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“Pino Gordo, señor”

Es una zona rural, pero los caminos y áreas verdes denotan cuidado e higiene.

Es una zona rural, pero los caminos y áreas verdes denotan cuidado e higiene. / Fotos: Pedro Paredes Hernández.

Por años hemos cuestionado el síndrome del pichón que se queda en el nido esperando que lo alimenten. En algunos sitios ya hay “crías” que encontraron el modo de levantar vuelo.

El que no puede dar pico y pala, trae un paquetico de café o da dinero para comprar una botella de ron, porque oiga, no es fácil con el agua y el fango a la rodilla hasta las 10 de la noche; pero todo el mundo aporta algo”. Mientras hace esta aseveración en las comisuras de los labios hay retenida una sonrisa, la mirada brilla y el rostro transmite satisfacción.

José de la Hoz Hernández es el presidente del consejo popular Pino Gordo, ubicado a ocho kilómetros del poblado de Mantua, perteneciente al municipio del mismo nombre. Este hombre que hasta su retiro laboró en la pesca y ocupaba cargos administrativos, desde hace año y medio se desempeña en el liderazgo.

EN NÚMEROS E INGENIO

La demarcación cuenta con poco más de 1 700 habitantes, cinco circunscripciones, escuelas y bodegas; en tanto figuran cuatro cooperativas e igual número de asentamientos poblacionales; suman tres los consultorios del médico y la enfermera de la familia, dos las escogidas y 551 viviendas.

La cerca perimetral del campo de pelota la hicieron de guano, para así mantener a raya a los indisciplinados, que siempre los hay, y evitar la presencia de ganado mayor en el área.La cerca perimetral del campo de pelota la hicieron de guano, para así mantener a raya a los indisciplinados, que siempre los hay, y evitar la presencia de ganado mayor en el área.

Desde hace algún tiempo decidieron aunar voluntades y recursos en un mismo fin: transformar la comunidad. La creación de un escenario, recuperación del campo de pelota con cerca perimetral, áreas verdes en los caminos vecinales, reparación del Sistema de Atención a la Familia (SAF) son algunas de las acciones ejecutadas con el concurso de los residentes y medios disponibles en el entorno.

Y si bien en cualquier lugar ya eso sería fuente de complacencia, para ellos son nimiedades al compararlo con lo que consideran su mejor obra: el acueducto. Esa zona no poseía este servicio. De manera artesanal, a pico y pala, construyen los pozos, emplean piedras que se conocen popularmente como mocorrero para revestir las paredes y con el aporte financiero de los vecinos adquieren bombas, tubos y demás elementos.

Al Consejo de la Administración Municipal (CAM) solo le pidieron facilidad para comprar el cemento en la tienda de materiales para la construcción, pagado también por la colectividad y destinado a fundir las tapas de los pozos. Ahora más de medio centenar de viviendas disfrutan del servicio de agua las 24 horas del día.

Ya se encuentra en la fase final de ejecución una fuente de abasto para otra veintena de moradas; en este caso requerirán del apoyo de la Empresa Eléctrica para energizar la estación de bombeo. De esta entidad recibieron con anterioridad un reloj contador para el acueducto que está funcionando, cuyo consumo sufragan mediante el abono de una cuota mensual por cada inmueble beneficiado del sistema.

La calidad del agua está avalada por los organismos pertinentes y los vecinos mantienen una estrecha vigilancia para evitar que en las inmediaciones proliferen fuentes contaminantes que atenten contra ellas. Aunque se trata de una zona rural, en los alrededores no hay corrales de cría de animales ni letrinas o microvertederos.

MÁS Y MEJOR

En Pino Gordo es tradición celebrar la jornada de la cultura de la comunidad, aprovechando los distintos espacios como las escuelas, el círculo social, el escenario y vinculando a trabajadores no estatales (TNE) para garantizar las ofertas gastronómicas.

Aprovechar los recursos disponibles, máxima que les conduce a la solución de problemas.Aprovechar los recursos disponibles, máxima que les conduce a la solución de problemas.

Con el pragmatismo que les caracteriza, hacen para tal ocasión pequeños quioscos con ramas, varas y pencas de coco, algo transitorio, pero con buen gusto; saben que no hay recursos para hacerlo de otra forma y lo importante es disfrutar de tres días de festejos.

Al instalarles el servicio de conexión wifi rápidamente idearon un parque rústico: tocones de madera clavados en la tierra son los bancos, eso sí, pintados y limpios, además de bien demarcada el área.

También han logrado que las estructuras productivas enclavadas en el consejo tengan mayor presencia en el punto de venta.

Sobre este tema el presidente apunta que siempre que los convoca a las reuniones consigue que participen y se involucren en la toma de decisiones.

Con ayuda de la Empresa Alimentaria recuperaron una minindustria que estaba en desuso y ya empiezan a beneficiarse de las primeras producciones como dulces en almíbar. Este centro también podrá comprar las cosechas de frutales y vegetales convirtiéndose en una fuente de ingreso para los pobladores.

Los trabajadores no estatales contribuyen desde sus espacios. Gracias a esta modalidad cuentan con guarapera, cafetería y barbería, la cual lleva Julio César de la Hoz Corrales, quien tiene un espacio arrendado hace siete años con la unidad empresarial de base (UEB) Servicios Técnicos, Personales y del Hogar.

Entre las proyecciones inmediatas se encuentran incorporar las prestaciones de peluquería y manicure, así como reparar el local para que ofrezca mayor confort.

Molineros, herradores y agentes de comunicación son otras actividades que registran en el área, según lo confirma Roilán Cordero Hernández, técnico de TNE en la Dirección Municipal de Trabajo en Mantua. En total 35 residentes del consejo se acogen a esta forma de empleo, una fortaleza dentro de un área rural.

La atención a personas con desventajas sociales, el chequeo permanente sobre las viviendas en ejecución velando por la calidad y apego al cronograma, así como el funcionamiento de los distintos centros enclavados en la comunidad son preocupación y ocupación permanente para José.

La cultura del detalle crece en Pino Gordo. Ellos han sido capaces de interiorizar el valor de la participación popular para transformar el entorno: el espacio que habitan está más limpio, poseen más opciones recreativas, son mejor servidos y lo que no logran individualmente es “pan comido” cuando se juntan.

DESDE LA ASAMBLEA

Crear las condiciones idóneas en cada asentamiento poblacional escapa hoy a las posibilidades de la economía del país, la provincia y el municipio; sin embargo, con el trabajo comunitario integrado, su impacto y alcance es invaluable si se articulan acciones concretas que incidan sobre la calidad de vida de los residentes en cada demarcación.

Henry Domínguez Reyes, vicepresidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Mantua, al referirse a lo alcanzado en esa comunidad, resalta que es la mejor expresión de liderazgo de un delegado, cuando integra a sus electores en la búsqueda de solución a problemas que, a fuer de envejecidos, se han vuelto cotidianos.

Destaca que obtener beneficios palpables estimula la motivación. Para ellos es una fortaleza contar con un sitio así dentro del territorio y esperan que sea “una mecha que prenda en otras localidades, no solo una iniciativa aislada. Lo más importante es el cambio en la ideología de las personas, asumir el cambio en el pensamiento y analizar cada dificultad enfocados en qué podemos hacer nosotros mismos para erradicarla”.

Reconoce que el trabajo comunitario integrado no es una fórmula mágica que responde a todos los problemas, pero en la medida que los minimice será posible concentrar esfuerzos en los de mayor envergadura.

POR LA GENERALIZACIÓN

Pino Gordo debe constituir un referente a imitar en Mantua, Pinar del Río y Cuba: han transformado su entorno de manera positiva, aprovechando las potencialidades locales y trabajando juntos; merecen una felicitación enorme por sus resultados. Son la confirmación de que unidad es fuerza y que lo imperdonable es quedarse de brazos cruzados. Recuerdan la famosa obra literaria Fuenteovejuna, solo que aquí la pregunta sería: “¿Quién mató a la desmotivación? –Pino Gordo, señor”.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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