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El último relevo de Omar Ajete

El último relevo de Omar Ajete

Como cada mañana de viernes sin juego, el estadio Capitán San Luis se asemeja a las discotecas en la alborada dominical. Sobre el terreno hay solo tres atletas, precisamente lanzadores, que practican varios aspectos esenciales del béisbol. En la grada, cerca de nuestra ubicación, una brigada limpia los restos de basura que ha dejado el público que asistió a ver la preparatoria del futuro seleccionado pinareño a la 59 Serie Nacional y al equipo Sub -23 en sus enfrentamientos con la Isla de la Juventud.

Mientras, Omar Ajete Iglesias, estelar serpentinero de finales de los años '80 y la década del '90 contesta mis preguntas. “Los pitchers deben tener piernas fuertes. Lo último que hace el lanzador es tirar la bola, para ganar en velocidad y control hay que trabajar esa parte del cuerpo”, asevera el zurdo nacido en San Juan y Martínez, quien ganó en nuestros clásicos nacionales 179 decisiones y perdió 96, con promedio de carreras limpias de 3.29.

Ahora se puede explicar cómo este hombre de un metro y 76 centímetro de estatura tiraba de forma efectiva noventa y tantas millas, gracias a lo que se incluyó en equipos nacionales durante más de 10 años. “Corría mucho por las lomas, esto me ayudó en mi carrera deportiva”, continúa Ajete.

En 1986 causó baja del equipo Pinar del Río en la Serie Selectiva por una considerable merma de su rendimiento, y una temporada después, por su crecimiento en la lomita llegó al Cuba. Eran los Juegos Panamericanos de Indianápolis y Omar tuvo una memorable actuación, al punto de ser el héroe del último partido, frente a los estadounidenses, cuando vino de relevo y terminó ganando la final.

Este fue el comienzo, que después continuó con una seguidilla de títulos internacionales.

Oro en las olimpiadas de Barcelona 1992, y Atlanta 1996; además de campeón panamericano en las ediciones La Habana 1991 y Mar del Plata 1995; así como varias veces integrante de equipos que regresaron con victorias en otra clase de eventos como copas del mundo, torneos centroamericanos y copas intercontinentales. Es junto a Pedro Luis Lazo y Omar Linares uno de los pinareños de mayor historia en la etapa revolucionaria de la pelota cubana.

En su vida personal, el ser padre con más de 50 años de edad, ha sido el gran triunfo fuera de los diamantes. Su hijo, Omar Luis nació debido a una fertilización in vitro el 31 de marzo del 2016. Luego del advenimiento, Ajete y su esposa Isabel Madera, también perteneciente a una familia de peloteros, encontraron otro punto en común para compartir el resto de sus vidas. “Desde que el niño nació soy otra persona, esto que he vivido no tiene comparación, ni las olimpiadas lo igualan”, dice el ídolo de Las Verbenas.

Cuando se conoce a Omar Ajete se percibe a un hombre desprendido de vanaglorias, que corresponde al saludo de cualquier persona sin importar la procedencia. Conocedor del béisbol y avezado en las estadísticas, este guajiro elegido por votación popular entre los 100 mejores deportistas del siglo XX en Cuba, me dijo que “antes no me gustaba dar entrevistas, por ejemplo, a Julita Osendi me le escondía, era muy tímido”. Sin embargo, esta vez accedió y le di la bola para que lanzara, como en los tiempos en que venía desde el bullpen a relevar a sus compatriotas sin importar la grandeza del escenario.

¿Cómo llegó usted a la práctica del béisbol?

“Te contaré que estudiaba en Guane y en lo primero que estuve fue en las pesas. Hasta que un día mi tía Ana me presentó al difunto Luis Orlando Lazo (Piquinini), que había sido receptor de Vegueros y me hizo inclinarme hacia la pelota. No obstante, mis inicios fueron como jugador de posición y no pitcher, hasta que Piquinini me preguntó si tenía miedo a lanzar, porque me vio como tiraba desde los jardines en la preparatoria para un 15-16 que se iba a efectuar en San Luis, y le contesté que no.

“Así fue que me llevó para un Campeonato Provincial en Piloto, con un equipo juvenil y tuve tremendos resultados en ese evento al propinarle en cinco innings 14 ponchados a San Cristóbal. Desde ese momento me seleccionan para ingresar en la Espa, pero cuando llegué se percata el entrenador Román Suárez que le entregué la tarjeta del menor y no el carné de identidad, entonces me dijo que tenía que pasar ese curso en la Eide y al siguiente me iban a promover a la Espa.

“Ese año participé en el Campeonato Nacional de la categoría 15-16, celebrado en Matanzas y lancé en la final contra Camagüey y le doy el título a Pinar. Cuando aquello, era un lanzador que descollaba por la velocidad, incluso Charles Díaz llegó a decirme que la recta mía se movía y tenía que perfeccionarla porque sería el principal arma de mi repertorio para el futuro”.

¿Cómo fue seleccionado para debutar con aquel famoso equipo de Vegueros?

“Venía desde la Eide junto a un grupo de compañeros a ver los entrenamientos de Vegueros, y luego me vi dentro de esa constelación de estrellas. Recuerdo que José Manuel Cortina me contó que Jorge Fuentes influyó para que debutara en el principal equipo de la provincia, cambiando dos pitchers por mí, porque según Fuentes dentro de unas temporadas yo sería de la selección nacional”.

¿Por qué no fueron buenos sus comienzos en las series selectivas?

“Aunque empecé en 1983 y tuve buenos resultados en mis primeras temporadas en series nacionales, obtuve mi primera victoria en selectivas en 1987, incluso, me bajaron del equipo Pinar del Río en 1986, porque perdí dos partidos y en total abrí 16 juegos, los demás los dejé sin decisión. No se me olvida que frente a Agropecuarios les iba ganando en la sexta entrada, con ventaja de 11 carreras por una y me hicieron 10 carreras en la séptima entrada, lo que provocó que me sacaran definitivamente del torneo. En la actualidad considero que era una cuestión psicológica”.

Entonces, ¿cómo se explica que en 1987 integrara el equipo nacional?

“Regresé para mi casa. Vivía en una vega y me puse la meta de superarme, no quería volver para el campo a trabajar, no por discriminar esa labor tan decorosa, sino porque lo que me gustaba era la pelota. De esta forma redoblé los esfuerzos, por ejemplo, cerca de mi casa había lomas y corría mucho, perseguía a los animales y esto me desarrolló más el físico. Cuando volví al equipo con vista a la temporada 1986-1987, recuerdo que Jorge Fuentes me dijo que él pensaba que yo fuera otro atleta. Efectivamente, en la 'Nacional', gané nueve y en la 'Selectiva' ocho, con buenos números en general e hice el grado al equipo Cuba”.

¿Los Panamericanos de Indianápolis marcaron su establecimiento como lanzador del equipo nacional?

“En esos panamericanos de 1987 tuve dos momentos claves, el juego que le lancé a Venezuela y el relevo contra Estados Unidos en la final. A los venezolanos los enfrenté un 13 de agosto y estuve a punto de darle juego perfecto, pero el árbitro principal tuvo una mala decisión cuando tiré una curva y cantó bola a un bateador que se encontraba en la cuenta máxima, luego Linares tuvo un error en segunda base y después dan un infield hit, con lo que se rompe la lechada, en resumen ni di el juego perfecto ni el no hit no run, solo que fue nocaut.

“Por la discusión del título relevé con cuatro carreras abajo en el quinto inning después que pasaron por el box Pablo Miguel Abreu, Rogelio García y Jorge Luis Valdés, al final obtuve la victoria. Cuando estábamos celebrando le dije a Lázaro Vargas que no me cargara, que si había un disparo yo sería el blanco. Imagínate, le habíamos ganado a los americanos en su país”.

¿Otro capítulo importante en su carrera son las incursiones olímpicas?

“Estuve a punto de ser el líder en promedio de carreras limpias en Barcelona, en 1992, solo me faltó un inning para alcanzar esa distinción, pero es que mi papel era de cerrador y en los deportes colectivos lo importante es el funcionamiento del equipo, no los méritos individuales. En esa ocasión no me hicieron carreras en 11 entradas en que trabajé.

“En Atlanta, en 1996, ya no teníamos la misma presión, pues contábamos con la experiencia de 1992, fue mucho más fácil para la selección imponerse, aunque hubo contrarios fuertes como Australia, que llevó un equipo con 16 jugadores profesionales.

“En Sídney no ganamos, entre otras causas porque el abridor debía de ser José Ibar y no Pedro Luis Lazo, sin menospreciar a Lazo, que para mí es el mejor pitcher de la historia de la pelota cubana. Ibar le lanzó muy bien a los estadounidenses en el juego de la clasificatoria, creo que siete entradas sin permitir carreras, pero la dirección se inclinó por Lazo, y al final no pudimos remontar”.

Soportaste uno de los batazos más famosos que le hayan conectado a un lanzador del equipo Cuba en eventos internacionales.

“Sí, el juego de exhibición contra los Senadores de San Juan, cuando Javy López me la botó del “Hiram Bithorn”, en la novena entrada y nos dejó al campo. A veces, la gente me pregunta si ese fue el momento más dramático de mi carrera, y no es así, lo único que Cuba llevaba más de 100 juegos sin perder y la racha se cortó en ese turno al bate. Javy López fue 10 temporadas receptor titular de los Bravos de Atlanta, ese jonrón se lo daba a cualquiera”.

¿Por qué Omar Ajete no participa entre los años 1997 y 1999 ni con Pinar del Río ni con el equipo Cuba en ningún torneo?

“Fue una decisión de la dirección del Inder de enviar peloteros con experiencia para ligas foráneas, una especie de retiro masivo, entre ellos Víctor Mesa, Misael López, Romelio Martínez. Primero, estuve en Colombia, después en Nicaragua y por último en Japón, donde participé en la Liga Industrial con varios equipos”.

¿Y su regreso a la Serie Nacional en 1999?

“Me mandaron a buscar, porque estaba en muy buenas condiciones y había escases de lanzadores zurdos con vistas a Sídney. Esta experiencia en Japón me ayudó, pues me acostumbré al sistema de entrenamiento y la velocidad me aumentó. El propio Alfonso Urquiola trazó mi esquema de trabajo en la nacional, basado en solo lanzar de home club y logré récord de siete ganados sin perdidos, y me vuelven a incluir en el equipo nacional. Posteriormente, en la temporada del 2001-2002 me retiré del deporte en activo”.

¿Luego de su retiro a qué se ha dedicado?

“Cumplí dos años misión en la República Bolivariana de Venezuela, allí estuve en dos regiones trabajando como entrenador de pitcheo en categorías inferiores, y desde el regreso a Cuba he laborado en mi provincia, tanto con el equipo de Pinar como en la Academia. En la actualidad estoy colaborando con la preselección a la 59 Serie, ayudando sobre todo a los lanzadores zurdos”.

“Se me olvidaba, periodista, no has notado el entusiasmo de la afición con la llegada de Alfonso”, concluye Ajete y se despide.

Sobre el Autor

Luis Alberto Blanco Pila

Luis Alberto Blanco Pila

Periodista deportivo del Periódico Guerrillero

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