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El mejor tiempo: el que dedica a sus alumnos

Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Como cada diciembre celebramos en Cuba la jornada de homenaje a los educadores, una profesión honorable y que tanto aporta a la sociedad. Por tales motivos entrevistamos a una profesora destacada del municipio de Los Palacios en Pinar del Río.

Para la profesora Adileidy Gato Miranda, docente de la secundaria básica XX Aniversario de la Revolución, del municipio de Los Palacios en Pinar del Río, sus alumnos son muy importantes en su vida. Por eso todo el tiempo que les dedica a ellos le parece poco.

Esta educadora de 47 años de edad, de los cuales más de la mitad ha dedicado al trabajo como maestra, es ejemplo en su territorio y en su escuela, de ahí que será estimulada con el premio que otorga la Ministra de Educación.

¿De todas las actividades que hace en la escuela cuál prefiere?

“Tengo 11 niños que almuerzan la merienda escolar, los otros van para la casa; después que se alimentan hacemos varias actividades: unos juegan dominó, otros ven programas educativos o conversamos de muchos temas. Tengo padres que cuando tienen una situación con los hijos en la casa me llaman y me la cuentan, entonces los aconsejo.

“A los muchachos les gusta estar conmigo y aprovecho para saber de sus problemas y poderlos ayudar. Las personas me dicen: ‘Tú no sales del aula’, y es que disfruto estar con ellos y hacer mi función de profesora guía”.

¿Cómo caracterizaría al grupo?

“Son como todos los adolescentes, estoy con ellos desde séptimo grado –ahora en octavo– y los voy formando como soy yo: educados, organizados, disciplinados y trato de enseñarles lo que soy. Eso me ha salido muy bien, porque hoy son el mejor grupo de la escuela. Estos 46 niños, junto a sus familias, constituimos una familia grande.

“Gracias al trabajo domino los problemas de mis alumnos, converso con los padres y en las escuelas de Educación Familiar trato de llevar el tema que más se me dificulta en ese mes, siempre a partir de una situación que suceda en el aula”.

Por los años que lleva dando clases, muchos deben ser los palaceños que hoy caminan por las calles del pueblo y reconocen a su profe de Informática o de Educación Laboral.

“Tengo exalumnos que en la calle me dicen ‘¡Maestra!’. Los veo tan grande y les digo en juego: ‘Hablen bajito, no digan que fui su profesora’”. Entonces por primera vez desde que comenzamos a hablar Adileidy ríe y disfruta la conversación.

“Todos me saludan cuando me ven, guardo fotos con ellos en eventos que fuimos juntos, de los de ahora y de los de antes. Tengo un hijo de 19 años, y al quedarme con uno solo, los alumnos también forman parte de mi vida”.

De los inicios de su profesión también nos cuenta. Esta vez nos habla de retos que tuvo que asumir cuando comenzó la dualidad de asignaturas a impartir.

“Comencé dando clases de Informática, después tuve que incursionar en Educación Laboral. Era una asignatura nueva. ¿Qué hice? Pues prepararme, estudiar la materia, los programas, preguntar a los profesores y después me quedé en la especialidad; incluso, he hecho proyectos con los estudiantes que han servido hasta para donar al círculo infantil. Confeccionamos juguetes y los llevamos para los niños.

“Escogí ser maestra porque me gusta, cursé mis estudios siempre en Los Palacios y desde niña jugaba a ser maestra, eso era lo que hacía, entonces tuve la oportunidad de cursar la carrera y la he disfrutado en el transcurso de los años”.

Sabemos que le gusta investigar...

“Tengo muchos trabajos investigativos y de foros con respecto a los niños. Cuando trabajaba en Informática confeccioné medios de enseñanza, ya que fallaba la electricidad y gracias a eso podía seguir la clase”.

¿Retos?

“Siempre hay algo que lograr como maestra, uno no se puede cansar, hay que seguir investigando. En el trabajo con los muchachos aún me quedan cosas por conseguir, pues los cursos son con niños y familias diferentes y eso lleva preparación. Cada año la labor es distinta”.

Cuando piensa en alguna de sus maestras que le haya servido de ejemplo, ¿quién le viene a la mente?

“Tomasita. Ella ya no está, pero siempre nos inculcaba lo bueno. Lo que aprendí y lo que le enseño a mis alumnos se lo debo a ella; cuando nos equivocábamos en la lectura o en los cálculos te lo decía con tanto amor. Fue mi maestra de Primaria”.

Entonces Adileidy mira a su alrededor, a las paredes de la oficina en la que estamos sentados, y dice: “Por cierto mi escuela estaba en este local en el que nos encontramos, hoy la sede de la Dirección Municipal de Educación”.

La profe sonríe con tristeza, tal vez, con la imagen vívida de sus amiguitos de aula y la de aquella educadora que supo sembrar bien adentro en ella la semilla del amor por el magisterio.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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