La ciencia desde la óptica de un maestro rural en Pinar del Río
- Escrito por Ana María Sabat González
Ariel Cabrera Martínez, maestro de la escuela rural Patricio Bartolomé Páez González. / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Investigar y educar, son dos labores que nuestro entrevistado, un maestro rural en Pinar del Río, sabe hacer muy bien, por eso fue reconocido en el evento provincial de Pedagogía 2018.
Hombre de ideas y de ingenio; buscador incansable de los mejores métodos y vías para enseñar; investigador nato, de esos que disfrutan cada resultado de sus trabajos, mucho más al verlos aplicados en sus clases, que es cuando recoge los frutos en los conocimientos multiplicados.
Se los presento, su nombre es Ariel Cabrera Martínez, maestro de una escuelita rural, la Patricio Bartolomé Páez González, ubicada en la carretera El Pitirre, municipio Los Palacios en Pinar del Río. En este curso tiene solamente cinco alumnos de primer y tercer grados, porque como es natural en este tipo de centros, los “profes” se especializan en dar clases a niños de diferentes grados en una misma aula (multígrados).
Ariel llegó al lugar de nuestra entrevista con una mochila llena de cuartillas de sus trabajos investigativos en varios temas, los cuadernos y medios de enseñanza que ha ideado para que sus alumnos trabajen mejor. Los hojea, los muestra, pone unos acá, otros allá, pero en su trato y en su mirada observamos que los procura como a hijos, porque son el producto de noches y días de vigilia, de pensar, de crear qué es lo más indicado para determinado estudiante.
“Este cuaderno es para los alumnos de primer grado, así pueden trabajar de forma independiente”.
Ariel tiene 45 años, sin embargo, desde 1994 –-en que se graduó de maestro primario– a la fecha suma experiencia en la actividad de enseñar y educar. Es un hombre sencillo, natural, pero muy inteligente, sobre todo emprendedor.
“Logro trabajar con el multígrado a través del diagnóstico que tengo del grupo, incorporando las actividades en dependencia de las necesidades de ellos. Son dos grupos, pero una sola aula, y todos conviven”.
¿Qué características en especial tienen estos niños de campo?
“En la actualidad el desarrollo está en todas partes. Ellos no son como los niños de antes, que eran más tímidos: ahora cuentan con todas las posibilidades igual que los demás de disfrutar de los medios audiovisuales, de tener computadoras, teléfonos; ya no hay diferencias marcadas, aunque siempre siguen más humildes, pero en cuanto al desarrollo es el mismo”.
Luego de muchos años, de altibajos en el país en el aspecto económico y de ver emigrar a muchos maestros para sectores más “prometedores”, ¿por qué se ha mantenido en el aula?
“Por una deuda de gratitud con aquellos maestros que me formaron, además, si esta es la profesión que escogí no puedo dejar a medias lo que empecé. El país lo necesita, los niños y mi comunidad especialmente, por eso estoy ahí. Solo me mantuve afuera un año por enfermedad.
“Me gusta lo que hago. Siento amor por los niños porque me necesitan y alguien tiene que ser maestro ¿no?”.
Sus cinco alumnos…
“Como alumnos tienen un buen diagnóstico y están preparados; como personas, son como mis hijos”.
Los nombra, uno a uno, despacio, como si pensara en ellos de forma especial entonces nosotros escogemos uno al azar.
¿Yerandy, quién es?
“Es mi sobrino, –ríe y hay amor en las expresiones de su rostro– es un niño con características propias que está en primer grado. Siente atracción por la escuela, pero también otros intereses; por lo que hay que motivarlo mucho para que se concentre en las actividades. Vive orgulloso de que sea su tío quien le da clases”.
Lo instamos a que nos hable de forma general.
“Son estudiantes que están evaluados de Bien y Muy bien. Los preparo para elevar la calidad de la educación.
Si los caracterizo uno a uno psicopedagógicamente son bien distintos, porque provienen de hogares diferentes. Uno, por ejemplo, es hijo de padres divorciados y hay que tener muy claro su diagnóstico, ya que la separación lo ha afectado en su desarrollo psicológico. Es un niño al que hay que ponerle actividades diferenciadas, tratarlo quizás con más amor que a los demás”.
Ariel sabe de lo que habla. Ojalá y todos los maestros del mundo conocieran así a sus estudiantes.
El ambiente de los hogares, el funcionamiento familiar, las enfermedades que padecen… nada parece escapar al experimentado educador.
En el evento provincial Pedagogía 2018, celebrado recientemente, resultó el mejor maestro investigador del territorio.
“Existía una comisión en la cual se presentaron todos los elegidos en la provincia para optar por tal condición. A ese tribunal le expresé lo que hago diariamente y los trabajos que he hecho.
“Desde que estoy laborando no he dejado de investigar nunca, para así propiciarle a los niños –mi razón de ser– lo mejor, a través de los medios de enseñanza y de las adecuaciones que he realizado al programa del multígrado”.
Este maestro ha obtenido varios premios a diferentes niveles. Su actividad científica descolló aún más, después que se hizo máster.
“Me dediqué a estudiar, por ejemplo, la Lengua Española en el primer grado, porque ese nivel es bien difícil trabajarlo junto con los demás, e hice un cuaderno complementario para esa asignatura, que me permite realizar actividades independientes con ellos y a la vez trabajar acciones dirigidas a los otros alumnos”.
¿Resultados?
“Sí, al final, a partir del diagnóstico inicial y del banco de problemas que existía, he obtenido resultados que no se han quedado solo en mi escuela, sino que se han generalizado a otros municipios, tanto en el sector rural como en el urbano, porque los maestros hacen sus adecuaciones”.
Se siente reconocido aunque no satisfecho porque queda mucho por hacer. Tiene reconocimientos, entre ellos el de Maestro por la Patria, debido a la participación en eventos nacionales del sector rural y se destaca por poner la ciencia en función de la Educación.
Mucho debe de agradecer a su familia, de quien recibe todo el apoyo.
¿Qué opina del reconocimiento social al maestro?
“Es la principal cuestión por la que las personas no quieren escoger la profesión, pues la sociedad actual ha cambiado. Hay una gran división: hay quienes cuentan con mayor poder adquisitivo, en tanto otros poseen menos y en esos últimos estamos los maestros; con nuestro salario no podemos comprar lo que otros.
“En eso me vi afectado también, porque tengo dos hijos: una pasó la universidad y el otro está en el preuniversitario. Cuánto tuve que luchar para que ella se graduara, pues eso llevaba económicamente un respaldo. Considero que no hay relación entre el trabajo que realizamos y el nivel adquisitivo”.
Varios de los primeros niños a los que Ariel les dio clases son actualmente profesionales. Pasaron más de 20 años de aquella iniciación en la profesión.
“Mi hija fue mi alumna y creo que va a ser una buena ingeniera agrónoma; comenzó a trabajar este año y se encuentra en adiestramiento. Pienso que también se va a dedicar a la investigación igual que yo, porque le gusta”.
Más que ninguna otra cualidad, Ariel piensa que lo principal que debe tener una persona para ser maestro es responsabilidad, ya que del educador depende el presente y futuro de los alumnos.
Si fuera a definir qué palabra predomina en su aula, con sus cinco niños…
“La armonía”.
Sobre el Autor
Ana María Sabat González
Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.




