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El arte, un derecho de todos

El arte, un derecho de todos

Foto: Archivo Guerrillero.

He conocido muchas personas talentosas a lo largo de mi vida. Una parte de ellas, artistas de renombre con un alto valor creativo, inteligencia desmesurada y personalidad inquebrantable.

Pero también he conocido a quienes viven en las alturas holísticas de la enajenación con grandes tendencias narcisistas que ubican su obra al centro y rechazan nuevas fórmulas para crear o decir.

Otro grupo está integrado por quienes buscan respaldo financiero y nuevas vías de obtención de capital utilizando los problemas y necesidades de su comunidad como una atracción y dejan su solución real en un segundo plano. Pero en última instancia, no por menos importantes, sino porque sobre ellos trata este análisis, están los temerosos y rechazados.

Cada persona es un mundo, como dicta el refrán, pero cada mundo está lleno de lugares recónditos y desconocidos, y son esos oasis individuales los que esconden las musas e inspiraciones. Cada paisaje es diferente, como lo son los códigos y las formas de expresar. Entonces ¿por qué menospreciar la obra ajena?

He leído poemas increíbles de la autoría de mujeres anónimas, rechazadas por los cánones de una aparente cultura hegemónica que intenta imponer estilos. He visto escondidos bocetos hermosos porque alguien dijo una vez que no tenían la suficiente calidad artística y lo peor es que he visto el prejuicio contra bailarines excepcionales que dejan a un lado su vocación para concordar con lo que dicta el patriarcado y las lenguas machistas.

A nivel individual o espiritual sentirse artista puede ser la salida o solución para el escape de la rutina o liberación del estrés. Así han surgido múltiples proyectos comunitarios y personales, enfocados en la formación y sensibilidad humana. Muchas personas hallan en la soledad y las letras una fórmula para acorralar los demonios de la realidad y liberar su espíritu en un tiempo efímero pero emancipador.

Por eso la cultura debe ser, tal y como ha defendido nuestro sistema, más que escudo y espada de la nación, derecho y pertenencia de los sujetos.

En otra dimensión está el aspecto técnico y el acceso a los recursos.

Aun siendo defensora de que en nuestra creación es tan importante el contenido como la forma, es válido reafirmar que poseer al alcance los mejores medios para crear no es garantía para lograr una obra de mayor calidad que aquellas que surgen del ingenio e innovación. De ahí que una buena idea no debe ser mutilada por no contar con las herramientas óptimas para traerla a la realidad.

Democratizar el arte no es más que respetar la creación ajena y reconocer que todos tienen el derecho de mostrar al mundo cuánto arde en su interior, siempre y cuando no lacere la integridad de otros.

Muchas vías han sido creadas a nivel social para llevar, enseñar y promover el arte a lo largo y ancho del país. Tal es el caso de las casas de cultura, salas de vídeo, proyectos socioculturales, por solo mencionar algunos. Entonces ¿dónde está el problema si existen los mecanismos? La respuesta es simple: en la voluntad humana.

Debemos aspirar a procedimientos menos burocráticos, a una mayor promoción, a la concepción de metodologías más efectivas, así como la disponibilidad y ahorro de los recursos destinados a tan noble labor.

No obstante, está el derecho a la crítica de quienes no son letrados en las artes o expertos. En esta sociedad la cultura no pertenece a una elite ilustrada sino al pueblo. De ahí que la opinión de todos cuente, principalmente en obras de impacto social que conciben a las manifestaciones artísticas como un complemento ornamental pero también ideológico y simbólico.

En definitiva, democratizar la cultura va más allá de estructuras, sistemas y voluntades. Parte de la necesidad de abandonar los miedos a perder la “fama”, necesita valentía para enfrentar el rechazo de quienes no asumen una postura constructiva sino destructiva y termina por reconocer que todos tenemos un artista dentro que se muestra de múltiples formas.

El respeto se impone como premisa para los incomprendidos y quienes han encontrado la luz pueden ayudar a otros a realizar sus sueños.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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