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Tres caritas nuevas en las fotos de familia

Tres caritas nuevas en las fotos de familia

Fotos: Susana Rodríguez Ortega.

Una de esas noches en que Yurisán cumplía su guardia en la sala de Neonatología del hospital Abel Santamaría, se sintió desfallecer. Al poco rato la fatiga pasó y ella siguió con su trabajo como de costumbre. Una supuesta crisis de gastritis la aquejaba desde hacía varias semanas.

En días sucesivos experimentó náuseas, dolor en los senos y tuvo incluso algunos vómitos. La idea de un embarazo vino a su cabeza de pronto, mas quedó descartada ya que desde hacía ocho años, ella y su esposo intentaban, sin éxito, tener un bebé.

Los médicos habían diagnosticado una obstrucción en las trompas de esta mujer de 38 años y recomendaron una fertilización in vitro. Yurisán se mantenía a la espera para someterse a ese proceder, pero no la llamaban aún.

“Las náuseas continuaron y no me caía la menstruación, lo cual no era significativo, ya que siempre he tenido mis trastornos menstruales; pero me realicé un test de embarazo no fuera a ser...” cuenta ella desde la sala de su casa en la calle D del reparto Jacinto.

“Esto debe ser un error”, pensó al mirar las dos rayas rojas que se dibujaron en la tirilla plástica anunciando su gravidez. “Esto es un milagro”, repitió para sus adentros cuando un ultrasonido confirmó lo anterior.

- Vas a tener gemelos, le dijeron, y sintió como se agitaba su corazón en el pecho. Algunas semanas después, el segundo ultrasonido arrojó otro resultado:

- Lo que llevas ahí adentro son trillizos, le informaron esta vez.

- ¿Trillizos?, desconfió Yurisán.

- Trillizos, le aseguró la especialista.

La palabra se reprodujo en su cabeza como un ritmo. Por un momento visualizó tres cunas, tres biberones y tres muchachitos pelones chillando al unísono por un poco de leche. Su primera reacción fue reír. Ese día descubrió que era posible reír de miedo.

“Como enfermera neonatóloga yo conocía bien los riesgos que entrañaba un embarazo múltiple y créeme que a veces saber tanto, asusta; entonces extremé los cuidados para proteger a esas personitas que crecían dentro de mi cuerpo”.

A pesar de la disciplina de la madre, los pequeños Amelia, Darío y Denzel, se apresuraron casi dos meses en nacer. El pasado 18 de octubre vinieron al mundo bajos de peso y frágiles. La niña se recuperó con rapidez, pero los varones estuvieron bastante graves.

“La hospitalización se prolongó por 12 semanas. Fueron mis propios compañeros de trabajo quienes nos asistieron durante todo ese tiempo”, afirma Yurisán.

Madre con sus tres hijos en Pinar del Rio2

Los niños permanecen tranquilos en sus respectivas mecedoras mientras converso con su madre. En ocasiones les hablo y me responden con una sonrisa, como si les divirtiera que uno les comente cosas sencillas y les llame por sus nombres una y otra vez.

“Es increíble como a pesar de su corta edad uno puede distinguirlos según su carácter. Amelia, por ejemplo, es la más pizpireta, la más cariñosa, la que más te roba con su lindo carácter”, describe su mamá y prosigue: “Darío, el del medio, tiene un temperamento noble y es fácil de manejar, es también el de mayor apetito. El chiquitico Denzel, por su parte, es muy fuerte y presiento que va a ser el malcriado de la casa. Cuando los pongo juntos, este es el que más interactúa con sus hermanos. Cada cual tiene algo que lo hace especial”, advierte Yurisán orgullosa.

Cuando se siente extenuada del trabajo hogareño, de lavar tanto pañal y de velar sin descanso por la limpieza y alimentación de los trillizos, se detiene un minuto a verlos dormir o se pone a jugar con ellos sobre la cama grande.

La hora preferida de Alexánder, médico del “Hospital Viejo” y papá de los bebés, es cuando acaba en el trabajo y retorna a casa con los suyos:

“Uno se vuelve bobo haciéndoles gracias, mimándolos... Es bonito ver cómo progresan poco a poco. El hecho de que se quiten el tete o se lo vuelvan a poner, de que se viren en la cuna, que se rían, es algo grande para nosotros y lo disfrutamos a plenitud. Es un triple disfrute, tres cosas distintas que van pasando casi todos los días”, me confiesa.

“Este de aquí es mi futbolista”, dice Alexánder mientras señala a Darío. “Este otro es el fresco de la casa, ¿no lo ves cómo está?”, acaricia la cabeza de Denzel.

- ¿Y ella?, le pregunto por Amelia.

- Ella es mi princesita. Tiene a dos guardaespaldas ahí para que la cuiden de grandes.

- Posiblemente sea la niña quien proteja a sus hermanos, lo corrige su mujer y ambos se ríen.

Yurisán y Alexánder coincidieron por vez primera hace 20 años, uno de esos días de guardia estudiantil en la beca de la Facultad de Ciencias Médicas. Desde entonces caminan juntos por la vida compartiendo venturas, desventuras y sueños. Este domingo 12 de mayo festejarán con mayor júbilo el Día de las Madres. Habrá música infantil sonando en la casa, gorjeos y tres caritas nuevas en las fotos de familia.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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