Las modas… ¡Ay las modas!
- Escrito por Ariel Torres Amador
Foto: Cubasí
Nunca he sido fanático de las modas ni de tendencias del momento, pues no me resulta atractivo perseguir fantasías y reciclajes dictatoriales de pasarelas dictadas para una sociedad consumista. Simplemente adopto aquello que me sienta bien y me resulte cómodo.
Aclaro que a criterio propio, (sin ofender) no estoy en desacuerdo con el buen vestir y las más elementales normas de lo que pudiera resultarnos elegante para un momento determinado; no obstante, pienso que como anuncia el título de estas líneas, hay modas y modos y no siempre son para el uso de todos.
Recuerdo ahora cierta entrevista a Brigitte Bardot, la que en aquella ocasión frente a un grupo de reporteros respondió sobre su belleza y la fascinación de los hombres hacia ella: “Es solo una ilusión óptica, mi belleza es 60 por ciento lo que ven y el resto lo que escondo”.
Evidentemente, en una sociedad dominada por el patriarcado y por costumbres machistas como la nuestra, ningún hombre osará decir, al menos en su cualidad, que algo le desagrada a la vista si lo exhibe una mujer hermosa y coqueta, máxime si a las claras algo de piel escapa al vestir.
Pero recurriendo a la mencionada diosa de Hollywood, más allá de la visualidad debiera pensarse en el otro extremo, la espiritualidad, y recurrir a ese dogma social de que lo más atractivo y perverso es aquello que no se ve.
La moda, principalmente femenina, ha “evolucionado” a ritmos vertiginosos rozando con el pudor colectivo y los atrevimientos públicos a veces hasta en contra de su portadora por el simple hecho de que algo se usa.
Aquellos minipantalones de antaño ajustados para resaltar la figura, reaparecen ahora hechos de distintas telas, pero siempre dejando parte del cuerpo al descubierto.
Y es que algo me resulta contradictorio, pues la moda y la belleza contemporánea al vestir dictan camisas, pantalones y shorts apretados al corte corporal para una isla tropical donde lo holgado debería prevalecer. Amén de que al otro extremo sea incompatible y paradójico también que camisetas unisex dejen entrever parte del pecho en ambos sexos y en el caso de las féminas también sus glúteos “resguardados” nada más y nada menos que por los llamados shorts cacheteros.
No discrepo en que ciertamente pudiera ser un estilo fresco para actividades veraniegas o propias de destinos deportivos o mayoritariamente acuáticos, pero no para recorrer avenidas, asistir a clases o a hospitales u otros centros de rigor. Pensemos un poco en que quizás, más que de la moda, seamos víctimas de la insensatez y el mal gusto en ocasiones.
Cada quien tiene criterio y madurez para dejarse llevar por las corrientes y propuestas que más atractivas le resulten, y por ende, ser dueños y señores en el arte de cómo cubrir nuestros cuerpos, pero ofrecer imprudencias a miradas indiscretas no debe ser una opción.
La belleza y la dignidad no han de sucumbir ante modas que anuncian inseguridades y carencias espirituales, no asesinemos virtudes con exhibicionismos. No se trata de renunciar a lo exótico, lo arriesgado y lo coqueto, sino de presumir con sabiduría y dejar paso a la imaginación, que a fin de cuentas es uno de los motores impulsores más vivaces del ser humano.
Para concluir estas líneas, quizás sean precisas y necesarias las palabras del más universal de todos los cubanos, nuestro José Martí, cuando dijera que “(…) la elegancia del vestido, la grande y verdadera, está en la altivez y fortaleza del alma (…)”.




