Los diferentes tonos de un engendro jurídico
- Escrito por Heidy Pérez Barrera
Juan Carlos Rodríguez Díaz, Historiador de la ciudad de Pinar del Río. / Foto: Archivo Guerrillero.
Con el aserto de que los argumentos hay que buscarlos en la historia, Guerrillero dialogó con Juan Carlos Rodríguez Díaz, Historiador de la ciudad de Pinar del Río, con el fin de conocer los diferentes matices que adquiere la ley Helms Burton en su devenir.
Genocida, como lo llamara nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, el bloqueo económico, comercial y financiero constituye el obstáculo mayor en la historia de las relaciones entre Estado Unidos y Cuba y es a su vez, la prueba más fehaciente de que la Ley Helms Burton se ha aplicado sobre nuestro país desde el mismo año 1996 en el que fue instaurada.
No más que una excusa para recrudecer el cerco hacia la Isla, la Ley se convierte en un engendro desde el punto de vista jurídico, el cual forma parte del estado de conflictividad y de contradicciones del diferendo histórico mantenido por los dos países con el planteo de los estadounidenses, con el fin de asfixiar el proyecto nacional independiente, soberano y socialista que los cubanos construyen.
Y sí, desde el año 96 se aplica en toda su totalidad, lo que no han podido los yanquis es hacer efectivo los artículos asociados a la desaparición de la Revolución Cubana, nombrar un gobernador y aplicar todas las medidas para recolonizar al país. La supuesta gran idea de la ley es retrotraernos al año 1958, con el estatus neocolonial de aquel entonces.
RETROCESO EN EL TIEMPO
Por aquellos años el país atravesaba un periodo especial intenso, de resistencia, fue cuando la Fundación Nacional Cubano Americana, patrocinaba a los llamados “Hermanos al rescate” en el que sobrevolaron la capital y lanzaron volantes sobre las calles, y se agudizó la propaganda de TV Martí y Radio Martí sobre nuestro pueblo.
Según Rodríguez Díaz, había toda una efervescencia en Miami, la crisis de los balseros en el 94, los atentados directos a los hoteles en La Habana, el derribo de los aviones por parte de la fuerza aérea cubana con todo derecho militar, jurídico, institucional y defensivo que dio paso a que Clinton firmara el 12 de marzo de 1996 la famosa ley que contó con todo un circo, en la que el presidente utilizara varias plumas y a su alrededor una fauna de la Fundación Nacional Cubano-Americana, entre ellos la conocida “Loba feroz” y varios personajes relacionados con la subversión hacia Cuba.
“Es entonces cuando el pueblo cubano empezará a entender qué significaría para nosotros la aplicación de la ley Helms Burton, luego planteará la Ley de la Dignidad del Pueblo de Cuba como respuesta jurídica, y sentir de los habitantes de esta tierra ante la agresividad histórica de los Estados Unidos”.
Lo cierto es que cada administración desde Clinton hasta Trump, han hecho uso de la ley y ninguno ha dejado de recordarla en la retórica del discurso conflictivo.
El historiador alega que el título I habla de institucionalizar el bloqueo, para ellos significaría oficializarlo como la gran medida que viene de sombrilla desde la administración de Kennedy en el 62.
“El gobierno americano trata de aplicar esta medida porque sabe que de alguna manera si esas propiedades se devolvieran, serían los fondos para el financiamiento contra la subversión del pueblo cubano. No es la primera vez que hacen maniobras de este tipo, han congelado cuentas del gobierno cubano y se la han entregado a presuntos damnificados por las acciones de defensa del gobierno de Cuba”.
Por su parte el título II plantea cómo ellos quisieran que fuera Cuba, la del futuro, la intervenida, la recolonizada, es decir: fin de la revolución cubana, regreso al 58, en la ley se hace especificidad de quienes compondrían un gobierno en la isla, y quiénes no podrían tener derecho a participar de ese nuevo gobierno.
“Solo mentes calenturientas obsoletas, crónicas, son capaces de pensar en cómo sería la restitución de estos propietarios”.
Aclara el especialista que con el conflictivo artículo III sobre las devoluciones de las propiedades a sus antiguos dueños, tratan de aferrarse a aquellos que fueron nacionalizadas sus propiedades, de alguna medida por una revolución que ha triunfado, que lo hizo al amparo de la legalidad internacional.
“Ellos no piden más que la devolución de las propiedades, no solo a los propietarios originales sino también a sus descendientes y lo hacen bajo el reclamo de una cuantía superior a las tres veces al valor que pudieran haber tenido.
“Pero la primera fuente del derecho que nos asiste es la Revolución como hecho social, político y económico, todo está basado en un proyecto de cambio que tuvo un programa del Moncada con Fidel y que hasta la actualidad ha tenido una construcción”.
CUANDO DE PINAR DEL RÍO SE TRATA
Hipotéticamente si pensamos en devolver todas las propiedades, qué significaría para Cuba, para Pinar del Río en particular, sería remontarnos a la Enmienda Platt del año 1901, a una dictadura de Batista, a una administración pensada e impuesta desde el exterior.
Rodríguez Díaz alega que si se hiciera efectiva la ley, perderían el derecho a la tierra que tienen hoy los campesinos, sería eliminar la Ley de Reforma Agraria que devolvió a sus verdaderos propietarios las vegas, darle los nueve centrales azucareros que tenían algunos de los señores más connotados y hablar nuevamente del reparto Villamil, Llamazares, Vélez, Calero, entre otros.
“Significaría además regresarle a los norteamericanos las antiguas Minas de Matahambre de cobre, las antiguas fábricas, las cientos de vegas de tabaco reconocidas en el mundo como la mejor productora de la hoja, pues anteriormente pertenecían a la Cuban Land Company, asentadas desde finales del siglo XIX en Las Martinas, y desde 1903 en la zona de Vivero, en San Juan y Martínez.
“En fin, llevar a Pinar del Río a perder la obra construida en 60 años pero, quién va a creer que donde se levantan hoy más de 600 escuelas, más de 192 consultorios, más de cinco hospitales, policlínicas, cientos de unidades productivas, de vegas de tabaco, despalillos, se les va a devolver”.
Esta ley no tiene nada de inocente, no es casual que la estén esgrimiendo en este momento, justo cuando ven una línea de continuidad de mando en el gobierno, donde hay un joven al frente de la revolución del país que lleva a cabo el ritmo de Fidel.
Ya con el título IV quieren romper relaciones con todos aquellos que tienen vínculo con Cuba, pero la mejor respuesta es el pueblo quien la da, con su cultura de resistencia, con la plataforma teórica legada por Fidel, en su concepción de Revolución y de cómo construirla.
Obran en el libro Los Propietarios de Cuba 1958 y bien anotados los apellidos Ferro, Cortina, Pedro Menéndez o Capó, entre otros, que figuraron en la lista de los principales latifundistas que tenía Vueltabajo.
Un ejemplo fue José Manuel Cortina, con más de 1400 caballerías de tierras, un número importante de haciendas; Los Ferro, poseedor de más de 3200 caballerías de tierras, con dos centrales azucareros, en la zona sur sobre todo en el polo arrocero de Los Palacios, donde instalaron un molino, en decenas de vegas de tabaco, dueño de la industria La Conchita, una refinería, una colonia, una aseguradora, con acciones en la red comercial de almacenes, de transportistas, con inversiones importantes en La Habana.
Simeón Ferro Martínez era también accionista y miembro del Consejo de dirección del Banco Financiero, reconocido en el país por sus depósitos. Propietario de un almacén de víveres, vinos, licores y ferretería, dueño del central San Cristóbal y la Francia, tenían una vivienda inmediata a la fábrica La Conchita, en la Carretera Central; su hermano Ángel Manuel era médico y adquirió Mil Cumbres, finca ganadera con 1000 caballerías en las inmediaciones de Guajaibón, fronteriza con la Hacienda Cortina.
Su hermano Julio era socio de “Víveres y Conservas Wilson S.A” y de las “Industrias Ferro”, mientras que su otro hermano Sixto, era el administrador del almacén de víveres en Pinar del Río.
Así figuran otras propiedades en los mismos nombres u otros por el mismo estilo, los cuales quedaron en el imaginario popular, como parte de una tradición, que a pesar de los años se pegó a un discurso dependiente en lo psicológico cuando los mencionamos.
Tenemos que llevar a la conciencia práctica de los pinareños qué pudiera significar que Cuba fuera recolonizada, si esto sucede volveríamos a ser aquella Cenicienta, sobrenombre emergido del pueblo, en alusión a la leyenda del cuento clásico francés.
Solo una revolución ha podido engalanar la Cenicienta como princesa, pero la queremos más hermosa, más prestante, mejor vestida, con una mejor corona y con más empoderamiento.
Sobre el Autor
Heidy Pérez Barrera
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.




