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“Me da el rumbo: primera garantía de mi Constitución”

Marta Prieto, doctora en Ciencias Jurídicas y profesora de la Universidad de La Habana.

Marta Prieto, doctora en Ciencias Jurídicas y profesora de la Universidad de La Habana. / Foto: Elizabeth Colombé Frías.

De plácemes fue la oportunidad de formar parte del auditorio que escuchó a la doctora en Ciencias Jurídicas Marta Prieto, profesora de la Universidad de La Habana, cuando hace unos días visitó la provincia. Vino a hablarle a la comunidad universitaria sobre el tema que, en los últimos tiempos, a todos nos ocupa: la Constitución.

Querer deslindar lo más importante de sus palabras me fue imposible. Para el contexto actual todo me parecía significativo, pero el oficio me establece cierta cantidad de caracteres. No obstante, me atreví a sobrepasar la medida, amén de que su excelencia estuvo prevista de más palabras.

“Nos encontramos en un momento crucial”, refirió, y se disculpó por leer algunas cosas con tono especial para luego ir al debate.

Necesidad de la reforma y resultados fue el tema de la conferencia que indiscutiblemente respondió al nombre de magistral. En la presentación dijo: “Quiero que pensemos, no en el resultado de lo que hemos obtenido, sino en el resultado de todo lo que nos queda por hacer, para lograr que eso que estamos aprobando, sea”.

A continuación, le ofrecemos al lector un resumen de sus palabras.

EL CAMINO

“La idea de que la Ley tiene que estar escrita, de que si está escrita es cierta; si está escrita y es cierta, es previa; si está escrita es pública y permite el conocimiento por todos, los destinatarios y los actores, de qué hacer y cómo hacer, ha caracterizado la dinámica funcional de los estados de la época moderna, y en esa misma dinámica se insertan los textos constitucionales.

“Los textos constitucionales, en cualquier sociedad, juegan un rol esencial en el mecanismo del ejercicio de poder, en lo cotidiano, en la garantía de los derechos, en la implicación del pueblo con los procesos de toma de decisiones, pero también el hecho de que esté consagrado ese quehacer sirve de garantía al destinatario de la norma, de que ya sabe hacia donde va a ir, como va a ir y con que límites se va a producir esa acción.

“Por lo tanto, las constituciones son esos instrumentos en los cuales se le pone lo más esencial que tiene cada sociedad, y a su vez, son la ley más importante de cada una de ellas. Ante el reclamo de incorporarle esto, aquello, lo otro, es porque si es la más importante, tendremos la confianza de que todo lo que se ponga ahí, sea.

“Hablamos entonces de que haya una coherencia entre el dicho y el hecho, entre la Constitución formal y material. Expresado más técnicamente, entre lo que prevén las normas en sentido general y la Constitución en sentido particular, que se instrumenten”.

LA SOMBRILLA DEL SOBERANO

“Desde que el pueblo participa en dicho proceso, no en el debate solamente, sino en el voto soberano, está diciendo que: ‘Yo pueblo quiero eso’, que le interesa establecer los mecanismos, las formas, los medios, para que eso que, ‘yo soberano voté’ se cumpla, porque por encima del soberano, el soberano.

“Lo que allí esté tiene que ser y no otra cosa, bajo ningún concepto, salvo situaciones excepcionales, y buscaremos la forma de durante la excepcionalidad, salvaguardar los bienes mayores, dígase la vida, la integridad territorial, la existencia integrada de esa comunidad.

“Si bien las constituciones brindan estabilidad al yo saber cómo se va a actualizar el aparato estatal, cuáles serán mis derechos, cómo los podré reclamar, cuáles serán mis deberes, cómo debo actuar hacia el futuro; también las sociedades cambian y hay cambios económicos que potencian a otros sociopolíticos. Los hay internos en el orden político que llevarán a transformaciones en la mirada de determinado fenómeno, hay situaciones externas que potencian movimientos internos.

“En esos cambios se supone que muchas veces las sociedades tienen que avanzar y la letra se queda atrás, desactualizada, porque las sociedades empujan.

“A partir de aquí otro tema importante: las sociedades empujan y en determinado momento sobrepasan a la Constitución, ahí hay un problema serio, cuando sucede esto, la Ley con la fuerza superior deja de ser la sombrilla general y protectora de la estabilidad y de la seguridad jurídica para toda la sociedad y se transforma en letra muerta, queda como un programa a cumplir pero no como una norma imperativa, obligatoria para todos, entonces se abre inevitablemente una necesidad de reformar el texto o de hacer un texto nuevo, el cambio tiene que producirse para que se vuelva a reordenar la sociedad.

“Si miramos a Cuba es evidente que nuestra sociedad, nuestras normas y nuestra sombrilla, requerían una mirada reformadora”.

AÑOS ACUMULADOS

“Se acordarán los que votaron conmigo en 1976 de un texto que estableció una propiedad estatal socialista sobres todos los medios de producción y el Estado lo aseguraba todo.

“Reformamos en 1992 y dejamos la propiedad estatal socialista sobre los medios fundamentales, permitimos la inversión extranjera y empezamos a estimular poco a poco la actividad económica privada, pero bajo la fórmula de ‘mi casa, mi carro, mis libros’, de la propiedad personal, de aquella que habíamos concebido para la satisfacción de las problemáticas personales y familiares, no para ponerla a producir.

“Pero es que los cambios económicos potencian cambios sociales, ideo-culturales. Hoy tenemos una diversidad de posibilidades y de maneras de ver la vida, por eso el texto del ´76 que era de obreros, campesinos, trabajadores manuales e intelectuales, en el ´92 dijimos solo ‘trabajadores’, hoy lo decimos igual pero de una manera diferente, porque la sociedad ha cambiado y necesita que todos nos incorporemos en pos de ello.

“Lo anterior nos lleva a mostrar que necesitábamos una reforma, y por lo tanto, desde esa lógica, se abrió el proceso de elaboración de la Constitución”.

SUPREMACÍA

“Hay que entender que es imperativa y no orientadora; si la Constitución establece que se puede, se tiene que poder.

“Otro elemento trascendental es que tiene fuerza, rango y valor superior para todo y en todo momento, parece cuestión doctrinal, es algo que decimos cada día, pero no lo vemos en la práctica; cuando se dice rango, por encima de ella, el pueblo; fuerza, por encima de ella, una reforma.

“Debe entenderse además como una ley que fija los máximos y no los mínimos, este es uno de los temas más controvertidos hoy día, porque una ley que fija los mínimos da el punto de partida, pero no fija el tope.

“Los límites sí necesitan estar establecidos para que la supremacía constitucional se mantenga, de lo contrario será difícil asegurar la consecución de ese texto tan lindo. Se necesita un cambio de paradigma, un cambio de concepción para entre todos hacer cumplir y hacer realidad el cambio que estamos aprobando”.

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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