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Fernando Pérez, Insumisas y el cine cubano

Fernando Pérez / Foto: Januar Valdés Barrios

Fernando Pérez / Foto: Januar Valdés Barrios

A propósito del estreno de Insumisas en la provincia, Guerrillero entrevistó a Fernando Pérez, uno de sus directores y más reconocidos cineastas cubanos.

La película está inspirada en la investigación del doctor Julio César González Pagés sobre la vida de Enriqueta Faber, la mujer que asumió una identidad masculina para estudiar Medicina y convertirse así en la primera cirujana de Latinoamérica.

Con una hábil dirección artística, Insumisas reconstruyó la sensorialidad de la naturaleza y lo agreste de la Baracoa del siglo XIX, en locaciones de La Habana; más al oeste hasta el cafetal de Angerona y las montañas de Soroa, y al este, hasta Jaruco y Tapaste.

Se rodó en solo dos meses bajo la dirección de Fernando y Laura Cazador, con un elenco excelente de actores en el que destacan las interpretaciones de Sylvie Testud como Enriqueta y Yeni Soria como Juana de León, su esposa.

¿Cuánto alude Insumisas a la sociedad contemporánea?

“Una motivación fundamental para contar la historia de Enriqueta Faber que ocurrió a principios del siglo XIX, fue su repercusión contemporánea. A mí no me hubiera interesado ni a Laura Cazador narrar una historia cuyo contexto se redujera solo a lo dura que era la vida y los prejuicios a principios del siglo XIX.

“Creo que la lucha de la mujer por ocupar un puesto en la sociedad ha permitido lograr muchas cosas, pero hay otras que faltan todavía; y no solamente en la de la mujer, sino también en la definición del género. Enriqueta Faber fue también una mujer que transgredió el concepto del género, en el sentido de la sexualidad, donde aún queda mucho por hacer.

“La película comenzó a exhibirse en el momento en que se estaba discutiendo el proyecto de Constitución. Una de sus propuestas –el matrimonio igualitario– fue rechazada. Eso demuestra que queda un camino por andar y pienso que algún día se resolverá”.

Sobre Insumisas, citó en una entrevista: “Era como una historia maldita, incapaz de llevarse a cabo”... ¿Por qué maldita?

“No sabría la razón, es un misterio. Titón, Patricia Ramos, Lázaro Buría, escribieron guiones y nunca se concretaba la acción. Por eso cuando Laura Cazador vino a verme y me dijo: ‘Tengo la historia de Enriqueta y quiero desarrollarla, también tengo un productor’, a mí me sorprendió; nos tocaba romper esa maldición.

“He hablado con Julio César González Pagés, quien es la autoridad máxima en la investigación de la historia verdadera de Enriqueta; aunque en la película nosotros partimos de la historia real, pero nos inspiramos en ella, hacemos un trabajo de dramaturgia con elementos de ficción, aunque se conserva la historia. Él contaba que en su investigación tuvo momentos en los que ocurrieron cosas mágicas.

“Por ejemplo, toda su investigación está ligada a la lluvia. Cuando dimos una conferencia conjunta en el Pabellón Cuba, creo que, en el mes de enero, llovió intensamente y casi no pudimos llegar al Pabellón.

“Lo más curioso es que él viajó hasta Nueva Orleans donde estaba la tumba de Enriqueta, pero llegó tarde porque el ciclón Katrina había arrasado con ella”.

“La película empieza y cierra con el personaje protagónico ya convertida en monja, en un despeñadero donde está el mar furioso. Realmente no teníamos la posibilidad de lograr esa atmósfera, aunque yo tenía la intuición de que algo iba a suceder; de lo contario habría que resolverlo con efectos especiales... A la semana vino el ciclón Irma. La naturaleza nos regaló unas imágenes bien dramáticas.

“Yo creo mucho en las energías y no sé qué será, pero algo hay”.

¿Qué contratiempos enfrentó el proceso de rodaje?

“Tuvimos un calendario muy cerrado por compromisos de la protagonista. Estaba convenido así, era una responsabilidad no solo de ella, de nosotros también.

“Filmamos apresuradamente y eso conlleva a mucha presión. Además, lo hicimos en una época del año poco adecuada para la película porque era pleno verano; eso hizo más fatigosos algunos días del rodaje.

“Nuestro sueño era filmarla en Baracoa, pero no teníamos el presupuesto para hacerlo. En un trabajo muy cuidadoso de la dirección de arte, de fotografía... en fin, de gran parte del equipo de creación, logramos crear un equivalente de sus paisajes en los alrededores de La Habana.

“Yo creo que estos elementos son comunes en los procesos de realización de cualquier película. Los cineastas partimos casi nunca de condiciones ideales. Ahí está el reto. Eso se suple muchas veces con profesionalismo y empeño”.

Usted disfruta el proceso de casting hasta dar con el actor indicado. ¿Cómo llega a Sylvie Testud y Yeni Soria?

“Por vías distintas. Habíamos enviado el guion a varias actrices francesas y suizas y de todas ellas la única que se apasionó por él y se comprometió a realizarlo fue Sylvie. A partir de ahí se caracterizó el personaje de Enriqueta dadas sus cualidades físicas e histriónicas.

“En el caso de Juana de León, hicimos aquí un largo, largo casting por donde pasaron muchísimas aspirantes; incluso hicimos pruebas de actuación. Finalmente fue Yeni la aspirante que quedó y estoy muy contento de haber trabajado con ella. Para mí ha sido no una revelación, sino una confirmación porque la había visto actuar antes, y ya yo pensaba que era una magnífica actriz y de hecho lo es”.

¿Cuánto ha cambiado su estética desde 1987, cuando filmó Clandestinos, su primer largometraje de ficción, hasta hoy?

“Te respondería como en la canción de Silvio: ´no es lo mismo, pero es igual´. La vida es evolución. Eso lo decía Buda, nada es eterno, excepto el cambio; y uno tiene que cambiar. Sí, yo he evolucionado, pero tratando de salvar las esencias que me definen como ser humano y como cineasta”.

En efecto, el eminente Rufo Caballero lo definió como un poeta y un filósofo de la cubanidad... Usted ha dicho, una y otra vez, que se reconoce en todas sus obras. ¿Cuánto de Fernando hay en Insumisas?

“Creo que en Insumisas está el mismo porciento de compromiso y de pasión que puedo poner en cada película que hago.

“Este caso, es una codirección con una mujer; y eso le da una particularidad a ese proceso porque ha sido compartido. Primero ella me ofreció el proyecto y en la medida en que íbamos escribiendo el guion, ambos sentíamos que también debíamos compartir la dirección; por una razón: Insumisas es una película de mujeres y eso implicaba que hubiera, no una mirada femenina, sino una sensibilidad femenina”.

¿En el escenario cinematográfico mundial son pocas las mujeres que asumen la dirección?

“Eso está cambiando. En los años ´60, ´70 era insólito una directora de fotografía, incluso una camarógrafa. Sarita Gómez dirigía, después vino Marisol Trujillo, se sumó Rebeca Chávez... pero podías contarlas con los dedos. La mayor participación, sin embargo, era en la edición. No puedo decirte las causas, habría que investigarlas, pero sí lo viví.

“Hoy en día, creo que hay más mujeres sonidistas que hombres, que hay casi igual cantidad de directores y directoras de fotografía. Y sí hay un gran número de cineastas mujeres que se están expresando, sobre todo en el cine independiente. Eso es alentador, demuestra que la vida va poniendo en su lugar las cosas y va abriendo puertas”.

¿Cómo se adapta el cine al público contemporáneo abrumado por las nuevas tecnologías?

“Yo soy de los que piensa que las nuevas tecnologías van modificando en gran medida el hecho de la apreciación y el disfrute cinematográfico; y aunque le hacen la competencia, no creo que las nuevas tecnologías sustituyan al cine. Nada va a suplantar ver una película con otros espectadores, porque eso crea una energía compartida que no ocurre ni en la pantalla chiquita, ni en la sala de tu casa”.

¿Qué caminos ha tomado nuestro cine en las últimas décadas?

“El cine va. El fenómeno más importante es ya no el surgimiento, sino el desarrollo y la dinámica del cine independiente. Ya se reconoce. Ya hay cineastas jóvenes que poseen una filmografía. Ese terreno fértil está dando una cosecha. Yo sé que eso va a ser indetenible –no libre de dificultades, por supuesto– pero indetenible”.

Usted ha sido polivalente, empezó como asistente de producción, luego de dirección, es documentalista, incluso se sumó a la realización de numerosas ediciones del Noticiero Icaic; escribió un libro (Corresponsales de guerra) que le valió en 1982, el Premio Casa de las Américas... ¿entre todo, que disfruta más?

“Vivir. Y vivir aquí en Cuba, en La Habana. Despertarme todos los días para enfrentar los problemas que la vida me plantea; problemas creativos y cotidianos también. Y he sentido que he podido vivir, en la manera que he querido, que he escogido. Siempre que voy a hacer un proyecto parte de mí mismo. No haría cine por otras razones que no fueran esas”.

Sobre el Autor

Yanetsy Ariste

Yanetsy Ariste

Licenciada en Historia del Arte. Periodista del Periódico Guerrillero

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