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El papel de la economía en las políticas culturales en Cuba

La política cultural ha de estar dirigida a que el pueblo tenga una oferta de calidad. / Foto: Januar Valdés Barrios

La política cultural ha de estar dirigida a que el pueblo tenga una oferta de calidad. / Foto: Januar Valdés Barrios

Siendo consecuente con los postulados de un pensamiento lógico y para dar continuidad a la idea esbozada por este autor en una primera publicación titulada Políticas culturales, una asignatura pendiente, referida al papel de las instituciones culturales y el uso de los presupuestos en función de una coherente promoción y circulación de un hecho artístico, es que proponemos hacer un análisis desde la economía –traducida en inversión– de la cultura.

El arte y la cultura se aprecia no solo desde la creación propiamente dicha, sino que hay que tener en consideración también la producción, comunicación, distribución, compra-venta y el consumo, eso si queremos que realmente tenga una concepción sistémica.

Entonces, ¿cómo se promueve esta creación artística y literaria y cuáles son sus retos hoy?

Desde nuestra perspectiva, para que un acto de creación se convierta en un acontecimiento cultural, tiene que llegar al consumo; así como para ser consumido debe ser genuino y eficiente: solo así podrá alcanzarse el enriquecimiento espiritual al que aspiramos.

La política cultural ha de estar dirigida a que el pueblo tenga una oferta de calidad, rigor creativo y humanista y la política económica que se diseñe para la cultura deberá responder a esos propósitos y que los creadores, su familia y la población reciban los ingresos que se merecen por su obra. Es un todo complejo y articulado. La cultura se promueve y no se administra.

Hablamos antes del papel de las instituciones de la cultura y de los pre-supuestos para lograr una promoción efectiva y de calidad a todos los niveles, pero es imposible que una institución estatal pueda obtener este objetivo cuando existe una obsolescencia tecnológica en los procesos productivos de los bienes y servicios culturales y para ello es menester dedicar enormes esfuerzos y recursos a su modernización.

¿Cómo puede hacer promoción verdadera una institución que ni siquiera cuenta con los recursos mínimos e indispensables para realizar su trabajo? El proceso de renovación económico y social que se está impulsando en la actualidad, debe implicar el fortalecimiento del sistema de instituciones de la cultura que emerja de una profunda introspección acerca de su funcionamiento, de un claro y preciso sistema de relaciones económicas, reconociendo y legitimando las nuevas formas de gestar la cultura que ya existen en el mundo y en el hemisferio, y Cuba no debe estar ajena.

Considero imprescindible que el Ministerio de Cultura invierta sumas millonarias en la formación artística.

La primera conquista de la Revolución cubana fue la Campaña de Alfabetización en el año 1961. También puso todo su interés en la creación de escuelas de artes, que tienen su máximo representante en el Instituto Superior de Arte (ISA) el cual es expresión de continuidad y presente del arte cubano.

Garantizar el relevo es pensar en el futuro, por ello es correcto que parte del presupuesto del Estado se destine a potenciar y a apoyar no solo el sistema de enseñanza artística, sino los proyectos culturales comunitarios, las casas de cultura y cuantas instituciones tengan como objeto social la formación y promoción de las nuevas generaciones.

Muchas veces, los decisores de políticas pierden el rumbo e invierten poderosas sumas de dinero en proyectos individuales o en creaciones efímeras –de poca duración en el tiempo– y en alguna medida de pésimo gusto estético.

Hemos visto, y no es un secreto para nadie, el monto que cobran algunos artistas por actividades de tres horas, muchas veces sin la calidad requerida e igual sucede en la logística de las mismas.

Me pregunto, ¿qué puede haber detrás de todo esto?, ¿quién debe regular estos precios?, ¿quién debe velar porque esto no suceda?

La cultura no puede verse como un mercado agropecuario donde prime la oferta y la demanda. ¿Cuándo una cosa es arte?, ¿qué es arte cubano? Arte es cuando alguien tiene necesidad de expresarse y el don de transmitir ideas o conceptos a través de una obra artística, lo cual hace y luego conmueve, dice, hace pensar y deleita, sea bello o no.

Por supuesto que tenemos retos. En el rigor de pensar qué promovemos, de la responsabilidad moral, social y cultural que todos los días asumimos y de la voluntad crítica que debe primar en nuestro quehacer cotidiano.

Es una premisa importante para el Ministerio de Cultura potenciar la creación como nuevas formas de promoción y comercialización, toda vez que, para sustentar estos propósitos, resulte imprescindible una adecuada estrategia económica revirtiendo sus resultados en ellos mismos.

Sobre el Autor

Raciel Linares

Raciel Linares

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