La mina del pan
- Escrito por Yolanda Molina Pérez
Fábulas, cuentos infantiles, refranes giran en torno al preciado alimento, tan básico y universal que se emplea para denominar genéricamente cualquier comida.
Una hogaza de pan salva, pero también castiga. En Cuba es motivo de inconformidad popular la calidad del mismo, sin embargo, parece que todavía hay sitios donde el buen hacer marca pauta.
La primera referencia la tuve en los campos de Viñales. Un ama de casa sale ante el pregón del vendedor y pregunta: “¿es de la panadería de las Minas?”. A la respuesta afirmativa compra dos barras y explica: “Este sí es bueno, allá hasta el pan de la cuota te lo puedes comer”. El que ella acababa de adquirir es producido por la Cadena Cubana del Pan para la venta liberada a la población.
Después, en visita de trabajo al municipio de Minas de Matahambre, varias personas refrendaron este criterio y personalmente pude comprobar la calidad del pan que distribuían en las bodegas de Sumidero, consejo popular perteneciente al Plan Turquino.
NORMA, NO EXCEPCIÓN
Juan Garrido Crespo, jefe de la unidad empresarial de base (UEB) Minas, subordinada a la Empresa Alimentaria Provincial, asegura que en el último proceso de rendición de cuenta de los delegados a los electores solo recibieron dos quejas por calidad, los otros seis planteamientos estaban asociados a la distribución, que para ellos es muy compleja, por la diseminación de los asentamientos poblacionales y la orografía del territorio.
La entidad cuenta con 146 trabajadores, el salario promedio supera los 500 pesos, el cual es bajo, pero tienen estabilidad en la fuerza de trabajo.
Para Garrido la batalla por la calidad transita por el enfrentamiento al delito y a pesar del ineludible control hace hincapié en la concientización de los trabajadores.

Enfatiza en que hay que sensibilizarlos con la importancia de su labor y lo que representa, así como la capacitación para el cumplimiento de las normas de elaboración y la atención a las necesidades individuales. Reconoce la abnegación de sus hombres y mujeres, porque incluso algunos trabajan con hornos de leña y aunque sin duda ello dota la faena de mayor rigor, no incide en la calidad del pan.
LA VICTORIA
Cuatro de las cinco panaderías del municipio están ubicadas en comunidades del Plan Turquino. Una de ellas es La Victoria, enclavada en el poblado de Pons, desde este sitio suministran el pan a nueve bodegas, lo que representa 4 335 consumidores.
Eustaquio Ramón Marrero, administrador de la unidad, aclara que, además, diariamente realizan entregas para organismos, la gastronomía y venta liberada.
El colectivo del establecimiento lo integran 13 trabajadores, presumen de la imagen, aseguran que todos van siempre con uniforme, afeitados y limpios, porque ahí comienza el respeto a los clientes.
La elaboración de dulces es algo que los distingue: marquesitas, masa real, panetelas y mantecados comprende el surtido.
Pedro González Veloz es un experimentado maestro de repostería con 28 años en la actividad y para él la mayor insatisfacción está en la poca disponibilidad de manteca que limita en cantidad y variedad las producciones, las que realizan principalmente los fines de semana para reforzar las ofertas de la gastronomía; por lo demás dice que la calidad de las materias primas es aceptable.
Otras carencias que frenan la creatividad de quienes laboran en La Victoria es la disponibilidad de un solo troquel para la confección de galletas. Los hornos, tras 13 años de explotación, a pesar de los cuidados, sufren frecuentes averías y los ciclos de distribución no son estables.
QUERER ES PODER
En el municipio no existe una tradición de maestros panaderos o legado que singularice la profesión, solo el buen hacer que vienen marcando un ejemplo que mucho se agradecería fuera multiplicado. Quienes ofrecen excusas banales para justificar la mala calidad del pan deberían mirarles con sonrojo, porque si ellos pueden, otros también.