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Viñales y la atracción cósmica

Viñales y la atracción cósmica

Foto: Januar Valdés Barrios.

¿Una bomba? ¿Un avión? ¿Un derrumbe? Nadie supo a ciencia cierta qué ocurría. Las líneas telefónicas colapsaron. Hubo silencio y preocupación tras el estruendo. Minutos más tarde llegaron las primeras señales de lo ocurrido: se escucharon tres explosiones, hubo una “bola de fuego”, las paredes retumbaron, algunos vidrios quebraron y la gran mayoría de la población salió despavorida a las calles.

A los pocos minutos los teléfonos comenzaron a sonar incansables en busca de respuestas, pero nada. Solo hipótesis y especulaciones populares. Algunos decían que la caldera del hospital pediátrico Pepe Portilla había explotado. Otros que una aeronave había caído sobre la fábrica de galletas. Finalmente, el Centro de Pronósticos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) anunció que un meteorito había impactado en Viñales. Una amiga lo confirmó.

Poco tardó el pueblo en saber los pormenores. Unas piedras habían descendido del cielo impactando, entre otros sitios, en la zona del Mural de la Prehistoria. En las manos del administrador del sitio estaba la evidencia.

LOS TESTIGOS CUENTAN

El evento astronómico fue perceptible en toda la provincia, e incluso, en parte de La Habana.

Trabajadores del centro turístico encontraron tres muestras del objeto cósmico. La mayor, de 470 gramos y siete centímetros de longitud, dejó un agujero en la fibra metálica colocada en las instalaciones como parte de las labores reconstructivas iniciadas el pasado 14 de enero.

En el momento del suceso, Rafael Damián Cabrera Pérez, trabajador de la Empresa Constructora del Turismo (Emprestur), laboraba junto a su brigada en la reparación del local. Sin esperarlo, un pedazo de roca cayó a su lado.

“Estábamos haciendo la instalación eléctrica cuando sentimos el ruido en el cielo. Era como si estuvieran bombardeando. Me asomé, vi una humareda que cambiaba de color en cada explosión. Todos nos alarmamos pensando que fuera un avión. Pero el ruido se fue alejando y a los pocos segundos cayó la piedra”, relata.

A menos de un kilómetro, Luis Deulofeu descansaba cómodamente en su hamaca hasta que escuchó la primera explosión.
“En la casa estábamos en función del almuerzo cuando escuchamos un ruido semejante a un avión o algo en el cielo. Luego sentimos el impacto a la entrada de la casa. Lo puedo catalogar como un rayo seco. Nos quedamos un poco paralizados porque el ruido no fue agradable y pensamos que podrían seguir cayendo rocas. Recogimos las muestras y nos fijamos que los restos brillan al exponerlos al sol”, narra Deulofeu mientras sostiene las evidencias en una bandeja.

En el centro del pueblo, Tamara Jiménez García, gestora de alojamiento, estaba conectada a internet. Cuando sintió el estruendo solo atinó a capturar el instante con su móvil.

“Cuando miré para el sol vi como si hubiera algo desprendiéndose. El sol estaba bastante oscuro, como si una nube lo tapara. Entonces saqué mi celular y tomé la foto. A unos metros del parque cayeron unos trozos de piedra. No sabía que estaba sucediendo, por lo que inmediatamente llamé a mi familia”, detalla.

La búsqueda de fragmentos del meteorito devino aventura para los pobladores, quienes decidieron obtener su propio recuerdo. De ahí que fueron encontrados fragmentos en otras partes del Valle de Viñales, en la carretera a Las Maravillas, en el kilómetro 26 a Puerto Esperanza, el asentamiento El Bostezo, reparto El Progreso y frente a la sede de la Asamblea Municipal del Poder Popular. El mayor fragmento encontrado midió 11centímetros de longitud en la zona de Palmarito.

Las muestras cósmicas pudieran describirse como una piedra quemada, debido a la velocidad de descenso a través de la atmósfera, la cual según los especialistas puede sobrepasar los 70 kilómetros por segundo. Refirió el viñalero Rayner Rivero que olía a pólvora y carecía de sabor.

LOS INVESTIGADORES DETERMINAN

Han pasado siete días desde el suceso y sin embargo, este aún constituye uno de los principales temas de conversación en las calles y las redes sociales. Nadie niega el impacto que tuvo no solo para Viñales y Vueltabajo en general, sino también para la ciencia en Cuba.

Pocas horas separaron el momento del impacto de la llegada de los especialistas. Se personaron en el lugar expertos provenientes del Instituto Nacional de Geofísica y Astronomía (INGA), la Delegación Territorial del Citma, el Centro Meteorológico Provincial, el Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales Ecovida y la Oficina de Geofísica del Ministerio de Energía y Minas (Minem), con el apoyo de autoridades del Gobierno y el Ministerio del Interior (Minint).

Los estallidos percibidos constituyen un efecto natural del aire, provocados por el descenso del meteorito a una velocidad semejante a la del sonido, una vez que atraviesa la parte baja de la atmósfera. Como consecuencia estuvo además la fracturación de su tamaño inicial.

Efrén Jaimez Salgado, investigador del INGA, informó que, teniendo en cuenta el cráter donde cayó la mayor pieza, es posible que el peso del objeto principal sobrepasara la tonelada.

Un radar de Cayo Hueso, así como satélites de Estados Unidos y Canadá, estimaron que el meteorito estalló a una altura de ocho kilómetros y poseía cuatro metros de diámetro al entrar a la atmósfera.

En tanto, Abel Méndez, astrobiólogo de la Universidad de Puerto Rico, consideró que estalló a 15 kilómetros de altura, quien estimó sus cálculos basado en el tiempo de la explosión sónica grabada en un video por un residente de la provincia de Pinar del Río.

Tras analizar algunas muestras, el doctor en Ciencias Manuel A. Iturralde Vinent publicó en el sitio digital Cubadebate que el meteorito que provocó la lluvia de fragmentos de roca sobre el Parque Nacional Viñales es del tipo acondrito, el menos abundante, que se distingue de otros condritos por presentar pocos cóndrulos (pequeñas inclusiones esféricas formadas por minerales como olivinos y piroxenos).

“Se trata de una roca rara, extremadamente densa, muy fuera de lo común, con un enjambre de minerales metálicos grande. Rica en minerales de hierro, sulfuro de hierro, pero no asemejan ser un sulfuro de hierro que conozcamos a simple vista. También tiene una serie de minerales ferromagnesianos que se asemejan a algunos de los que son terrestres, pero hay que estudiarla más para identificarlos”, declaró al sitio TV Yumurí.

El especialista indicó además que la matriz del objeto cósmico está compuesta por minerales del grupo del olivino y del piroxeno, en el que de forma dispersa se presentan numerosos agregados cristalinos de minerales metálicos tipo pirrotina y otro no identificado aún, así como escasos granos de cromita.

“Como caso excepcional, en algunos fragmentos se observan aislados granos de cuarzo. La roca presenta características magnéticas, determinadas por el alto contenido de hierro de la pirrotina”, asegura Iturralde.

UN ROMANCE DE MUCHOS SIGLOS

Pareciera casualidad el reencuentro de un cuerpo celeste y el Valle de Viñales. Por estos días expertos rememoran el impacto del gran meteorito de Yucatán que cambió la vida en nuestro planeta. Este año las consecuencias no fueron drásticas, pues no se reportaron daños físicos ni materiales en la localidad.

Sin embargo, en los alrededores de Viñales hay muestras del impacto del meteorito que hace 65 millones de años generó la extinción de los dinosaurios entre otras especies y que cambió el clima y la vida en la Tierra.

¿Atracción cósmica? No lo sabemos. Por el momento fue solo un instante de adrenalina y peligro pasajero.

Una vez pasada la incertidumbre están quienes conservan un pedazo de la roca estelar que irrumpió un primero de febrero en la rutina diaria de un poblado turístico; otros en el futuro recordarán la aventura de desandar los montes buscando un suvenir; e incluso sé sobre quien tatuó dicho instante en algún lugar de su cuerpo para no olvidar. Viñales continúa recolectando asombros y sus pobladores buscando motivos para mirar al cielo.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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