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La Palma de la Libertad, el Parque de la Independencia y un patriota olvidado

Parque de la Independencia en Pinar del Río sin glorieta.

Parque de la Independencia en Pinar del Río sin glorieta.

Hasta el Ayuntamiento municipal de Pinar del Río se fue aquel 14 de diciembre de 1898 un anciano de pelo y barba blancos para presentar por escrito su solicitud. Sin muchas contemplaciones, su pedido fue rechazado.

¿En qué consistía?

Proponía que se nombrara la Plaza de Recreo como Parque de la Independencia.

José Nicolás de los Dolores González Curbelo,José Nicolás de los Dolores González Curbelo.

José Nicolás de los Dolores González Curbelo no cejó en su propósito y el 18 de diciembre convoca a las señoras y señoritas cubanas de más alto abolengo de la urbe a una reunión en la casa del patriota doctor Antonio Rubio.

Se crea entonces el Club Palma de la Libertad, para poner bajo la protección de las damas el árbol símbolo de la Patria que era propósito plantar en la que fuera plaza de armas del poblado.

La palma real estaría rodeada de un enrejado de hierro y con una inscripción en la que rezara la fecha de entrada a la ciudad del general de división Juan Lorente de la Rosa al frente de su tropa del Ejército Libertador, como símbolo de la independencia que Cuba había logrado de España.

En el acta de constitución de la junta directiva se acuerda invitar al general George W. Davis, jefe de las tropas interventoras estadounidenses que ocuparían oficialmente a Pinar del Río a partir del primero de enero de 1900.

PROPÓSITO CUMPLIDO

El 28 de diciembre se siembra una palma real traída de la finca Iviricu, cercana a la ciudad, pero no hay acto alguno en esa fecha.

Es el día inicial de 1900 que se inaugura el que resulta el primer monumento del que se tenga conocimiento erigido en la isla a la libertad de Cuba.

En sus palabras, González Curbelo hace referencia al sitio como Parque de la Independencia, nombre que toma el lugar a partir del cuatro de enero de ese año, al ser aprobada por el Ayuntamiento la propuesta del concejal Alfredo Porta Rojas.

Con conocimiento de causa del bejucaleño, el día de la inauguración de la Palma de la Libertad se hizo coincidir con la fecha en que comenzaba oficialmente la primera ocupación militar de Estados Unidos en Cuba que duró hasta 1902, según lo pactado por el naciente imperio y España en el Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, sin la presencia de los cubanos.

Del sitio inicial no queda nada en el Parque de la Independencia. Las diversas remodelaciones del lugar y el transcurso del tiempo le han pasado factura a un hecho histórico que merece ser venerado.

Pero también ha conspirado para el olvido el desconocimiento del simbolismo de aquella palma real que José González Curbelo quiso que con su enhiesta y solitaria presencia representara la libertad conquistada por los cubanos, pero arrebatada por la componenda de Estados Unidos y España. UN “VIEJO BUENO”

¿Quién fue el tozudo anciano que hizo posible la siembra de la Palma de la Libertad y del surgimiento del Parque de la Independencia?

El hombre de tan largo nombre había nacido en Bejucal, perteneciente entonces a La Habana, el 10 de septiembre de 1835 y desde joven destacó por sus habilidades como tabaquero y por su rechazo a la condición de colonia de España que poseía Cuba.

Poco después del inicio de la Guerra de los Diez Años, marcha a Nueva York con su esposa y sus dos primeros hijos y más tarde la familia se asienta en Filadelfia.

En esa urbe apoyó a la causa independentista y es designado agente confidencial para recaudar fondos, armas y medicamentos que eran enviados a la Isla. Allí funda, en 1873, la sociedad de socorros mutuos La Luz, inspirada en las ideas y principios de José de la Luz y Caballero, primigenia dentro de las logias creadas por cubanos radicados en Estados Unidos y en varios países de América que contribuyeron enormemente a las luchas por la independencia del yugo español.

Tras el Pacto del Zanjón, González Curbelo regresa a su tierra por poco tiempo, porque comprende que la libertad no se ha conseguido.

De nuevo en Filadelfia, se une a los patriotas que, como parte de la llamada Tregua Fecunda, van creando logias y a la vez procurando unir a todos los cubanos que ansiaban despojarse de la opresión de España para llevar a cabo la que José Martí definiría como la Guerra Necesaria.

Es entonces cuando pone a disposición del Apóstol la orden de los Caballeros de La Luz; y precisamente siguiendo sus indicaciones, el ya casi sexagenario patriota, recorre durante el año 1892 los centros de emigrados radicados en Estados Unidos para procurar que se nuclearan en el naciente Partido Revolucionario Cubano, del cual se le considera fundador.

De esa época son las cartas de Martí al bejucaleño en que le nombra indistintamente “Mi viejo González”, “Noble González”, “González querido” o “Al viejo bueno”.

Tal fue la confianza depositada por el Maestro en este patriota, que en 1894 le encomienda ir a República Dominicana a entrevistarse con Máximo Gómez, para crear las condiciones de la reunión de la que alumbra el manifiesto de Montecristi.

Ya iniciada la contienda, González Curbelo regresa a Cuba disfrazado de pordiosero y se incorpora en Artemisa a conspirar. Por una delación, es hecho prisionero en 1897, pero su condición de ciudadano estadounidense le facilita poder salir del país.

Retorna en 1898, cae preso de nuevo, pero espectacularmente salta del tren en que le conducían a La Habana y se une al sexto cuerpo del Ejército Libertador. Con esas fuerzas mambisas entra en la ciudad de Pinar del Río y hace la propuesta que le vincula para siempre con la capital vueltabajera.

NOTA: Para la elaboración de este artículo el autor tuvo la valiosa cooperación del historiador pinareño Jorge Valle González y utilizó datos que aparecen en el libro Tras las huellas del patriota desconocido, de Julio Ismael Martínez Betancourt e Idael Sanabria Gálvez.

Sobre el Autor

Edmundo Alemany

Edmundo Alemany

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba.

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