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Amares diferentes

Pareja al atardecer

Hace ya un buen tiempo que escucho decir a una amiga de la familia que su mayor creencia es el “encadenamiento de circunstancias”, para ella el constructo teórico que explica que nada es por gusto, ni por casualidad.

Confieso que a veces no entendía muy bien su hipótesis, pero hoy la vi más clara, cuando frente al computador, ya lista para tejer algunas ideas sobre el Día de San Valentín y compartirlas con los lectores, abrí el correo y encontré un mensaje de mi mamá en el que me instaba a leer el libro Los límites del amor, de Walter Rizo. Entonces me dije: puro encadenamiento de circunstancias, e inmediatamente busqué sus primeras líneas, en las que hallé una gran verdad: “Nuestra cultura ha hecho una apología al amor incondicional, el cual parte de una idea altamente peligrosa: ‘Hagas lo que hagas te amaré igual’. Es decir, que a pesar de los engaños, los golpes, el desinterés o el desprecio, si los hubiera, en nada cambiarían mis sentimientos. Más allá de mi dignidad y a cualquier precio, te amaré per sécula seculórum. Amor ilimitado, irrevocable y eterno. “¿A quién se le habrá ocurrido semejante estupidez?, –se preguntó Walter Rizo–. Si el amor lo justificara todo, estaría por encima de los derechos humanos, la justicia y la ética... No importa qué digan los románticos: ser incondicional en el amor, amparado en la quimera del amor verdadero, promueve el sufrimiento feliz, el desinterés por uno mismo y la renuncia al yo”. Me pareció genial esta reflexión, por eso ahora soy yo quien invito a mis lectores a ver el amor no como un sentimiento que nos anula y nos minimiza ante el otro, sino como aquel que nos iguala en la entrega, mientras compartimos sueños y proyectos. El amor no puede subvalo-rarnos si es la fuerza más potente que mueve al ser humano; no puede cegarnos porque él es luz; no puede enmudecernos porque habla por sí solo; no puede anonadarnos porque es capaz de hacernos mover cielo y tierra por un abrazo. Indudablemente, Walter Rizo tiene toda la razón cuando más adelante en su libro nos dice: “La cultura de ‘vivir para el otro’... y desconocer los propios intereses a costa de la felicidad y el olvido de sí (cosa que sucede en muchísimas relaciones) es un atentado a la salud mental”. Sirva el Día de San Valentín para que reconsideremos nuestro concepto de Amor y nos regalemos por este 14 de febrero una nueva concepción de amar, en la que formemos parte de una verdadera pareja y sustituyamos incondicionalidad por reciprocidad. ¡Sintámonos libres mientras amamos!, y de seguro nuestras mentes serán beneficiadas a la par del corazón.

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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