“Ese hombre de La Edad de Oro es mi Amigo”
- Escrito por Dayelín Machín Martínez
Para Laurita era su primera vez y se sentía emocionada. De Martí solo sabía las cosas que la maestra y sus padres le habían enseñado. Pero aunque no lo conocía supo aprender a amarlo, así como a su abuelo Rafael, de quien también solo tenía referencias por historias y fotos.
Rocío hacía más de una semana que esperaba ansiosa la mañana del sábado. Sus amiguitos ya tenían decidido qué vestirían, pero ella aún no. ¡Eran tantos personajes! Podía haber escogido a Nené, pero era una niña tan traviesa. O la mora de Trípoli, aunque era muy vanidosa e inconforme. Masicas, la esposa de Loppi, era demasiado ambiciosa. Por ello terminó decidiéndose por Pilar, pues disfrutaba muchísimo poder ayudar a los demás. Carlitos se consideraba un niño valiente, le gustaba defender a sus compañeritas de aula y soñaba con convertirse en un héroe, y así sin pensarlo dos veces le dijo a su mamá que a homenajear al Apóstol iría vestido como Meñique. La mañana del sábado ninguno protestó por tener que levantarse más temprano, o por perderse la programación infantil. De la mano de sus padres se les vio salir tan alegres como si fueran al encuentro del mejor amigo, y en realidad así era. El 28 de enero se ha convertido en una especie de cumpleaños colectivo al cual todos los pequeños van gustosos para celebrar el nacimiento de aquel que vio en ellos la esperanza del mundo. Tal demostración de amor y confianza hace nacer, cuando menos, respeto y admiración. Para algunos pudiera parecer poco creíble que los niños sientan fascinación por alguien a quien no conocieron. Un hombre que vivió en otro siglo, y ni siquiera forma parte de su familia. Pero cuando se da tanto amor como lo hizo Martí no importa el tiempo, la distancia, ni siquiera no estar presente físicamente. Además muchos infantes, desafortunadamente, han crecido amando a familiares que ya no están. Y es que con la capacidad para amar no solo se nace sino se hace. Y son precisamente ellos “los que saben querer”. Por esa razón el vigésimo octavo día de enero las calles de Cuba se llenan de pequeños Martí y de personajes que abandonan las páginas del libro para pasearse por cada rincón de la Isla. Niños que, como deseó Martí lo quieren y ven como cosa de su corazón. Niños felices que sienten haber encontrado en el hombre de La Edad de Oro a su amigo.
Desfile martiano / Foto: Jaliosky Ajete
Desfile martiano / Foto: Jaliosky Ajete
Desfile martiano / Foto: Jaliosky Ajete
Desfile martiano / Foto: Jaliosky Ajete
Desfile martiano / Foto: Jaliosky Ajete
Desfile martiano / Foto: Jaliosky Ajete
Sobre el Autor
Dayelín Machín Martínez
Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba




