El vértigo de las relaciones
- Escrito por Elizabet Colombé Frías
Al principio parecía imposible. Y en más de 25 años procuraron que fuera para siempre.
Él tenía un trabajo normal y también un salario corriente con un buen horario. Allí la conoció. Y le gustaba inventar escusas para verla o fantasear con nombres secretos y citas de contrabando. Podía describir de memoria el balanceo de sus brazos cuando caminaba o cómo se esforzaba en disimular su falta de visión porque no le gustaba usar espejuelos para ver de lejos o el gesto de levantar la mano si era la última en la cola del pan o su forma de tocarse la nuca si quería preguntar algo o su manera de cruzar las piernas cuando se sentaba en el banco de la esquina. Ella, en cambio, lo suponía indeciso, tímido y hasta infantil. De vez en cuando aceptaba, con una mueca casi burlesca, algunos de sus elogios, aunque los creía incongruentes. Pero algunos la hacían reír. Sus visitas a la panadería se hicieron más frecuentes. Y apareció un viernes con un primer encuentro y una siguiente y el proceso se mostró reiterativo por más de un año. Entonces hubo boda con un cake que corrió por los amigos del trabajo. Y más tarde llegaron tres hijos, una casa que levantaron con sus manos y hasta un perro medio cojo sin una raza definida. El asunto era arriesgado. A veces muchas ganas y poco tiempo y en otras demasiado tiempo y faltaban deseos. Algunos momentos resultaron monótonos e imprecisos, de hastío y de lúbricas fantasías, interesantes y de conversaciones aburridas. Durante 25 años la escena continuó como una historia épica. Fueron amigos incondicionales, amantes, conocidos casi indiferentes, enamorados, amigos de nuevo y una pareja convencional. Y sucedieron peleas, distancias, perdones y muchas palabras. Pero nunca han parado de intentarlo.
Sobre el Autor
Elizabet Colombé Frías
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.