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Cira, la veterana y magnánima enfermera de Neurocirugía

Al oír hablar con tanta admiración y respeto a sus compañeros acerca de ella, uno quisiera rodearse de personas así y llegar a ser, algún día, como Cira.

enfermera test fpt3“En estos tiempos complejos en que se piensa que el hombre nuevo no aparece, uno la considera paradigma de lo que debe ser una enfermera. Jamás la hemos visto ponerle mala cara a un paciente. Todo lo contrario, siempre con una sonrisa”, así refiere su eterno compañero de labores, el doctor, Iván Arenas Rodríguez, especialista en II Grado en Neurocirugía.

“Ella es muy cálida, dulce, fiable, sabe ser amiga. Algún día cuando regrese a Cuba, creo que la primera persona que visitaré será a Cira, porque se ha ganado parte de mi corazón”. (Yohana Surco Nina, residente de la especialidad de Neurocirugía)

“Cariñosamente decimos que es nuestra madre porque nos ha criado un poco a todos, desde los más nuevos en el servicio, hasta los más adultos. Bajo su pupila, hemos madurado como médicos y como seres humanos”. (Raúl González Pimentel, residente de la especialidad de Neurocirugía)

“De Cira hay que decir tantas cosas. Bueno, la única que me puede decir mil cosas a mí es ella. Y sabe que no se puede jubilar aún”. (Lubia Mariana Castro Lázaro, enfermera de la sala R del hospital Abel Santamaría Cuadrado)

“Entre nosotros siempre comentamos que Cira es prácticamente insustituible, pues resulta difícil encontrar una enfermera que supla todas las funciones que ella garantiza y con esa visión de médico que tiene sin serlo”. (Evelio Guillén Canoas, actual jefe del servicio de Neurocirugía en el hospital Abel Santamaría Cuadrado)

Ella es Cira Sumeta Crespo, única jefa de enfermería que ha tenido el servicio de Neurocirugía de la provincia de Pinar del Río, desde su creación hace aproximadamente treinta años.

Cira e Iván, matrimonio indisoluble de la Neurocirugía pinareña

La profesión los unió para siempre. Luego de 40 años, todavía andan juntos en las dinámicas que impone la atención a pacientes, cuyo estado de salud puede agravar de forma súbita.

Asegura Cira que Iván es el responsable de que ella llegara al servicio de Neurocirugía.

“Yo me gradué en el 1977 y me dieron plaza en el hospital pediátrico, pero no me gustaba la pediatría y les dije que si para ejercer la enfermería tenía que ser allí, pues entonces no sería enfermera, porque yo no soportaba inyectar a un niño o hacerle otro proceder, me resultaba difícil, no podía. Pero una compañera mía cambió conmigo y yo vine para el hospital León Cuervo Rubio.

“Comencé a trabajar en la sala de cirugía de mujer hasta que en el 79, un día, la dirección del centro me pidió que asumiera la jefatura de la sala de cirugía de hombres, porque su jefa se encontraba en un curso del Partido. Me dijeron que era solo por 6 meses y todavía estoy esperando”, sonríe Cira y rememora cómo fue que empezó a relacionarse con el doctor Iván Arenas.

“Allí había un cubículo de 4 camas para los pacientes neuroquirúrgicos, pero casi siempre eran más casos y ocupaban otros espacios. Recuerdo que el jefe del servicio de Cirugía sentía celos y decía que yo atendía más al neurocirujano que a él. Y yo le explicaba que Iván llegaba a las 7 de la mañana y a esa hora pasábamos visita a sus pacientes porque después él tenía que ir para el Pediátrico porque era el único especialista de esta área en la provincia.

“Así estuve hasta el 84 que empecé la licenciatura y cuatro años más tarde me gradué. Estando de vacaciones en mi casa, la secretaria de la sala fue a darme un recado de Iván, que me incorporara a trabajar cuanto antes porque habilitarían una sala para los casos de Neurocirugía y que él ya había colegiado con la dirección del hospital y habían aprobado que yo sería la jefa de la sala. Y así fue como empecé en este servicio, del cual nunca he salido”.

Confiesa la magnánima enfermera de la sala R del hospital Abel Santamaría Cuadrado, que estará activa en su trabajo siempre que las circunstancias familiares se lo permitan.

“A mí me encanta lo que hago. Me gusta. Imagínate, tengo 60 años y empecé con 17. Y tengo problemas familiares, pero no puedo dejar por detrás mi trabajo. Me parece que si no estoy, no sé. Mi vida es más en el hospital que en mi casa. Mis hermanos son los primeros que me dicen: Tú no dejes de trabajar, que te vuelves loca. Y mientras ellos me ayuden a cuidar a mi mamá, yo voy a estar trabajando. Como el buey cansao, pero aquí”.

Consagración, responsabilidad, profesionalidad, sacrificio, compañerismo...

Cuando hablan de ella, sus compañeros lo hacen con admiración y respeto, como si desearan alcanzar ese ideal de persona y profesional que es Cira.

“No es la enfermera que se va a las 4 de la tarde, sino después de las 5, incluso de noche. Pero a las 7 de la mañana, a más tardar, ya está nuevamente con nosotros en la sala. Y siempre con un paso por delante de todos” (Evelio).

“Puedes llegar y supervisar el servicio a cualquier hora y preguntarle hasta el más mínimo detalle, que te sabrá responder porque domina y cumple sus funciones. Los que la dirigimos, que somos mucho más jóvenes que ella, tenemos que quitarnos el sombrero ante Cira Sumeta Crespo. (Yaquelín Moreno Borrego, supervisora general del área quirúrgica del hospital Abel Santamaría Cuadrado)

“Sabe cómo encausar una sala para que funcione bien. Tiene autoridad, la capacidad de aglutinar, el arte de dirigir. Y no solo es respetada en nuestra especialidad, sino en todo el hospital, incluso, cuando directivos de la Dirección Provincial de Salud supervisan el servicio de Neurocirugía, uno percibe que la tratan con un respeto especial. Por supuesto, que quien conoce a Cira sabe que su trabajo es de excelencia”. (Adonys Piloto Ferro, especialista en Neurocirugía, quien actualmente cumple misión internacionalista)

“Muy aplicada para todo y muy humana. Un día entré a la guardia a las 4 y 30 de la tarde con mucho dolor de cabeza y mareos. Ella rápidamente se percató que no me sentía bien y me preguntó, y sin pensarlo dos veces, cuando le dije que necesita descansar un rato, me preparó una cama e hizo mi trabajo hasta la madrugada que mejoré”. (Alain Pérez Álvarez, trabajó como enfermero en la sala de Neurocirugía desde 1998 hasta el 2002. Actualmente vive en los Estados Unidos)

“La conozco hace casi 30 años. Con total responsabilidad puedo decir que es una trabajadora y una persona excepcional, porque además de sus habilidades profesionales, posee cualidades humanas meritorias. Muy tratable, atenta, respetuosa, justa, un ser maravilloso al que vamos a extrañar mucho el día que decida jubilarse. (Juan Carlos Bermejo Sánchez, especialista en Neurocirugía)

“Una persona formidable como pocas. Por el trato que nos da, la consideramos más compañera que jefa. Sabemos que podemos contar con ella para lo que necesitemos. No nos llama la atención con irrespeto, sino que siempre nos enseña de la mejor manera. Aunque ha tenido muchos problemas de salud en su familia, Cira siempre tiene el mismo carácter. Intachable en su trabajo. Hermana, amiga y madre” (Belki Reina Valdés, secretaria de la sala de Neurocirugía)

“Cualquier problema que tú le plantees, ella tratará de resolverlo. En su trabajo es demasiado cumplidora, casi nunca falta. Si se enferma, yo tengo que ponerme fuerte y decirle que no venga, que me encargaré de la sala, porque así sintiéndose mal quiere venir. Y desde su casa llama para saber detalles y para conocer cómo marcha el servicio”. (Diamelys Hernández López, enfermera de la sala de Neurocirugía).

Su palabra es ley razonable

Quienes mayor tiempo pasan con ella coinciden en que a pesar de su intransigencia, es tan oportuna y correcta en lo que dice y en lo que hace, que ninguno de sus compañeros de labores siente insatisfacción cuando Cira los corrige.

Bien lo sabe el doctor Iván Arenas, quien más años suma al lado de la fémina.

“Cira tiene esa sagacidad, inteligencia, experiencia y valor humano para ser capaz de imponerse al jefe de servicio o al jefe de Neurocirugía de la provincia y decirle: << Ponte las pilas. No vamos a empezar por la cama 1, sino por la quince, porque es el paciente más grave que tenemos y si no actuamos va a tener serias complicaciones>>.

Si de conocimiento de las patologías neuroquirúrgicas se trata, asegura la doctora Olga Lidia Rodríguez Villalonga, especialista en Neurocirugía, que Cira posee saberes envidiables.

“Ella es la persona que te llama y tú podrás ser muy especialista, pero te pone a pensar, a correr, por el conocimiento, la maestría con la que trata los casos, la capacidad de deducir lo que puede pasar en un momento determinado. Algo que a los especialistas jóvenes un tanto se nos escapa de las manos”.

Evelio Guillén Canoas, actual jefe del servicio de Neurocirugía del hospital provincial Abel Santamaría Cuadrado, también reconoce la valía de Cira.

“Su criterio es valioso para nosotros. A los residentes y a los especialistas más jóvenes del grupo siempre les digo que tienen que tener muy en cuenta los consejos que les da Cira, porque hasta para los neurocirujanos con más experiencia, su criterio es fundamental”.

A través de una anécdota, Diamelys Hernández López, enfermera de la sala de Neurocirugía, asegura que la palabra de Cira es ley, en la medida en que es razonable.

“En una ocasión hubo que trasladar a un paciente hacia La Habana porque aquí no había equipo de TAC de cráneo ni de resonancia y había que realizarle esas pruebas. Pero de regreso, el paciente empezó con un estatus convulsivo y ella le ordenó al chofer llegar al hospital de San Cristóbal porque había que aplicarle el medicamento inmediatamente.

“Cuando llegaron allí, los médicos le dijeron que le iban a poner un diazepán inyectable, e inmediatamente ella le dijo que no, que el paciente se encontraba en un estado que requería con urgencia diazepán, pero en bomba, exactamente 5 ámpulas. Y gracias a Cira, el paciente rebasó aquel episodio de convulsiones”.

Desde su perspectiva, el doctor Raúl González Pimentel considera que el respeto que le profesan a Cira descansa en su profesionalidad y entrega al servicio de Neurocirugía durante más de 3 décadas.

“La dedicación de ella a su trabajo es tanta que, por ejemplo, yo nunca he visto a Cira salir a almorzar fuera de la sala. Lo que ella merienda o come, lo hace sentada en su puesto. Además es la persona que mejor te orienta en cuanto a la relación con cada paciente, qué debes o no decir delante del enfermo, qué constituye para él una motivación. Esa profesional capaz de adoptar decisiones que hubiese indicado el médico en caso de estar presente. Medidas rápidas, en beneficio para el paciente y sin comprometer el trabajo de la sala”.

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La madre negra de los neurocirujanos vueltabajeros

En algún momento de la conversación, cada entrevistado posicionó a Cira en una condición sagrada, la condición de madre.

“Siempre he dicho que el día que tenga una dificultad de salud y requiera de cuidados, por los años que llevamos trabajando juntos, la persona más importante que quisiera tener a mi lado es a la negra Cira. Yo no la veo como la jefa de enfermera, sino como parte de mi familia”. (Iván)

“Ella lo trata a uno como si tú fueras su hija o hijo. Es esa lucecita que te guía: no cojas por aquí, coge por allá, esto es mejor. Te cuida, pero no solo como médico, sino que está al tanto de todas las situaciones que te rodean, como si fuera tu mamá. Uno llega a sentir que tiene dos familias: una en casa y otra en el servicio. Aquí mi mamá es Cira”. (Olga)

“Cirita, mi madre, la primera persona que me recibió en la sala cuando empecé la especialidad. Con ella aprendí lecciones muy valiosas para la vida: saber escuchar y saber cuándo callar. Tiene la sabiduría de mostrarte el camino correcto y el consejo oportuno para que no actúes erradamente, impulsado por las falsas apariencias. (Adonys)

“En la vida uno encuentra a personas que por su carácter y aptitud se asemejan a tus seres más allegados. Y para mí ella es como mi madre porque se da a querer. Llega a los corazones de las personas de una manera que te encariñas. Te apoya en todos los momentos. Pendiente a lo que necesitas para ayudarte”. (Yohana)

“Es una madre porque si tiene que llamarnos la atención lo hace, con mano dura y con total seriedad, pero igualmente cuando haces algo digno, te reconoce. Otras veces te aconseja, te pasa la mano y así, siempre por nuestro bien”. (Evelio)

Ellos también la admiran

Pacientes y familiares de los hospitalizados suman elogios para la enfermera veterana del servicio de Neurocirugía.

Desde septiembre, Marlén Esquijarosa Carrera atiende a su hija de veinte años, la cual ha sido intervenida quirúrgicamente en varias ocasiones. Por su permanencia en el hospital, esta madre conoce cualidades de Cira.

“Es muy buena persona y la más cercana a nosotros porque no siempre el médico está en la sala. No tengo quejas de ella, sino que le estoy muy agradecida por el buen trato para con mi hija. Se preocupa por los medicamentos que Rosmari tiene indicado en la historia, por los chequeos que hay que hacerle, si tiene apetito”.

La presencia de un equipo que grabará su voz no le impide a José Angel Acanda Camejo, paciente de la sala, expresar su opinión sobre la seño.

“Llevo dos meses ingresado aquí y el trato de Cira ha sido especial. Se preocupa por nosotros, nos visita. Siempre en función de que las enfermeras nos pongan las medicinas en el horario establecido. Si tenemos dudas sobre algo, ella nos explica. Esa es de las que cura con la atención y el cariño que le da a uno”.

Denis Barrios Delgado, paciente de Neurocirugía desde hace 7 años y quien ya suma 6 operaciones nos describe a Sumeta Crespo.

“Cira es un amor. Qué te voy a decir. Lo máximo. Con mucha experiencia. Cualquier duda que tengo le pregunto, y ella, con aquella amabilidad, me explica y yo me quedo tranquila como si hubiese sido la doctora Olguita. Muy preocupada por la evolución de los pacientes. Cuando voy para el salón y cuando regreso, a si venga de noche, ahí está Cira esperándome: <Mi negra, ven acá>. Yo la quiero mucho”.

Luego de escuchar criterios como estos uno desea coincidir en la vida con personas como Cira. Pero una vez que la conoces, quedas prendido de ella, por su profesionalidad como enfermera y grandeza como ser humano.

Siempre trabajando. La organización de la sala. El enfermero que vino, el que no vino. Ayuda a sus colegas a cumplir con las indicaciones. Organiza el papeleo. Participa en el pase de visita médico. Sabe cuántas camas hay disponibles en la sala, qué pacientes se van de alta, cuáles se operan mañana, el pedido de farmacia, la dieta...

Ahora entiendo por qué Alain prácticamente recién llegado de Estados Unidos y apenas sin tiempo, visitó a la negra Cira. Ahora comprendo por qué en medio de la entrevista, a Belki se le apretó la garganta y no pudo terminar de hablar. Ahora caigo en cuenta por qué fue posible hacer todas las entrevistas en solo dos días y sin previo aviso. Dijera Eduardo Galeano que Cira es una persona estrella.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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