“Los niños nunca dejan de sorprenderte”
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
Enseñar es la razón de ser de Angelito. / Fotos: Januar Valdés Barrios
Desde hace un tiempo estaba por conversar con Ángel María Torres Díaz, “Angelito”, instructor de arte, director artístico, músico autodidacta y creador de la compañía Sueños de Ángeles. Le debía esta entrevista por todo cuanto de hermoso ha hecho por los infantes pinareños, incluida la niña que fui yo.
Ángel María Torres Díaz, “Angelito”.
Sus padres escogieron un buen nombre para él, uno que lo describe tal cual es: dulce en su trato con la gente, noble y comprometido con los otros. Sentado en el borde de su sofá, como quien lleva un poco de prisa, me contó anécdotas de su vida, como la vez que, con solo 11 años, decidió irse a alfabetizar.
“Me ubicaron por Punta de la Sierra, Guane, en la casa del gallego Valdés y su mujer. En las noches, bajo la luz de mi farol de alfabetizador, les enseñé a escribir sus primeras letras. Vivían con dos nietos: Robertico y Marianita. ¡Cómo olvidar sus nombres!
“Yo dormía en un cuarto de tablas y guano que tenían aparte de la casa. A las seis en punto el gallego me despertaba: ‘Espabílese Angelito que el surco le espera’.
“Allí aprendí a sembrar yuca, boniato, a recoger maíz y a ordeñar vacas. Fue una etapa linda, linda. Creo que aprendí más de esa gente que lo que alcancé a enseñarles”.
Cuando acabó la Campaña de Alfabetización le propusieron una beca para estudiar instructor de arte en una escuela que se había habilitado en el hotel Comodoro de La Habana.
“No sabía si escoger música, teatro, danza o artes plásticas. Cualquier cosa de esas te ofrecían y me dije: ‘Bueno, vamos a estudiar teatro a ver lo que pasa’.
“Recibíamos Escenografía, Vestuario, Maquillaje, Literatura y Crítica de arte, asignaturas complementarias que ayudaban a la formación integral de los instructores. Tuvimos además un claustro de maestros fuera de liga como Félix Pita Rodríguez, Onelio Jorge Cardoso, Bebo Ruiz y los hermanos Revuelta, entre otros.
“En diciembre de 1964 nos graduamos en el teatro Mella con la puesta en escena de La gallina de guinea, inspirada en nuestro folclor cubano. Luego empezamos a trabajar directamente en las comunidades”.
A Angelito lo ubicaron en el poblado rural de Piloto. En su vida habían visto aquellos campesinos una representación teatral y recibieron, sin mucho entusiasmo, al joven instructor.
“Me sentía un extraterrestre allí; pero debía ganarme la confianza de esa gente y comencé a compartir sus rutinas en el campo, a trabajar codo a codo con ellos, a tornarme una cara familiar. Aquellos hombres rústicos empezaron de a poco a interesarse por mi arte y logré incluso captarlos para algunas obras.
“Tiempo después me enviaron para La Palma junto a otros talentosos instructores y allí nació un movimiento de aficionados muy activo. Dábamos talleres con niños, amas de casa y miembros de las cooperativas y el resultado era alentador”.
Hacia 1980 Angelito se instaló definitivamente en Pinar del Río. Por esos años viajó a la URSS para estudiar dirección artística y se quedó fascinado con el trabajo de los teatristas soviéticos, con sus diseños de luces y con la magia de sus obras.
“Tu imaginación se ensancha, tus habilidades crecen cuando te dan la oportunidad de conocer referentes tan altos. Todo lo que aprendí a lo largo de mi vida me sirvió más tarde para dirigir espectáculos. Alrededor de 15 años estuve produciendo el Planeta Azul en esta provincia de conjunto con esa talentosa mujer que es Doris Méndez, directora de Alas Teatro.
“Tú me conociste en esa época y de seguro recuerdas cómo se repletaba el teatro Saidén. Las dos mil y pico de butacas no alcanzaban para acomodar a tanto público y había personas de pie o sentadas en los pasillos…
“El Planeta Azul fue una idea genial que tuvo el instructor de arte Luis Rodríguez Arencibia para rescatar la música escrita y compuesta para niños. Actualmente la iniciativa no goza del respaldo que tuvo en sus años iniciales; prácticamente la casa de cultura Pedro Junco carga sobre sus hombros con todo el trabajo de producción, pero a pesar de ello, reconforta ver que el concurso sigue vivito. Ojalá nunca se pierda”.
Angelito aprendió por su cuenta nociones de piano, guitarra y acordeón y quedó atrapado por la música para siempre. Luego resolvió musicalizar poemas de escritores vueltabajeros y nacieron así tiernas y graciosas melodías como Espantapájaros, La charca y el riachuelo y Gato Paco, que representaron a Pinar del Río en el festival de música infantil Cantándole al Sol.
En el año 2007 este incansable creador fundó su compañía Sueños de Ángeles.
“No porque yo me llame Ángel le puse así, sino porque los niños son para mí como pequeños querubes que siempre andan maquinando ideas, fantaseando.
“La compañía está integrada por muchachos que tienen desde cinco hasta 20 años; los de 20 son niños grandes que ya están en la universidad pero no quieren abandonarme.
“Hay dos profes de danza, uno de música, uno de teatro y un equipo de aseguramiento, que son los padres que trabajan de conjunto conmigo en todo lo que es el trabajo de producción: maquillaje, vestuario, aseguramientos...”.
A sus 13 años de creada, Sueños de Ángeles no dispone de un local propio para los ensayos, pero al menos cuenta con un pequeño presupuesto mensual que le asigna la Dirección Municipal de Cultura.
“Todos los años, en agosto, estrenamos un espectáculo en el ‘Milanés’. Te pudiera hablar por ejemplo de Fiesta en la juguetería o El guajiro natural, este último fue un homenaje que hicimos a Polo Montañez. También efectuamos giras por los municipios y llegamos con nuestro arte a los lugares más intrincados.
“Tendrías que ver la cara de felicidad de mis muchachos cuando suben a escena, la forma en que se entregan. Es realmente gratificante trabajar con ellos. Los niños nunca dejan de sorprenderte”.
Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.