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Más de cinco décadas junto al barrio

A sus 92 años, Mongo es ejemplo de que el ánimo y los deseos de hacer no se jubilan. / Fotos: Loraine Morales Pino

A sus 92 años, Mongo es ejemplo de que el ánimo y los deseos de hacer no se jubilan. / Fotos: Loraine Morales Pino

Han pasado casi ocho décadas desde que Mongo, como cariñosamente llaman a José Ramón Román Guzmán, llegó al municipio de Pinar del Río. Apenas tenía 14 años cuando abandonó el barrio Lajas, ubicado en el entronque de Herradura, para vivir con su tía y trabajar en una bodega que administraba el esposo.

Hasta los 16 años vivió en la calle Antonio Rubio, entre Ormani Arenado y Primero de Mayo. Después tuvo viviendas en otras direcciones junto a su madre, hasta que en 1957 regresó al barrio que llamaría hogar hasta el día de hoy: Ormani Arenado, entre Antonio Rubio y Pedro Téllez (CDR número seis José Martí).

Como a la gran mayoría, le sorprendió el triunfo de la Revolución con ánimos de cambio para el porvenir. No dudó en sumarse al proceso vanguardista y dejar su huella en la lucha contra bandidos.

“Soy fundador de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Fue a mediados de noviembre de 1961 que nos reclutaron para asumir nuestra preparación. Fui sargento de mi pelotón que sumaba una treintena de combatientes y estuve ubicado en la parte norte del Escambray. Estuvimos tres meses hasta que regresamos el 17 de febrero de 1962”.

CUBANO DIGNO Y REVOLUCIONARIO

La disposición es una de sus mayores cualidades. Confianza ciega que no precisaba preguntas o argumentos. Donde se necesitaba podía ser encontrado ocupando la primera fila. Por eso, fue uno de los que dio el paso al frente para fundar los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

“La primera orientación era que su alcance abarcara la zona. Pero después quedó a nivel de cuadra. En este barrio fui el primer presidente y mi esposa la organizadora”.

En un papel mantiene anotado los cargos ocupados por los cederistas que lo acompañaron durante 57 años, mas solo él se mantuvo firme durante todo ese tiempo.

“Desde un inicio la vigilancia era lo primero. Dos compañeros recorrían la zona velando la seguridad de los centros laborales y de los hogares. Además, hacíamos trabajos voluntarios de limpieza y embellecimiento de la cuadra, labor político ideológico con la juventud a través de charlas, aportes productivos en los despalillos de tabaco y en la pizzería La Terrazina, y hubo quien apoyó en labores de enfermería”.

Mongo relata cómo convocaba a los vecinos para despalillar tabaco en el exterior del estadio de pelota. En un cuarto guarda celosamente los membretes y las condecoraciones que los avalaban como un colectivo destacado en cada una de las acciones que acometían.

“Había mucho ánimo. En las fechas festivas las cuadras se adornaban con banderillas de colores. Cada cual aportaba lo que podía para el ajiaco y los vecinos eran como familia, lo compartían todo. Los muchachos alaban la soga o hacían carreras en sacos. Era una gran fiesta”.

Mientras conversábamos, en mi mente revivían algunos recuerdos de la infancia: mi mamá recorría las calles a oscuras, dando la vuelta a la manzana, junto a otro vecino; la algarabía por la asignación del teléfono; la caldosa del 27 o el aporte para la fiesta; los poemas que debíamos declamar bien uniformados los estudiantes. Pero en el barrio, Mongo tenía incluso más detalles: “Cuando una mujer daba a luz y retornaba a su casa, le hacíamos una actividad de bienvenida al nuevo inquilino y le tirábamos una fotografía a la madre con el muchachito. Todavía hoy, cuando un vecino cumple años, lo llamo por teléfono para felicitarlo”.

Cerca de una decena de medallas avalan la destacada labor de este líder cederista.Cerca de una decena de medallas avalan la destacada labor de este líder cederista.

Este líder de barrio tiene innumerables diplomas, medallas y reconocimientos que avalan su destacada trayectoria. A lo largo de estas casi seis décadas realizó 36 donaciones de sangre y más de 500 verificaciones en la zona 12 del consejo popular Capitán San Luis al cual pertenece.

Quizás muchos extrañan el jolgorio de antaño, sobre todo en aquellos lugares donde el ánimo cederista ha decaído. Unos atañen las causas a la falta de emulación, a la celeridad de los nuevos tiempos o a otros motivos. Pero conversar con Mongo me hizo comprender que al igual que la célula, invisible a simple vista u obviada por casi todos, la existencia de los CDR es vital para el funcionamiento del organismo llamado sociedad.

Esta es una organización concebida para interconectar a todos los individuos de la comunidad, para convertir en una gran familia a esas personas que conviven en un mismo espacio a pesar de su credo, raza, sexo, sexualidad o condición social. Es la verdadera expresión de la unidad de todo el pueblo.

Perderla o subvalorarla sería aislarnos en una burbuja invisible e inutilizar la esencia que nos caracteriza. Por eso agradezco a Mongo que con sus 92 años aún apoye a quienes asumen el nuevo reto de unir con hilos invisibles el tejido que somos y me sumo a su clamor: “Que el CDR tenga su frente bien definido para que pueda cumplirlo. De lo contrario no hay avance”.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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