Seis décadas al servicio del conocimiento
- Escrito por Yanetsy Ariste
La biblioteca provincial Ramón González Coro celebra 60 años desde que, en aquellos primeros meses de 1959, por iniciativa de la Revolución en el poder, fuera preciso la creación de una biblioteca pública que pusiera los saberes en las manos del pueblo pinareño.
“Cuando comencé a trabajar aquí, muy jovencita, no pensé que mi iba a gustar tanto, pero imagínate, la biblioteca es el centro de información de todo. Adquieres una vasta cultura porque, aunque no seas especialista, te informas a tal extremo que a veces llegas a conocer los programas de estudio de cualquier escuela”.
Nérida González, quien labora en la institución hace 40 años, es bibliotecaria, pero en su largo bregar por las salas de la institución ha sido también especialista de investigaciones, de programas y proyectos y profesora del curso técnico de Biblioteca.
“Cuando veo en la calle a los médicos, a los maestros, a los profesionales que ayudé tanto, pienso que he sido útil. Los padres regresan agradecidos por el apoyo que ofrecí para la tesis de sus hijos y les explico que no me deben nada”, refiere.
“La labor de una bibliotecaria integral es dar la mayor cantidad de información y sacrificarse, a veces fuera del horario laboral. Qué satisfacción mayor que prestarle a la gente lo que necesita y que después que defiendan sus tesis regresen y te digan, `mira cogí cinco`”, expresa.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
A principios de siglo se reconoce la fundación de una biblioteca en nuestro territorio que prestaba servicios a los alumnos y profesores del Instituto de Segunda Enseñanza. Además, existía otra en los predios del antiguo Gobierno Provincial, situada en la calle Maceo, a la que el pueblo llamó La quinta rueda del carro, porque abría solo a los empleados y funcionarios de la dependencia gubernamental.
También en 1951 se fundó la biblioteca Ciprián Valdés, de la Escuela Normal para Maestros y la Colonia Española instituyó la suya, nombrada Cervantes. La primera era utilizada por alumnos y profesores, la segunda solo por socios. Asimismo, a la del Lyceum femenino tenían acceso solo personalidades asociadas.
Precisamente, la ‘’Ramón González Coro’’ nutrió su fondo bibliográfico de libros recuperados de esas instituciones privadas y tuvo varias sedes hasta que en 1976 ocupó el inmueble de la antigua ferretería Canosa S.A., ubicada en la calle Colón entre Martí y Máximo Gómez, espacio entonces construido como almacén para la ferretería. El arquitecto Mario Alea, estuvo a cargo de la adaptación del espacio en función de los departamentos y salas que hoy caracterizan a la institución, acreedora de la distinción Centro de Tradición Heroica desde 1973.
PROGRAMACIÓN Y SERVICIOS
La programación de la biblioteca es extensa y se conforma a partir de las efemérides culturales y las fechas históricas. Incluye concursos, talleres, promociones literarias; no solo en nuestra sede sino en los consejos populares, en las zonas rurales y otras instituciones, teniendo en cuenta el público. Además, artistas de las artes escénicas, y escritores vueltabajeros están insertados con espacios de muy buena aceptación”, refiere Yunely Miló González, especialista encargada de la programación.
La directora del centro, Nicolasa Breijo Pérez, afirma que prestan servicios a todos los usuarios y su objeto social es la promoción del hábito por la lectura:
“Laboramos en la Bebeteca, mediante láminas, trabajos manuales con plastilina, y dibujos con tizas sobre el asfalto con aquellos niños que aún no tienen edad escolar y no saben leer. Por su parte la sala de Arte y Literatura reúne una colección de literatura recreativa, en la que hay diccionarios. En la sala general están contenidas todas las ciencias y la sala infantil juvenil trabaja con niños hasta la secundaria.
“En Fondos raros y valiosos se colecciona toda la bibliografía que hay de Pinar del Río o sobre él, ya sea editada en la provincia o en el resto del país. También están presentes los libros de los autores pinareños y una bibliografía que transcurre desde 1800 hasta el siglo XXI.
“La Hemeroteca guarda revistas y periódicos de diversas materias, antiguos como las bohemias de la década del `30 del pasado siglo y atesoramos la prensa diaria. En tanto, la aérea de extensión bibliotecaria realiza actividades fuera del entorno. Van a las prisiones, a las casas de abuelos, al Hogar de Ancianos a los hogares maternos, a las escuelas y a las zonas del Plan Turquino para promover los libros.
“Después del mantenimiento constructivo de 2013 creamos la sala de navegación, para el acceso a Internet y así, aquellas personas que no encuentran la información que necesitan dentro de los libros, pueden apoyarse en esta herramienta para su investigación. Incluso, tenemos una base de datos con más de 1 000 libros digitales que los usuarios pueden llevarse en una memoria”.
Breijo también apunta que el sistema de bibliotecas provincial está conformado por instituciones en los distintos municipios y en lo que va de año, han atendido a más de 115 000 clientes en todo el sistema y han prestado más de 150 000 servicios en la red completa.
EL BIBLIOTECARIO ES UN PUENTE

“Sin el bibliotecario la cultura llegaría menos, ya que es la persona que está cerca del libro, de lo que necesita el usuario; es el puente entre el saber y los públicos”.
Dice sin dudarlo, María de las Nieves Ramírez, quien le ha dedicado a la biblioteca 36 años y expresa sonriente que adora su ocupación. Hoy no solo trabaja en el departamento de extensión bibliotecaria, llevando el conocimiento a las personas que más difícil acceso tienen a las novedades literarias, sino que preside la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI) en el territorio.
Conocerla es entender cuánto amor desborda su profesión. Sí, porque en la biblioteca, un colectivo de profesionales, al igual que ella, también laboran consagrados en virtud del conocimiento cultural. Por eso, entre logros y una extensa trayectoria de seis décadas, la biblioteca festeja hoy con el pueblo pinareño, su aniversario.
Fuente: La historia de las bibliotecas en Pinar del Río, de la autora Nérida González.