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Florence Nightingale: La muchacha que soñaba bajo los cedros

Florence Nightingale

Había cedros en los jardines de Embley Park, residencia de arquitectura isabelina propiedad del británico William Edward Nightingale. Su hija Florence, de 17 años, acostumbraba a meditar bajo la sombra de esos árboles majestuosos. Al pie de un cedro se hallaba precisamente un día de febrero de 1837, cuando recibió lo que ella denominaría luego, una llamada de Dios.

“Voy consagrar mi vida al ejercicio de la enfermería”, anunció en otras palabras a su familia. Todos la miraron turbados. Les preocupaba que la adolescente eligiera desafiar las convenciones de la época, esas que limitaban a la mujer al ámbito hogareño y al cuidado del esposo y de los hijos.

Florence no desistió de su empeño y navegó hasta Roma, Grecia, Egipto, Tebas y Alemania, para aprender de los mejores galenos, adquirir habilidades y desarrollar su entrenamiento médico.

En 1853 le confiaron el puesto de superintendente en el Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas de Upper Harley Street, en Londres. Su padre nunca la desamparó. Enviaba 500 libras anuales, que permitieron a la muchacha vivir holgadamente y volcarse de lleno en su carrera.

Florence tenía facciones hermosas y una sonrisa coqueta que atrajo la simpatía y el amor de más de un hombre valioso como el político y poeta Richard Monckton. Cuentan que cuando éste le propuso casamiento, la joven lo rechazó debido a que el matrimonio interferiría en la decisión resuelta de entregarse de lleno a su profesión.

En octubre de 1854 partió al frente de un equipo de 38 enfermeras hacia Crimea, donde se desarrollaba un conflicto bélico entre el Imperio Zarista y el Imperio Turco, apoyado este último por Francia e Inglaterra.

Al arribar al territorio de la contienda, Nightingale se percató de las deplorables condiciones en que vivían los heridos, hacinados unos sobre otros. Los desagües sanitarios eran deficientes y los soldados morían más a causa de tifus, fiebre tifoidea, cólera y disentería, que de las heridas recibidas en el campo de batalla. Escaseaban por demás los suministros médicos y no existía el equipamiento adecuado para tratar a los pacientes.

Florence se centró en mejorar la higiene del hospital, efectuó la limpieza de los vertederos contaminantes y exigió que se ventilara el sitio. Ello conllevó a la reducción instantánea de la mortalidad.

En las noches se paseaba con un pequeño candil por los corredores del hospital, para velar por los enfermos. Ello le valió el sobrenombre de “La dama de la lámpara”.

Inspirado por el trabajo de aquella mujer admirable, el poeta norteamericano Henry Wadsworth Longfellow, escribió los siguientes versos:

¡Mirad! En aquella casa de aflicción
Veo una dama con una lámpara.
Pasa a través de las vacilantes tinieblas
y se desliza de sala en sala.

En 1860, Florence creó la Escuela Nightingale para enfermeras con el objetivo de capacitar a varias jóvenes en el trabajo intrahospitalario, la asistencia a los pobres y el cuidado de los dolientes en sus propias residencias.

“La dama de la lámpara” logró vivir 90 años. La muerte la sorprendió mientras dormía en su habitación del 10 de South Street en el centro de Londres. Cuentan que sus últimos años los pasó postrada en una cama, con el cuerpo adolorido y el alma presa de continuas depresiones. Aún en esas difíciles condiciones, concibió trabajos precursores en el área de la planificación hospitalaria.

Su legado fundamental estribó en la fundación de la enfermería moderna como profesión bajo las premisas de “compasión, dedicación al paciente, diligencia y cuidado en la administración hospitalaria”.

Cada12 de mayo, fecha del nacimiento de Florence, se celebra en el mundo el Día Internacional de la Enfermería. Así honran los profesionales de este campo a una pionera, a un ser extraordinario que persiguió su vocación con todas sus fuerzas y se entregó, incondicionalmente, al cuidado de sus prójimos.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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