Actualizado 14 / 11 / 2018

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Ferrito, Isidro y Ceferino en el corazón de su pueblo

Isidro de Armas, Rodríguez Ceferino Fernández Viñas y  Rafael Ferro Macías.

Isidro de Armas, Rodríguez Ceferino Fernández Viñas y Rafael Ferro Macías.

La noche del 17 de agosto de 1958 el ejército batistiano acechaba en Seboruco a la guerrilla encabezada por el comandante Dermidio Escalona Alonso. Los combatientes se replegaron hacia la montaña en cuanto percibieron la amenaza; pero uno de ellos no logró escapar y fue aniquilado por el enemigo. Se llamaba Isidro de Armas Rodríguez y era el doctor de la tropa.

Era natural de San Juan y Martínez y había cursado con notas sobresalientes sus estudios superiores en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana.

Conoció los Estados Unidos, trabajó en confortables consultorios en el Vedado, Las Villas y Pinar del Río; pero renunció a todo con tal de ser fiel a sus ideales. Fue así como se hizo médico guerrillero en la Sierra de los Órganos.

Ceferino Fernández Viñas (Ceferinito), un muchacho delgado y simpático, le ayudaba siempre a cargar el maletín de los medicamentos. Se había extraviado luego de la escaramuza de Seboruco, y un día después los guardias batistianos lo atraparon, torturaron y asesinaron vilmente.

Tenía apenas 18 años. Cuentan que cuando alguien le señalaba la enfermedad de la madre o la preocupación de esta por la suerte de su hijo, Ceferinito contestaba: “Mi madre es la Patria”.

El 18 de agosto de 1958 cayó además Rafael Ferro Macías mientras procuraba conseguir armas para el movimiento en el bar de Izquierdo, situado en el kilómetro dos y medio de la carretera a La Coloma.

“Era poco más que mediano, no muy alto, pero guapo. Y tenía unos brazos y unas manazas respetables. Como las mangas de las camisas no les servían, las usaba con un corte en forma de uve. Un trompón suyo bien dado era como el golpe de una mandarria de 20 libras”, rememoró en entrevista con Juventud Rebelde el comandante del Ejército Rebelde Manuel Nogueira Ramos, quien fuera íntimo amigo de Ferrito y su compañero en la clandestinidad.

El espíritu de aquel muchacho era indomable. Aguantó que lo molieran a palos en el suelo de la calles Máximo Gómez y Colón cuando la marcha de las antorchas del 27 de enero de 1956 y que lo torturaran en el regimiento Rius Rivera tras el fracaso del alzamiento del 30 de noviembre en apoyo al desembarco del Granma.

A finales de julio de 1958 se incorporó al Frente Guerrillero que operaba en la Cordillera de los Órganos, pero debió volver al llano cuando le fue confiada la jefatura de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio. Era por entonces el hombre más perseguido de Vueltabajo.

El pueblo pinareño honra a estos tres mártires de la Patria a 60 años de sus decesos y por tal motivo acomete acciones de mantenimiento en los monumentos y tarjas que evocan sus legados.

Ayer fue colocada en Seboruco una placa conmemorativa en homenaje al doctor Isidro y al joven Ceferino.

El sábado 18, a las ocho y media de la mañana, 60 jóvenes y combatientes emprenderán una caminata desde el edificio que ocupa la tienda La Mía, en cuyos altos vivía la luchadora clandestina Marina Azcuy, hasta el kilómetro dos y medio de la carretera a La Coloma, itinerario realizado por Ferrito el día de su muerte.

Posteriormente tendrá lugar en el reparto Manuel Rodríguez Nodarse (La Flora), el acto central en recordación a los combatientes caídos.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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