada de ternura. “Me siento muy contenta, porque Leidy Mariam es una niña que no sé cómo se las arregla, pero comparte su día muy bien. Ella es muy aplicada, te hace las tareas de la escuela, busca las noticias para el matutino. Me ayuda en la casa, con el cuidado de los animales, con los trabajos de un organopónico que estamos comenzando. Hasta en la cocina, hace un pollo riquísimo que a su papá le gusta más que el mío. A través de ella me siento realizada.

Leidy Marian y Tribilín 7Obras de Leidy Mariam expuestas en el Museo Antonio Guiteras.

“Junto a todo eso es capaz de preparar una exposición, que eso lleva tiempo. Me asombra esa imaginación suya, te inventa cualquier cosa de la nada. Está viendo el televisor y se manda y hasta en un papel rayado o un pedacito de periódico, hace unos bocetos increíbles.

Leidy Marian y Tribilín 8Obras de Leidy Mariam expuestas en el Museo Antonio Guiteras.

“Me gustaría que siguiera en este camino, y para eso cuenta con el apoyo de todos. Para mí los sábados no existe otra cosa que llevarla a su taller. El resto de la familia también ayuda. Una de abuelas anda loca detrás del acetato, la otra detrás de los pinceles, otros buscan los lienzos”.

“Creo que es un sacrificio que vale la pena, así en un futuro podré ayudar a mi familia, que tanto me ha ayudado con mi carrera, mi mamá sobre todo. Cuando sea grande me gustaría ser pintora y ejercer también la escultura”, concluye, casi a modo de sentencia Leidy Mariam.

El orgullo se ve en los rostros de toda la familia. Mamá y papá no caben en sí de felicidad y si los observas bien, notas en su mirada la convicción de que la acompañarán en este camino, pues lo que más desean es verla feliz y realizada. Los abuelos la miran extasiados, sienten suyos los logros de su nieta, a quien poco a poco ven convertirse en una mujercita lista para la vida. ¿Qué más pueden desear?

Para el hermanito es un ejemplo de constancia y certeza de que cuando nos entregamos a algo lo terminamos logrando. Su anhelo es también hacer arte con sus manos cuando crezca, aunque uno diferente y muy necesario: el de crear y dar vida en la tierra.

Y hasta en los ojos de Tribilín se percibe algo. Quizás sean los destellos del sol del mediodía al reflejarse en ellos, pero quisiera creer en el alma y conciencia de los animales, algo que según la ciencia no existe.

Y es que luego de visitar y sentirte parte de un lugar tan peculiar y conocer a personas tan especiales, escoges creer, fantasear.

Entonces sí, puedo decir que Tribilín observa a su amiga, también con ojos de orgullo y de agradecimiento, por haberlo dejado ser parte de una historia tan linda. Creo, sí, que esa singular pareja seguirá creando, haciendo arte, juntos.

Leidy Marian y Tribilín 9

Leidy Marian y Tribilín 10

Sobre el Autor

Dayelín Machín Martínez

Dayelín Machín Martínez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba

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