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Las asignaturas pendientes del trabajo social en Pinar del Río

Diariamente, una profesora asiste a la casa de Félix Daniel para impartirle clases / Foto: Januar Valdés Barrios

Diariamente, una profesora asiste a la casa de Félix Daniel para impartirle clases / Foto: Januar Valdés Barrios

Guerrillero se adentra en las dinámicas de la asistencia social en Pinar del Río, motivado por la invisibilidad que sufre este oficio en los últimos tiempos.

Leanys Fernández Esquijarosa tenía apenas 17 años cuando inauguraron en Cuba el Programa de Trabajadores Sociales en el año 2000. El país vivía una situación social compleja, agravada por las consecuencias de casi una década de periodo especial.

El Comandante Fidel Castro fue el mayor impulsor de esta idea, que aunó a decenas de miles de jóvenes bajo la premisa de “promover una acción social concientizadora – transformadora, centrada en las personas y orientada a la transformación de las causas que condicionan las desigualdades y los problemas sociales (...), además de contribuir a la implementación de las políticas y servicios sociales y al desarrollo comunitario articulado con las estrategias de desarrollo local”.

En los inicios, se vincularon a diversos procesos como la Misión Milagro, la Revolución Energética, entre otros; es por ello que quizás usted vio a los trabajadores sociales (TS) distribuyendo combustible en servicentros, llegar hasta su casa con equipos electrodomésticos o involucrados en estudios de población.

trabajadores sociales pinar fpt4Leanys Fernández Esquijarosa, trabajadora social del reparto Hermanos Cruz / Foto: Januar Valdés Barrios

Leanys desandaba la geografía intramontana de Jatibonico, en Sancti Spíritus, sin importarle el sol o el cansancio. Arribaba a cada hogar con una sonrisa en el rostro, reconfortada por el placer de ayudar a otros. Hoy sigue sintiendo orgullo de haber formado parte de la primera graduación de trabajadores sociales.

Durante tres años se desempeñó en labores de oficina en la Dirección Nacional del Programa, el cual acabó disolviéndose y sus miembros pasaron a formar parte del departamento de prevención, asistencia y trabajo social del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Los caminos de la vida la condujeron luego hasta Pinar del Río, donde formó su familia y nuevamente volvió al trabajo en el terreno, que es lo que más disfruta hacer.

En conversación con Guerrillero comentó su práctica cotidiana: “Debemos atender a 600 familias e identificar a los casos críticos en la comunidad, para lo cual nos apoyamos en las organizaciones de masa, el médico de la familia, el delegado y líderes espontáneos.

Caracterizamos las problemáticas socio-económicas que tiene el núcleo y dejamos constancia de esto en un expediente, y un posible procedimiento para su protección”.

El trabajo social en Cuba comprende varias políticas sociales y misiones humanitarias como la Tarea Victoria, vinculada con la asistencia integral a niños, adolescentes y jóvenes menores de 17 años, hijos de personas que cumplen diferentes condenas de privación de libertad. Igualmente se presta atención a los niños con bajo peso y con baja talla, a los que se otorga un módulo alimentario.

“Se apoya a sancionados y desvinculados, así como adultos mayores que no cuentan con respaldo familiar, a los cuales se inserta en el Sistema de Atención a la Familia (SAF), casas de abuelos u hogares de ancianos”, explicó Leiser Cabezas García, jefe del Departamento de prevención y trabajo social de la Dirección Provincial de Trabajo.

Otro de los servicios es el asistente social a domicilio, para aquellos ancianos desamparados con movilidad restringida. Se hacen excepciones si los hijos tienen una responsabilidad laboral muy alta que les impida brindarles las atenciones debidas.

Igualmente, se gestiona la entrega de recursos y prestaciones monetarias ordinarias y extraordinarias para familias en desventaja social y se evalúa la solvencia económica de los núcleos familiares que solicitan subsidio. Estos procesos cuentan con la asesoría de los grupos de Prevención* de cada municipio.

trabajadores sociales pinar fpt2Reunión semanal de las trabajadoras sociales del reparto Hermanos Cruz, en la cual se analizan conjuntamente los casos y se gestan posibles soluciones / Foto: Januar Valdés Barrios

Nuestro equipo de prensa visitó en el reparto Hermanos Cruz una de las reuniones que realizan semanalmente las TS de ese reparto, y conversó con ellas sobre algunas insatisfacciones que tienen acerca de estas políticas.

“Nosotras trabajamos con una planilla de lo socioeconómico que contiene desglosados los gastos del hogar: combustible, corriente, agua y medicina, entre otros, a cubrirse con una pensión ordinaria de 147 pesos si la persona vive sola, 158 si son dos, 167 para tres y así hasta 190, que es la cantidad máxima que se otorga. Esto es solo para los hogares que no disponen de un ingreso monetario”, refirió Ailyn Ceballo Santana y agregó:

“No se contempla si se les acabaron los zapatos, si tienen que bañarse, o se les rompe un equipo electrodoméstico, otras cuestiones básicas que no pueden resolverse con ese dinero”.

“Hay mucho burocratismo” acotó Maibel Pimentel, quien trabaja también en esa comunidad. “Cuando llegas a una vivienda donde hay un abuelito solo y lo quieres incorporar a un comedor, no puedes hacerlo si tiene condiciones para cocinar. Esto pasa por una comisión en la que participamos, pero no tenemos la última palabra. Y al final somos nosotras las que damos la cara a la comunidad, es por eso que cuando vienen pidiendo respuestas a sus problemas y no podemos dárselas, piensan que no estamos haciendo nada.

“A una mamá cuidadora, por ejemplo, que su pareja la mantenga, no podemos entrarle con una ayuda ordinaria. Si las condiciones del hogar son complejas tratamos de gestionarles una excepcional, y es muy probable que no se llegue a aceptar nunca, o que de hacerlo, se demore uno o dos años, pues se tramita en La Habana y el Ministro de Trabajo la tiene que firmar. Hemos tenido casos de abuelos a los que la ayuda les llega después de fallecer, por lo enrevesado del trámite”, concluyó Maibel.

Anteriormente se amparaba a las madres cuidadoras con el pago íntegro del salario que percibían por su profesión, y ese tiempo al cuidado de sus hijos contaba como años de trabajo, llegado el momento de su jubilación. Dicho beneficio se perdió con la puesta en vigor de la Ley 105 de Seguridad Social en el 2008.

Ana Isis Cuní es una de esas mujeres afectadas por la nueva disposición. Desde que le detectaron leucemia a su niño Félix Daniel, no ha hecho otra cosa que velar por su salud. Luego tuvo otro pequeño con malformación craneal y rasgos de sicklemia y se vio sola frente a las responsabilidades del hogar, al estar su cónyuge privado de libertad.

“Agradezco mucho a la asistencia social ya que antes vivíamos en un almacén abandonado por La Conchita, y ahora tenemos un techo donde vivir. Félix nunca ha dejado de recibir clases, a pesar de no poder asistir a la escuela. Diariamente una profesora viene a enseñarlo en la casa. Hace tres años nos ayudaron además con dos colchones y algunas sábanas, pero como ven, nuestra situación es compleja y con una pensión de 175 pesos está difícil mantenernos.

“Me resolvieron unos zapatos para los muchachos pero no pudieron usarlos, pues eran demasiado grandes. A veces me han cortado la luz porque no tengo con que pagarla y los electrodomésticos con que cocino son prestados. No quiero lujos, ni dejo de reconocer el valor de la ayuda que me han dado y los cuidados de la trabajadora social, solo precisamos un poco más de atención”, comentó.

A pesar de la importancia que reviste la labor social en nuestro país, las condiciones de trabajo no son las más idóneas.

“Antes de que el Programa cerrara, los que eran licenciados devengaban más de 500 pesos, pero ahora el salario para todos los TS es 385, pues la plaza que ocupan es de técnico medio. No tienen almuerzo y desapareció también el estipendio de 140 pesos para la dieta. Cuando salen es sin transporte, no tienen materiales, libretas, lapiceros... A veces me traen cosas escritas en un pedacito de hoja. Si te pones a pensar, yo no les puedo exigir la pro-fesionalidad en los documentos que entregan, ya que no dispongo de recursos para darles”, explicó Merlys Gort López, subdirectora de Prevención, asistencia y trabajo social en la Dirección Municipal de Trabajo.

“Tenemos dificultades a la hora de imprimir los modelos. Aquí en esta oficina no hay impresoras, solo esta computadora. A veces nos ayudan desde otros organismos, pero es por gestión personal.

“Estas carencias no justifican algunas incompetencias que hoy padecemos. Es fundamental analizar integralmente cada caso, no dejarlo a la mitad, monitorearlo, verificar si la situación se mantiene o si es necesario seguir brindando esa prestación monetaria. No porque ya fui y lo visité significa que acabé, porque hay que valorar ¿qué hago ahora? o ¿cómo debo resolver el problema? Tengo que orientar al interesado, guiarlo para que él participe en la solución”.

En un sondeo de opinión realizado a la población sobre el accionar de los TS, encontramos criterios divididos. Algunos reconocieron la efectividad de su gestión, otros se refirieron a la invisibilidad que tienen en estos tiempos, e incluso se cuestionaron si el oficio se mantiene.

“A los trabajadores sociales nunca los he visto”. “Creo que es insuficiente lo que hacen, hay muchos casos críticos que aún no reciben ayuda”. “Ya no son lo que deberían ser”. “Los vi una vez, hace mucho tiempo, creo que por el año 2000, pero nunca más”. “Yo vivo en una zona intrincada y por allá no han llegado”. “Conozco casos que han sido bien atendidos por los trabajadores sociales, y creo que es una labor importante”.

Si bien es cierto que el trabajo social aún no logra llegar a todas las familias que lo requieren, también muchas personas solo consideran ayuda a los beneficios económicos o materiales que reciben. No valoran la asesoría, el apoyo moral y dejan toda la responsabilidad de resolver su problema en manos de otro.

“Te comento, por ejemplo, el caso de los niños que tienen los padres presos, uno o ambos. No todos llevan ayuda, pero en ocasiones sus tutores exigen el respaldo económico, sin valorar que la asistencia también pasa por intentar que los menores no copien el modelo de sus padres, que se interesen por el estudio y enseñarles la utilidad de trabajar y de abrirse paso en la vida”, sostuvo Gort López.

“Asimismo, hay muchas personas que quieren delegar sus responsabilidades y vienen aquí exigiendo: ‘¿Qué vas a hacer con mi hija que está embarazada, o con mi papá que no tiene quien lo cuide?’. Pero no es un secreto que estás obligado a proteger a tus padres ancianos como mismo ellos lo hicieron contigo”.

La función del trabajador social debe ir encaminada a orientar a las personas en el sentido de que hay obligaciones y responsabilidades, propias de ellas. Amén de que el Estado debe amparar al desamparado, pero sin acomodar al que debe asumir una obligación.

Los TS son fundamentales en cada sociedad, pues con su accionar humano ayudan a mejorar la vida de muchas personas y llevan luz y esperanza a los hogares más necesitados. Reconocerles su aporte es una asignatura pendiente que atañe tantos a ciudadanos como instituciones.

Es pertinente fortalecer el vínculo entre ellos y la comunidad, propiciarles formación profesional de calidad, empoderarlos, mejorar sus condiciones laborales y velar porque haya amor en el ejercicio del oficio, cuestión fundamental cuando de ayudar a los otros se trata.

Infografía

Escrito por: Susana Rodríguez Ortega y Dayelín Machín Martínez

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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