Ante la soledad, solo humanismo
- Escrito por Loraine Morales Pino
El promedio de edad de los residentes es de 77 años. / Fotos: Vania López Díaz.
Argelio Valdés se autodenomina el guardián de la llave del teatro. Con orgullo, responsabilidad y agradecimiento porta la pequeña pieza como si fuera una medalla. Se la dio en cuanto estuvo listo el local el director del hogar de ancianos Carlos Castellanos Blanco, ubicado en la ciudad de Pinar del Río. Desde entonces, las noches no son tan solitarias y silenciosas. Con ese carácter locuaz nos dio la bienvenida, como quien convida a pasar y compartir.
Cuando nos disponíamos a entrar se aproximó sigilosa Ana María Castro. Entre señas pidió a la fotógrafa que le hiciera una foto y posó para ella. No habla y nadie sabe su edad, nombre verdadero, dónde nació o si escucha, aunque presuponen que no. Dicen que la encontraron desorientada y abandonada en una parada de autobús. A pesar de que muchos creen que este es el peor lugar del mundo, para algunos es una salvación.
Así las historias se suceden con diversos protagonistas. Todos son diferentes: está el combatiente con su camisa llena de medallas, el discapacitado, el que no recuerda y el que sí.
La vejez en ocasiones es vista con lastimoso miedo. Quizás lo que tememos es perder el decoro en nuestros últimos años de vida. El cuerpo se consume y las habilidades merman progresivamente. Solo queda la experiencia, a veces subvalorada por muchos y el prejuicio infundado de haber perdido cualquier indicio de utilidad.
Por ese motivo el “Carlos Castellanos Blanco” devino para cada una de las personas antes mencionadas una gran familia que convive en una enorme casa.
Más adelante alguien susurra bajito: “Nadie quiere estar aquí”, pero en el interior refiere al hecho de la soledad, el estar lejos de los suyos o a las ausencias. En otros rostros se evidencia que para quien no tiene a nadie más, este lugar es suficiente.
La institución intenciona el intercambio entre la primera infancia y el adulto mayor.
La institución cambió bastante en los últimos años. Solo el amor engendra la maravilla y las ganas de hacer en ocasiones es el principal recurso.
Muchos reconocimientos merecen las 68 enfermeras, cinco asistentes y las auxiliares de limpieza quienes garantizan no solo la salud, acompañamiento e higiene que su trabajo aporta, sino el amor y la gratitud que quizás nadie les pueda dar.
Pero para lograr la interrelación, el compromiso y apoyo de todos se precisa de una buena guía. Ese es el caso del doctor Osvaldo Borges Herrera, actual director del centro. Es modesto y altruista, se le ve en la mirada. “Desde noviembre del 2017 estoy dirigiendo el Hogar de Ancianos”, comenta.
“En solo nueve meses se cambió la carpintería, se hicieron los comedores para obreros y para residentes en los dos bloques, se terminó el departamento de Estomatología, el teatro del centro y en la actualidad trabajan en la reparación de los baños.
“Hemos recibido un gran apoyo de la Dirección Provincial de Salud, así como del Poder Popular que nos destinó 180 000 pesos del uno por ciento de la contribución sobre los ingresos brutos por las ventas de bienes o prestación de servicios”, explica el directivo.
Este local posee la mayor capacidad del país en los de su tipo, pues pueden residir en él 282 ancianos.
“Hay un reglamento que establece los parámetros para el ingreso: tienen que ser personas mayores de 60 años de edad, desprovistas de hogar, atención familiar o asistencia”, dijo el doctor Borges Herrera.
Para quienes no poseen limitaciones motoras están las opciones de diversas actividades como ver audiovisuales en el teatro, atender el organopónico, asistir los miércoles al aula del Adulto Mayor o participar de los varios viajes en la semana a centros patrimoniales o de recreación.
“Ellos disfrutan de una protección extrema. Hoy cuentan con la garantía de sillones de ruedas y tuvimos la posibilidad de traer del hospital Frank País 52 camas nuevas. Además, los ancianitos han recibido donativos de ropa y zapatos, cada uno de ellos posee un módulo de aseo, por ejemplo, el hombre tiene su máquina de afeitar semanalmente, colonia, talco, desodorante, contamos con barberías y muchos proyectos vienen a prestar servicios de belleza. Finalmente, los ciclos de alimentación son inviolables: desayuno, merienda, almuerzo, segunda merienda, comida y merienda nocturna”, expresó el director.
“Cada mañana los asistentes bañan a cerca de 90 pacientes encamados que tiene la institución. No es una labor fácil razón por la cual para convivir en un centro con estas características la selección del colectivo laboral es un aspecto fundamental”, puntualiza el directivo.
“Los trabajadores deben ser muy humanos, y tener conciencia de que el anciano es un niño al cual hay que asistir constantemente. “Se debe dar todo sin esperar nada a cambio, esa es una de las cualidades fundamentales. También tratamos de estimularlos, por lo que se les hace una actividad en los días importantes. Pero es bien difícil.
“Las personas que están afuera no se dan cuenta de eso. Tenemos asistentes que cuidan hasta a 24 viejitos el día entero, te podrás imaginar el contenido de humanismo que poseen, es bien duro para ellas”, sentenció el médico, quien siente un amor increíble por este lugar.
Sobre el Autor
Loraine Morales Pino
Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.




