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La luz primera de cada 17 de enero en Pinar del Río

Primera visita de Fidel a Pinar del Río después del triunfo de la Revolución del 1ero de enero de 1959.

Primera visita de Fidel a Pinar del Río después del triunfo de la Revolución del 1ero de enero de 1959.

La vida ya le suma 60 eneros a esta tierra y la memoria sigue intacta. Siempre que se acerca el 17 de enero, la misma noche vuelve y se repite con nuevos ánimos y alientos, pues el destino es caprichoso y se niega a olvidar, como apuntara la periodista Blanchie Sartorio, mi mentora primero y colega después, en una de sus páginas de Guerrillero: “...uno de los sucesos que cambió la vida del territorio y llenó de esperanza a la olvidada Cenicienta”.

Había triunfado la Revolución hacía apenas unos días y Cuba entera sentía el júbilo de la victoria, desde Oriente hasta La Habana vino Fidel con el afán de celebrar junto al pueblo la merecida gloria. Días después, el comandante reanudó la marcha hacia occidente.

RESPLANDORES DE UNA CARAVANA

Según publicó Guerrillero posteriormente, “...a todo lo largo de la Carretera Central un pueblo libre se apostaba para recibir a los nuevos mambises, quienes por coincidencia histórica arriban a la capital pinareña en igual fecha que Maceo con sus tropas”.

Se escribía una nueva página en la historia que honraba al Ejército Rebelde, desde el justo momento en el que el más aplaudido de los barbudos entraba a Guanajay, límite en ese entonces con la provincia de La Habana, fueron homenajeados los caídos en la guerra.

De su voz se escuchó: “La política extorsionista e injerencista ha desaparecido en Cuba, el triunfo es del pueblo y para el pueblo; las madres artemiseñas de nuestros muertos en la batalla, reciben hoy, de por mí y mis hermanos vivos, el recuerdo más fiel y la lágrima infinita”, declaró en sus sentidas palabras, como tributo a tanta sangre brindada para la causa.

El semanario Trabajadores publicó hace dos años sobre la gesta. Entre sus líneas leí que fue alrededor de las ocho y treinta minutos de la noche que Fidel entró finalmente en la ciudad de Pinar del Río. Allí despachó con el jefe militar de la provincia, comandante Dermidio Escalona, y su Estado Mayor, en la comandancia del Ejército Rebelde en la provincia, localizada en el antiguo Regimiento Rius Rivera.

Evidencia de la firma de Fidel al enviar un saludo a los pinareños a través de la revista Sol el 17 de enero de 1959.Evidencia de la firma de Fidel al enviar un saludo a los pinareños a través de la revista Sol el 17 de enero de 1959.

Pero el momento cumbre tuvo lugar en la intersección de Martí y Rafael Ferro, sobre una rastra preparada para la alocución, ante la cual aguardaban los pinareños. Eran aproximadamente las nueve de la noche cuando comienza a subir la escalera, en la cual lo esperaba un joven pinareño de 29 años con una revista local, llamada Sol, para que la firmara. Aquel novato llevaba todo el día de pie, sin comer nada ni moverse del lugar para no perder su posición.

El diario de los trabajadores cubanos recreó las palabras de aquel muchacho al dirigirse al Comandante, cuando pidió, extendiéndole la mano: “Tengo que hablar con usted”.

Juntos caminaron hacia el micrófono de la improvisada tribuna: “Mire, Comandante”, dijo y le enseñó un reportaje sobre la muerte de un connotado asesino batistiano, Jacinto Menocal. Sin que nadie lo molestara, Fidel se abstrajo durante un tiempo en las páginas, sin mostrar interés en nada más.

Se comenta que la multitud, apelotonada alrededor, gritaba. “¡Fidel, Fidel!”. Arnaldo Graupera Morejón, actualmente con casi 90 años, sé que aún recuerda con satisfacción aquellos momentos, mientras esperaba que el líder rebelde finalizara la lectura.

UN SOPORTE DE FIDELIDAD

La revista Sol es hoy un símbolo trascendental para los vueltabajeros, más allá de los relatos expuestos en sus páginas, se convirtió en el soporte para que Fidel enviara, por primera vez, un saludo a los pinareños.

Esta publicación tuvo sus orígenes en las manos de Evelio Velis Medina, quien, según Blanchie Sartorio, es de esas personas que todos debiéramos conocer, porque destila honradez, modestia y un desvelo apurado por estar donde es útil. A él siempre le gustó incursionar en el periodismo y a través de la publicación periódica Sol abordó los hechos más relevantes de Los Palacios y abarcó desde Guanajay hasta Mantua con ayuda de los corresponsales.

Y fue muy útil su revista, aunque muchos desconozcan su existencia. Aquella noche, allí estaba Sol. La incertidumbre era cómo llegar al lugar preciso para tener de primera mano un buen trabajo periodístico para el próximo número.

Es entonces cuando vuelvo a hablar de Arnaldo Graupera Morejón, quien era el presidente de la Asociación de Operadores de Radio en aquellos momentos y como colaboraba con la revista, Evelio aprovecha para extenderle entre la multitud el número anterior que publicaba la captura de Menocal y una hoja de papel para que la firmara.

De lo demás se encargó Graupera, hoy jubilado de este semanario quien ha manifestado en varias ocasiones que tuvo tanta suerte, que se propició la situación, y pudo cumplir su cometido. “Imagínate, entre mucha gente que ocupaba las calles cercanas. Nunca he visto la ciudad tan llena como aquella vez. No se podía avanzar entre tantos revolucionarios”.

Mientras la población esperaba por sus palabras, Fidel leyó ensimismado el reportaje sobre el encuentro con el esbirro batistiano y le preguntó sobre la revista, su procedencia y profesión.

Graupera declaró: “No le hice preguntas para un reportaje. Cuando concluyó, le dije: Comandante lo dejo, que usted tiene mucho que hacer esta noche. Si usted quisiera firmar aquí… y lo hizo. Después se viró para el micrófono. ‘Se oye, se oye’, dijo. En su discurso de esa noche reafirmó que las cosas no iban a ser más fáciles, sino que empezaba la verdadera lucha”.

A partir de aquella firma en la revista Sol, los pinareños se convirtieron en testigos y protagonista de la trinchera que echaba a andar y que hoy logra mejores cimientos, porque han transcurrido 60 años de aquel soplo al corazón, en el que el líder histórico diera, para siempre, el mejor “saludo a los pinareños”.

Foto donada por Lucio Bencomo Valle al Archivo Provincial de Historia de Pinar del Río, justamente el día antes del fallecimiento del Comandante en Jefe, el 24 de noviembre del 2017. En ella aparece Celia Sánchez Manduley sentada sobre un auto.Foto donada por Lucio Bencomo Valle al Archivo Provincial de Historia de Pinar del Río, justamente el día antes del fallecimiento del Comandante en Jefe, el 24 de noviembre del 2017. En ella aparece Celia Sánchez Manduley sentada sobre un auto.

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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