Actualizado 22 / 04 / 2019

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Niños diabéticos ¿limitados?

Proporcionarles a los padres apoyo sicológico es uno de los propósitos de la convivencia, donde los especialistas dejan de lado sus batas, porque se trata de intercambiar saberes prácticos y teóricos en condición de iguales. / Foto: Pedro Paredes

Proporcionarles a los padres apoyo sicológico es uno de los propósitos de la convivencia, donde los especialistas dejan de lado sus batas, porque se trata de intercambiar saberes prácticos y teóricos en condición de iguales. / Foto: Pedro Paredes

Este 16 de abril se celebra el Día Internacional Contra la Esclavitud Infantil, flagelo que incide sobre 400 millones de infantes en el mundo, estigma de un planeta y una especie que se precia de ser la más “inteligente” e hipoteca así su futuro. Nuestra Cuba, no figura entre las naciones que contribuyen a ello.

A simple vista es solo un grupo de niños jugando, de diferentes edades razas y sexos, el bullicio del patio llega hasta los pasillos normalmente apacibles del Centro de Atención al Diabético en Pinar del Río, y es que desde el lunes 15 y hasta el viernes 19, desarrollan una convivencia con pacientes en edad escolar.

Participan 24 infantes de distintos municipios de la provincia, algunos diagnosticados hace tiempo y acostumbrados a lidiar con este trastorno, otros todavía en fase de aceptación; aunque asegura Osneidis Navarrete González, madre de una pequeña de seis años, que lleva cuatro, bajo tratamiento: “Uno nunca llega a acostumbrarse”.

Recuerda que un principio no podía creer que fuera verdad, y todavía hoy le cuesta mucho sobreponerse al instinto de limitarla y dejarla tener una vida normal. La inserción en la escuela ha sido definitoria, como victoria personal tiene recientemente el haberla llevado a la fiesta por el Cuatro de Abril, reconoce que su hija es una niña alegre, vital, feliz y eso le da fuerzas.

EN DOS DIRECCIONES

El doctor “Jose”, guiando el control de glucemia antes de almorzar. / Foto: Pedro ParedesEl doctor “Jose”, guiando el control de glucemia antes de almorzar. / Foto: Pedro Paredes

El doctor José Hernández Gómez, especialista de segundo grado en Endocrinología y coordinador de esta iniciativa, afirma que está reconocido a nivel mundial que la educación es la piedra angular del tratamiento a la diabetes, en el caso de los niños es un reto, porque tienen toda su vida por delante.

En la convivencia participa un grupo multidisciplinario donde se integran, dietistas, sicólogos, enfermeros, especialistas de Cultura Física, Podólogos, Oftalmólogos, entre otros que contribuyen a mantener bajo control este padecimiento crónico y enseñan a pacientes y familiares cómo hacerlo.

La intención es que tanto los pequeños y cuidadores aprendan el manejo de los síntomas y desarrollen conductas responsables que les permitan a la larga vivir sin limitaciones, e insertarse como seres activos a la sociedad.

Para Hernández Gómez, el diálogo entre las familias es esencial para que quienes llevan más tiempo lidiando con este diagnóstico ayuden a los menos avezados a superar el impacto inicial y los miedos propios de la aceptación. Reconoce que ellos también reciben información, pues la experiencia del manejo hogareño les aporta otra perspectiva.

Cómo controlar la glucemia, la dieta, de qué modo aplicar la insulina y las dosis apropiadas, procedimientos ante casos de urgencia son algunos de los temas a tratar en esta convivencia, donde participan 24 niños de diversos municipios de la provincia.

Tanto pacientes, como familiares, aprueban la experiencia, que tuvo antecedentes en el campamento de verano, el cual dejó de realizarse en el 1992 por limitaciones económicas y aseguran que les aporta conocimientos y apoyo emocional.

BAILARINA, BIÓLOGO MARINO, NIÑOS FELICES

En los grupos siempre hay muestras de liderazgo y si a los cinco años eso es perceptible, es que hay potencial. Delgada, de cabello rubio, locuaz y expresiva, esta pequeña de apellidos Mena Padrino, debutó con diabetes al año y medio de existencia, además es celíaca y padece de dermatitis atópica, aunque todavía no sabe leer ni escribir, sí es capaz de decir que le gustan las cosas que no tienen gluten, que se inyecta cuatro veces al día y que su enfermedad “es un poco peligrosa, no me gusta tener glicemias altas”.

La madre Maday Padrino González, es doctora y confiesa que su conocimiento es una fortaleza, pero también una maldición, que a veces quisiera ser ignorante y no saber, porque ante cualquier situación ve el panorama completo, confiesa que cuando todavía la familia estaba celebrando el nacimiento del bebé, con solo un año, tuvieron que asumir la enfermedad, han aprendido a hacer cenas especiales, donde no hay alimentos con gluten, por la condición de celíaca, ni glucosa, a sumarse a ciertas restricciones, pero se siente satisfecha porque ella asume la vida desde esa perspectiva con naturalidad.

“Ha sido un camino difícil, pero lo hemos caminado juntos, mi hija es una niña feliz, es bailarina, inteligente y sabe diferenciar lo que puede comer y no, todavía es pequeña y a veces confunde una enfermedad con otra” Ferro Lazo, fue diagnosticado a los cuatro años, no duda en asegurar que lo que más miedo le da es una glicemia alta “porque me puede dar una hiperglicemia”, ya está en primer grado, cuenta que en la escuela “escribimos, leemos y las clases de Educación Física, un día sí y otro no”, sobre su enfermedad asegura sabe hacer la dieta y “comer las cosas sin azúcar que Jose me dijo”, en referencia a los consejos dados por el especialista en consulta. Muchos de los niños con los cuales comparte los conoce de antes, porque la diabetes los ha llevado por senderos similares, pero este “ingreso” le gusta más, porque aquí puede jugar Juan Bruno Gálvez Callava, es un padre al que hace nueve meses, le cambió la vida, fue y es duro, admite, pero tenemos que sobreponernos, para hacerle menos daño al niño, tiene 12 años, una edad complicada, enseñarlo a que puede hacer de todo sin excesos, comer a su hora, cuidarse y llegar a ser un hombre de bien.

Los sueños del pequeño Gálvez Santana están puestos en ser nadador o biólogo marino, de los primeros momentos recuerda: “Me dejó un poco aturdido, fue así de pronto ño’, porque pasé un coma diabético y me asusté mucho, pensé que no iba a vivir, pero después me fui recuperando, mi papá y mi mamá me ayudaron y ahora aquí esto me sirve para saber qué hacer cuando tenga el azúcar alta o baja, y para cuando yo esté grande”

Es fácil ver el llanto contenido dentro de los ojos Ana Cecilia Sarduy Remedios, hace apenas unos días llevó su hijo al médico pensando que tendría una virosis, cuando más la hemoglobina baja, porque se quejaba de cansancio y dolor muscular y el chequeo confirmó la presencia de la diabetes.

“No duermo porque me da miedo que le pase algo por la madrugada, ha sido un cambio total de las rutinas de nuestras vidas, esto no es fácil, increíblemente él es quien me da fuerzas y me dice que no me preocupe, que es una enfermedad como cualquier otra y que todo va a estar bien”

Para ella la experiencia de la convivencia es fabulosa, porque espera salir mejor preparada para asumir una situación que todavía no asimila a plenitud, habla con las otras madres y busca consejo, sabe que esa misma pena será la fuerza para cuidar mejor de la salud de su descendiente.

MÁS ALLÁ DE UNA ENFERMEDAD

La alimentación adecuada, uno de los pilares del cuidado del paciente diabético / Foto: Pedro Paredes La alimentación adecuada, uno de los pilares del cuidado del paciente diabético / Foto: Pedro Paredes

La diabetes mellitus tipo uno, conlleva una deficiencia de insulina, el constante control y aplicación del medicamento les elimina la fobia a las agujas, donde otro infante lloraría, ellos se comportan con naturalidad.

Enseñarles a vivir con esa condición, a ser independientes y responsables, velar por los factores de riesgo, sin ponerse limitaciones en la consecución de sus sueños, es el propósito de esta convivencia, donde se aúnan voluntades de instituciones del Salud y familias, en un fin común, el futuro de esos niños.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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