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Familia de grandes

Ronal Aguilar, padre, considera que el tabaco es un cultivo que te dice lo que necesita

Ronal Aguilar, padre, considera que el tabaco es un cultivo que te dice lo que necesita. / Fotos: Jaliosky Ajete Rabeiro.

En las últimas tierras pertenecientes al municipio de Pinar del Río, allí donde al otro lado empiezan los predios sanluiseños, una familia vueltabajera hace historia en el cultivo del tabaco.

La tradición, heredada de sus ancestros, cobra fuerzas con la entrega de Ronal Aguilar Moreno, quien a sus 67 años –no los aparenta– y su hijo Ronalito, cada mañana al despertar el alba ya están en pleno surco, porque 550 000 posturas de tabaco sol se dicen fácil, pero no se atienden fácil.

Y que lo digan los grandes productores de la hoja, un cultivo que necesita no solo atenciones, sino también recursos y fuerza de trabajo. Condiciones estas que están garantizadas en la finca La Paulina, de la cooperativa de créditos y servicios Ceferino Fernández.

El hijo, digno heredero del padre, encuentra en la tierra la motivación mayor para ser feliz.El hijo, digno heredero del padre, encuentra en la tierra la motivación mayor para ser feliz.

Su hijo se considera el mejor alumno. No concibe la vida fuera de estas tierras, cuya belleza y entorno convidan a pensar en un proyecto socioeconómico o cultural, partiendo del principio de que la zona no dispone de alternativas para la recreación, el fomento de la cultura y el desarrollo espiritual de sus habitantes. Bien cerca una escuela rural primaria y la confortable infraestructura de la vivienda familiar pueden servir de soporte a la idea que lanzamos desde estas páginas.

En Magela Hernández, su esposa, y en Miriam Domínguez, la madre, tendrá la idea fructificada buenas anfitrionas y mujeres deseosas por seguir siendo útiles. También este sitio, hermoso por demás, pudiera incluirse en la conocida Ruta del Tabaco. Quienes allí visiten encontraran conocimientos, buenas plantaciones, experiencia acumulada, juventud presente y sobre todo, degustará de un mundo tabacalero que es referente a nivel provincial.

SI TUVIERAN AGUA

Mientras Guerrillero recorría –unas veces a pie, otras en “araña”– las más de dos caballerías que tienen estos guajiros (una de ellas en usufructo le fue otorgada al hijo) palpa que cada espacio está plantado. El que no se destina a tabaco acoge viandas, especialmente yuca y lo hace en condiciones de secano, porque si bien es cierto que hace cinco años a ellos los incluyeron en un proyecto para regadío, hasta la fecha nada ha sido posible.

De ahí que la electricidad que reciben es debido a una tendedera proveniente del pueblecito Buena Aroma. Tienen un pozo que necesita ser electrificado y así estarían ahorrando unos 100 pesos diarios que por concepto de combustible erogan para poder regar una parte de sus posesiones agrícolas.

A pesar de todo, estos cosecheros se sienten atendidos y “hasta privilegiados” –según sus propias palabras– por la Empresa de Tabaco del municipio, pero a juicio nuestro deberían virarse los ojos con más fuerzas hacia este entorno que hace un aporte importante a la economía de la provincia y priorizar el tema de la electrificación.

Esta campaña aplicó el rebrote en 40 000 posturas con elogios para dicha práctica por los beneficios que deja. Progresivamente este dueto de padre e hijo ha ido aumentando la entrega de quintales de tabaco en la misma cantidad de área. ¿Cómo lo logran?, pregunto:

“Con dedicación. Aplicando técnicas culturales como el relleno, la correcta preparación de suelos, la calidad del semillero –este se hace aquí–, el uso del agua, la fertilización, entre otros elementos que nos han dado muy buenos resultados”, asevera el más joven.

Tratan de mantener el tabaco lo más biológico posible. No excederse en la aplicación de los químicos es básico para estos campesinos que tienen como divisa que el cultivo y la tierra son como la guitarra, que todos los días se le saca algo nuevo.

Por su experiencia sugieren aprovechar el clima y empezar el periodo de siembra temprano. Han estimado unos 550 quintales para la actual campaña y se inclinaron por la variedad Corojo 2012. Si tuvieran agua en sus tierras consideran que los niveles productivos fueran mayores. “Queremos sembrar toda la tierra de tabaco, pero sin el vital líquido, no se puede”, expresa el viejo Ronal.

El afán que ponen a su trabajo los lleva a hacer pruebas de catar para comprobar el sabor, el color y el cómo arde el tabaco cosechado. Sienten orgullo y satisfacción cuando los indicadores le dicen que todo está bien.

CON EL “EQUIPO DE TRABAJO”

Unos 18 hombres se encargan de las labores de campo. Están emplantillados. Son atendidos con afán por la familia, quien se reconoce una fuente importante de empleo en la comarca. Gozan de prestigio y buen criterio entre los obreros, porque las atenciones que les prodigan están en correspondencia con el empeño que ponen. Merienda, almuerzo, café, ropa de trabajo y calzado y buena remuneración económica diaria son parte del sistema que mantiene la familia Aguilar Domínguez.

La señora de la casa, Miriam, califica como “equipo de trabajo” al andamiaje humano que sostiene la campaña en La Paulina. “Ahora es diferente. Cuando yo me casé con 15 años y vine a vivir para acá no había gente para trabajar la finca, lo teníamos que hacer todo nosotros desde cocinar, lavar, hasta sembrar la tierra y ensartar el tabaco. Hoy no, hoy es diferente, hasta el pago es muy estimulante, las mujeres del ensarte y nosotros somos una gran familia de la cual estoy muy contenta”, dice Miriam, quien se encarga también del pago de las féminas.

En Magela, la nuera, tiene ella un buen soporte. Dejan la impresión de estar bien unidas, se avista un ambiente de buenas energías y respeto que no podemos dejar de acotar. Para la joven regala palabras de elogio: “Ella es para mí como Marién, mi hija, que es doctora. Llevamos muchos años juntas y se pega duro para trabajar, le cogió el golpe a esta casa en la cual cada día cocinamos para más de 32 personas”, sostiene la suegra agradecida.

Propietarios de cinco casas de tabaco con 26 aposentos en total, destinadas cada una de ellas a cada clase de tabaco, pues la organización que impera aquí pasa por este detalle.

En ellas prima un silencio sepulcral. Pareciera que no hay mujeres en su interior, pero sí, sí las hay y son altamente rápidas, como las hermanas Labrador: Dora y Mayra, que todos los días ensartan 90 cujes, o Yaimara y Yarisbel que también hacen igual cantidad.

Nono es de las mujeres más largas en el ensarte una actividad que con el tiempo ha valorizado su pago.Nono es de las mujeres más "largas" en el ensarte, una actividad que con el tiempo ha valorizado su pago.

Así mismo está Nono (Leonor López Revuelta) que a sus 73 años sigue dando la batalla y le saca a la aguja unos 60 cujes y Orquídea Revuelta que trajo para La Paulina a dos hijos, un nieto, dos hermanos, un sobrino. “Nada hija, aquí el que no es pariente, es ariente”, me manifiesta.

Extrañan a Olimpia Cruz Cabezas, quien en diciembre pasado cumplió 80 años. Mujer de tremendo espíritu y dedicación, pero la artrosis la ha golpeado en los últimos tiempos.

Para Ada Baullosa, cuyo hijo está empleado en la finca, el precio del ensarte actual es muy bueno. “Yo ensarté por cinco, seis centavos, en la actualidad pagan a dos pesos y es muy estimulante porque al final de la campaña se obtiene un buen dinero”, expresa con satisfacción.

Pero no solo las entendidas en este arte vienen a la casa de tabaco, hay jovencitas como Yeleny Flores Reyes que aprovechan días de descanso en la escuela para ayudar a la madre, María. A sus 17 años y estudiando Bibliotecología Yeleny diariamente hace unos 35 cujes como promedio. “Desde pequeñita hice de esto un hábito y lo disfruto, me gusta estar aquí y me siento bien, es parte de mi mundo”, dice la joven.

Eso mismo piensa a sus nueve años Antonio Aguilar Hernández el nieto de Ronal, quien siente por su abuelo un sentimiento especial, algo que los presentes coinciden en afirmar que es recíproco. “El viejo Aguilar vive enamorado de su nieto”, manifiesta Miriam, para más tarde acotar que el amor viaja a partes iguales. En Blanca Nieves, la nieta que está en octavo grado tiene también un buen resorte. “Es inteligente y estudia en Pinar en casa de mi hija porque la secundaria le queda más cerca, esa seguramente se hace profesional como mi hija o como mis dos hermanas”, dice Ronal.

Y honestamente, orgullo es lo que más percibí por esas tierras, nada de vanidad, un deseo tremendo de trabajar, de elevar los rendimientos, de ser eficientes y de defender el incremento de un cultivo que constituye bandera económica en el municipio.

“No pedimos nada, solo queremos producir y hacemos un llamado a que se observen las normativas de la agricultura, se respeten los ciclos y los contratos. La solución a muchos de estos problemas está en nuestras manos”, expresó Ronalito, consciente de que de la tierra sale el mayor sustento al que puede aspirar un hombre.

Sobre el Autor

Daima Cardoso Valdés

Daima Cardoso Valdés

Licenciada en Derecho en la Universidad de Pinar del Río, Cuba

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