Actualizado 20 / 11 / 2018

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Youtube  Rss 

21ºC
31ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

Festejando los 100 de Juan Akim

Juan Akim. / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Juan Akim. / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

EL CAJISTA

Las piernas dormidas de Juan Akim Ramírez parecen no caber en el sillón de ruedas y chocan con el piso cuando alguien mueve al anciano de lugar.

A veces imagina que sale andando calle arriba hasta los talleres del periódico El Socialista (devenido Guerrillero) donde dejó 40 años de su vida.

“Regente de taller, ese era mi puesto”, me cuenta con su voz queda y se esfuerza por abrir los ojos, por mirarme; pero los ojos se le cierran sin que él pueda someterlos.

“A las siete y media de la noche empezaba mi turno y no tenía hora fija para terminar. A veces me cogían las ocho de la mañana, el mediodía, y no había ido a mi casa, y sin dormir un solo minuto”, prosigue.

“Cuando mataron al presidente americano Kennedy tuvimos que romper los diarios ya impresos y rehacer la edición para poner la noticia. Otro día no hubo donde transportar los periódicos y usamos un carro de muertos”, evoca.

Por ese tiempo no había computadoras y el proceso de los periódicos era complejo.

Se tecleaban en aparatos semejantes a máquinas de escribir enormes llamados linotipos. El operador seleccionaba una letra determinada y luego otra hasta completar una línea de texto, que pasaba automáticamente a una caja de fundición, donde el plomo, expuesto a 220 volt formaba un lingote o renglón de caracteres.

“Kin” –como le dicen– fue cajista. Su trabajo consistía en montar los titulares y ordenar los textos en una rama o pizarra de acero hasta conformar cada plana. Además, debía supervisar la labor del resto del personal.

Sus compañeros dicen de él que era “un gran jefe”, “el mejor de los cajistas”, “el más rápido”... Tenía olfato aguzado para detectar errores de redacción y una ortografía impecable, a pesar de que solo cursó hasta el séptimo grado. Ni siquiera enfermo le vieron faltar nunca. A veces se ponía a discutir con los obreros más perezosos porque él se había formado en la disciplina del capitalismo, en los talleres de los periódicos burgueses donde no había tiempo de respirar.

EL FESTEJO

Es lunes 13 de agosto y en la casa de “Kin” se ha reunido mucha gente para felicitarlo por sus 100 años.

Está Orlando, el cuñado, que dice quererlo como a un padre después de que perdiera al suyo propio. ‘“Kin’ es el centro de nuestra familia”, advierte.

Juan Carlos, hijo del cumpleañero, describe su disfrute cada vez que compartía un traguito de ron con su papá; y a Manolo, yerno de “Kin”, se le traban las palabras en la garganta por la emoción y nada dice, pero no es necesario porque sus ojos húmedos hablan por él.

“Siempre le doy vueltas al viejo porque es muy bueno, muy decente”, dice José Manuel, un vecino y a continuación narra una anécdota que nos hace reír a todos en la sala, incluso a “Kin”, que parece dormitar en su puesto pero está al tanto de todo lo que hablamos. “Una vez le regalé a él unas galletas, se las di envueltas y empezó a comérselas con papel y todo. Ve muy poco, sabes, y tuve que sacarle el papel de la boca”.

Ofelia (Tatica), la esposa del otrora cajista, relata que lo conoció hace 60 años mientras caminaba por el parque Colón (Antonio Maceo) y trae para que yo vea un recorte de periódico amarillento que conserva como una reliquia. En él se lee: “Una bella novia del capítulo nupcial de diciembre lo es la señorita Ofelia Sotolongo Almuedo, joven profesora de instrucción pública que contraerá matrimonio el sábado día 28 en la notaría de doctor Joaquín Hernández Armas, con el excelente caballero Juan Akim Ramírez, muy querido de los talleres del Vocero Occidental. Todo género de venturas y dichas deseamos a Ofelia y a Juan Akim en la nueva vida de casados”.

Dos hijos, tres nietos y tres bisnietos tiene este matrimonio. Los que no lograron estar en la celebración, regalaron por teléfono sus cariños.

“Kin” ha tenido una vida como la de cualquier hombre; ha juntado líneas de plomo en un taller; ha acompañado a su nieta Wilmia hasta la Facultad de Medicina seis años seguidos, en una guagua; ha hecho mucho bien y ahora, su casa reverbera de gente y el amor flota en el aire de su sala.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero