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La compañía folclórica Ayé Oñí formó parte del espectáculo que se presentó en la casa de cultura Pedro Junco. / Foto: Januar Valdés Barrios

La compañía folclórica Ayé Oñí formó parte del espectáculo que se presentó en la casa de cultura Pedro Junco. / Foto: Januar Valdés Barrios

El Festival Internacional La Ruta de la Rumba, creado por el promotor cultural Timbalaye, sesiona cada año con el auspicio del Ministerio de Cultura, la Fundación Fernando Ortiz, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y la Asociación Hermanos Saíz (AHS), entre otras instituciones.

En sus 10 años de vida, La Ruta… visitó este 2018 a Pinar del Río por cuarta ocasión. Una delegación extranjera y los fundadores de Timbalaye –Ulises Mora e Irma Castillo– llegaron a la casa de cultura Pedro Junco para constatar que la rumba se enraíza en Vueltabajo. Disfrutaron de un espectáculo musical danzario a cargo de la agrupación Clave de Rumba y la compañía folclórica Ayé Oñí.

OBJETIVOS

Irma Castillo, directora artística de Timbalaye, declaró: “El objetivo del Festival es continuar con la salvaguardia de este género cubano que recientemente fue inscrito en la lista representativa del patrimonio inmaterial ante la Unesco; y sobre todo, ir cultivándolo en las nuevas generaciones que lo cantan y lo tocan porque es importante que lo conozcan profundamente (desde el aspecto histórico y sociocultural); así lo podrán recrear mejor y cultivarlo de un modo más justo.

“El Festival tiene un carácter nacional, va desde Pinar del Río hasta la parte más oriental, termina en Guantánamo. Hicimos incluso el pre-festival en la Isla de la Juventud. La Ruta… pretende pasar por cada rinconcito de la Isla y ver cómo vive el patrimonio de la rumba y se inserta en otras expresiones locales.

“Yo creo que la rumba recoge toda la cultura popular y en ella habita un legado, una herencia de esos ritmos y expresiones que nos llegaron desde África, que se cruzaron, se mezclaron con algunos elementos españoles y dieron como resultado a Cuba. La rumba es Cuba.

“Con el apoyo del Ministerio de Cultura alcanzamos a todas las direcciones provinciales de Cultura, y son las provincias quienes proponen (se refiere al programa artístico), porque no podemos nosotros conocer qué sucede en cada rincón de nuestro país, y es ahí: en el trabajo del diálogo, del intercambio del encuentro, donde está el éxito. La misma provincia se ocupa y se preocupa porque los rumberos y todos los vinculados a la manifestación dentro de su territorio salgan a la luz. Creo que en Pinar del Río hay cosas por descubrir, y estamos interesados en saberlas”.

FORTUNAS

Yansel Cinta Álvarez, director de la agrupación Clave de Rumba, afirmó: “Somos un grupo de aficionados (categoría A, nacional) y pertenecemos a la Asociación Hermanos Saíz. Participar en el Timbalaye es una experiencia verdadera. La Ruta… es un evento donde se reúnen muchos rumberos y hacen de eso una gran fiesta. Influye en nuestra carrera artística de manera directa, porque todavía no hemos salido del territorio como grupo (llevan fundados tres años) y para todo aficionado es un reto que lo inviten a un evento de carácter internacional”.

Juan Carlos Hernández Medina, director de la compañía folclórica Ayé Oñí, alegó: “Que el Timbalaye haya llegado por cuarta ocasión a Pinar del Río nos reconforta grandemente. Ayé Oñí no es netamente rumbera pero es una compañía de tradiciones folclóricas y asume la rumba en todas sus expresiones. Timbalaye es un espacio para conocer acerca de la salud de la rumba en nuestro entorno y estimula la participación de distintas agrupaciones de la provincia”.

INFORTUNIOS

La rumba es una manifestación músico danzaria. Junto a la tumba francesa y al punto cubano, representa la lista de patrimonios inmateriales de la humanidad, por parte de Cuba.

En Pinar del Río, la rumba se aborda en el repertorio no solo de Clave de Rumba y Ayé Oñí.

También son sus cultores Obban Yoko, el grupo portador del Tambor Yuka, la compañía infantil Ilé Irawó, entre otros. Aunque Vueltabajo padece hoy la carencia paulatina de tocadores batá y bailarines folclóricos por múltiples razones, dentro de las cuales se incluye la emigración del talento artístico.

Entonces las instituciones culturales provinciales deben impulsar y apoyar sustancialmente los proyectos afiliados al género; porque si se pierde la rumba, se pierde un pedazo enorme de la esencia del pueblo.

Asimismo, en la futura edición, sería loable proponer un evento teórico que resuma nuestra presencia rumbera, desde la investigación y las experiencias de los talleres artísticos. Timbalaye está ansioso por conocerla y aprender en conjunto.

Festival es sinónimo de fiesta, ¿no es cierto? La fiesta popular significa que se hace con y para el pueblo. Solo conté unos pocos espectadores el lunes: eran en su mayoría familiares de los artistas y trabajadores del centro.

La razón de la falta es obvia: los medios de comunicación no estuvieron avisados. Mensualmente la Dirección Provincial de Cultura imprime un boletín con la cartelera correspondiente y lo distribuye. La segunda página de ese suplemento de agosto contenía la fecha del evento (sin especificaciones de lugar y hora) Pero, ¿y si ese folleto no llegó a las manos de los periodistas interesados? ¿Acaso, la institución no debe confirmar la presencia de profesionales de la información?
Sin el aviso temprano a los medios de comunicación, la promoción falla: el público no se entera de qué sucederá. Sí, porque un evento relevante –como es el caso– bien merece una campaña promocional también en los medios locales.

Además ¿es la casa de cultura Pedro Junco el espacio idóneo para el desarrollo del encuentro? Vuelvo al término “festival”: hacer partícipe a las masas requiere un lugar abierto, espacioso, donde confluyan las arterias urbanas y los citadinos. Así la persona que no escuchó, leyó o vio la noticia (en el caso hipotético de que la noticia se hubiera difundido), se entera de igual forma y participa.

Percibí un espectáculo carente de soportes gráficos de promoción; y un guion rudimentario, que abrió pero nunca despidió la escena. A toda luz, fue un espectáculo preparado con premura.

En esta ocasión, Pinar del Río vistió sus harapos de Cenicienta desventurada. El talento de los artistas presentados fue opacado por los infortunios organizativos de las instituciones (menciónese en primer lugar, la Dirección Provincial de Cultura).

Sin afán de hacer leña del árbol caído, este reportaje es un llamado de atención. ¿Qué imagen ofrecimos al público y a la prensa nacional (con el equipo de Timbalaye viajaban periodistas del Noticiero Cultural) y al personal extranjero que atraído por la rumba nos visitó? si pareció que Pinar adolece de tradición y espíritu... Se debió proponer una jornada teórica que fortaleciera el intercambio entre artistas y el acervo del público. La población tenía que ser convocada y seducida por la idea del conocimiento.

Confío en que la próxima edición será superior: luego de equivocarnos resta alcanzar el éxito.

Sobre el Autor

Yanetsy Ariste

Yanetsy Ariste

Licenciada en Historia del Arte. Especialista de Comunicación externa de Radio Guamá.

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