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Un joven triunfador

Yusniel Ligoña Mesa. / Foto: Januar Valdés Barrios

Yusniel Ligoña Mesa. / Foto: Januar Valdés Barrios

“La juventud ha de ir a lo que nace, a crear, a levantar a los pueblos vírgenes, y no estarse pegada a las faldas de la ciudad como niñotes que no quieren dejarle a la madre el seno”.
José Martí

Muchas veces por error o malas generalizaciones se suele decir que la juventud está pérdida, algo con lo cual no comulgo, pues en mis años de trabajo me he topado con muchos, muchísimos ejemplos de buenos jóvenes.

No solo mozos que están empezando esta etapa de la vida, sino también quienes ya están a punto de cerrar el ciclo lógico de ese periodo me han dado buenas lecciones.

Uno de ellos es Yusniel Ligoña Mesa, palaceño, quien se licenció en Educación en el 2007 y tres años después ya estaba en el campo, siguiendo el ejemplo del padre.

Aunque razones personales lo empujaron a tomar la decisión, la considera sabia, porque ahí entre surcos de tabaco, arrozales, y campos de cultivos varios encontró el mejor camino. Ese que desanda cada mañana cuando el alba lo sorprende visitando, evaluando y revisando el quehacer de cada campesino de la cooperativa de créditos y servicios Abel Santamaría, una estructura que es referente a nivel de país.

En ella se desempeña como especialista de tabaco y cultivos varios, cuya misión radica, entre otras funciones, en garantizar a cada campesino los recursos necesarios en aras de lograr mejores resultados productivos.

Contento, pero no satisfecho con los números obtenidos, Yusniel considera que el campo puede dar todo lo que el hombre quiera, solo hay que ponerle empeño y dedicación.

Y lo sabe él que tiene en sus predios buenos labriegos, guajiros que no creen en épocas malas y que se han levantado una y otra vez cuando la naturaleza les ha jugado malas pasadas.

Aunque es un poco parco para el diálogo, me habla con desenfado, por ejemplo, de las 70 toneladas de pesticidas, fungicidas y otros que tiene que poner en el patio de los campesinos para esta campaña, “porque esta es una cooperativa fortalecida y el fortalecimiento pasa precisamente por eso, por acercar cada producto al labriego y aminorar las gestiones que este tiene que hacer”, me dice con sano orgullo.

Con el mismo carisma lo veo desglosar el petróleo que tienen que recibir en cada finca y controlar el destino final de las producciones, de ahí que también figure en su contenido de trabajo establecer en nombre de la cooperativa relaciones contractuales con las empresas, solicitar servicios, conciliar.

Para un joven cualquiera de 34 años pudiera parecer un mundo de trabajo –y lo es– pero para Yusniel, no. Siente que es muy importante la labor que realiza “porque si queremos que el campesino rinda, produzca y tenga buenos resultados individuales, que son al final los logros colectivos de la cooperativa, hay que despejar el camino de los campesinos y eso solo se logra si este tiene al alcance de la mano los recursos necesarios para cada campaña”, asevera Ligoña Mesa.

Yusniel tiene el mérito de haber sido el delegado más joven de Pinar del Río al VII Congreso del Partido, una posibilidad que describe como el mayor honor hasta el momento.

“Fue algo único, lo viví y experimenté con una mezcla de optimismo y orgullo, es un privilegio que podré contar a mis hijos y que seguro no se repite. Tuve la posibilidad de estar a menos de 10 metros de quienes hicieron la Revolución, Fidel hizo la clausura ese abril casi mágico de 2016. Para muchos como yo creo que fue la última vez que lo vi y me queda la imagen del hombre que casi a punto de cumplir 90 años sigue dando lecciones de cómo alimentar a los ‘pueblos sedientos de África’ o de hacer más por la producción de alimentos. Eso es algo que no se olvida jamás”, expresa con emoción Yusniel.

Padre de dos niños –Jesús Daniel de cinco años y Lian Jesús, de cinco meses– este pinareño siente que es feliz en la familia que nació y en la que construyó junto a su esposa Daimy González, “pues de eso se trata también: de estar contento y de contentar a los demás”, dice con mucha modestia, cualidad esta que no le falta al joven Yusniel, quizás heredada de sus padres, Maribel y Jesús Isidro, gente noble y cariñosa, de ascendencia y estirpe campesina, que en su conjunto son ejemplo para muchos.

Sobre el Autor

Daima Cardoso Valdés

Daima Cardoso Valdés

Licenciada en Derecho en la Universidad de Pinar del Río, Cuba

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