Un voto con rastros de tabaco en Pinar del Río
- Escrito por Heidy Pérez Barrera
Osvaldo Jiménez. / Foto: Heidy Pérez Barrera.
Osvaldo Jiménez es campesino de pura cepa, tiene cuatro hijos y todos decidieron abrirse paso en Pinar del Río, en otras funciones menos en la vega; pero cuando las raíces son más fuertes, no vale la orientación sino los lazos de familia e identidad.
En orden ascendente, uno ya es doctor en ciencias, profesor de Economía Política en la Universidad de Pinar del Río “Hermanos Saíz Montes de Oca”; el otro, el mejor electrónico de la zona; le sigue un artífice de la madera y amante de la carpintería y ella, la única mujer, es maestra.
Este sábado, para asombro mío, visité el pedazo de patria que me vio nacer. Allí, sin importar que fuera fin de semana, ni siquiera los apenas 23 años, Yosmaily, las más pequeña de los cuatro, apenas se percibía detrás del puesto de ensartar tabaco.
Con aguja en mano, femenina siempre, se acompañaba por una amiga, pues, ayudar a su padre era en este momento lo más importante. Al concluir cada semana quedan atrás los alumnos, el aula, la escuela, la diversión, ella pretende agradecer a quien la trajo al mundo de una manera sencilla y humilde.
Graduada de la Escuela Formadora de Maestros “Tania la Guerrillera” de Pinar del Río, la niña, como le dicen quienes la conocen en el barrio, es aplicada en su profesión, los estudiantes la quieren y quienes fueron sus profesores y ahora colegas la admiran al ver como se ha crecido.
“Ser quien soy se lo debo a mi país, a esta Revolución que, sin importar de dónde vengo, me educa correctamente en el camino de hacia dónde voy, no obstante, orgullosa soy de tener en mi sangre propiedades de las personas del campo, pues venero mucho la disciplina, la idiosincrasia, el respeto, el humanismo, la solidaridad que demuestra siempre mi papá, ese hombre grande para mí y de seguro para todo el que lo conoce.
“Este domingo bien temprano volveré, después que dé mi voto por Cuba, por mi padre, por mis futuros hijos, por mis hermanos, por la continuidad, para mí no será domingo, sino otro día con característica diferentes, será una jornada que se alzará nuevamente en la historia, quedará aprobada, segura estoy, mi Constitución”. La niña y su amiga parecían que contemplaban con ternura las hojas del mejor tabaco del mundo, al menos para quienes forman parte de la familia Jiménez, en tanto, es pura vida el olor que se desprende de adentro de aquellas cuatro paredes agrietadas de los años.
Ella, junto al resto de sus hermanos que ninguno sobrepasa los 30 años, a cada rato vuelven a andar por esos sembrados con orgullo, recordando que allí nacieron y se forjaron dentro de buena gente.
Regresan porque saben que es justo en la comunidad de Guainacabo donde son exclusivamente únicos y nada en el mundo los hará desistir de la idea de abandonar cada centímetro de sus entrañas.
Sobre el Autor
Heidy Pérez Barrera
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.




