Actualizado 22 / 09 / 2018

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Youtube  Rss 

22ºC
32ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

El Fidel que recuerda Gilberto

Fidel Castro Ruz

Este 13 de agosto se cumplen 92 años del nacimiento del líder histórico de la Revolución cubana. El pinareño Silvio Gilberto Pérez González, quien le conoció y trató personalmente en diversas ocasiones, nos cuenta sus anécdotas.

Silvio Gilberto Pérez González. / Foto: Jaliosky Ajete RabeiroSilvio Gilberto Pérez González. / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Hay siempre un distintivo de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana sujeto a su pulóver. Es un pequeño sello rojo que lleva, incluso, cuando hace cosas simples como ir por el pan a la bodega o asistir a rehabilitación por el asunto de su cadera.

Gilberto nunca se recuperó completamente del accidente que sufrió en la guerra de Angola, cuando una mina antitanque destrozó la parte delantera del yipe donde viajaba.

“O quizá fue una emboscada. La verdad no lo sé con claridad porque estuve 30 días inconsciente”, relata.

El impacto le ocasionó además una lesión cerebral. Empezó a hacer cosas extrañas como amanecer tendido en el piso, pero, poco a poco fue recobrando sus habilidades y sus recuerdos.

-Tú has de tener un cerebro muy grande, periodista, porque no te veo escribiendo. ¿Cómo te vas a acordar luego de todo lo que yo te cuento, a ver?, me pregunta.

-Está todo aquí en mi grabadora, Gilberto, le explico y se ríe.

-¡Ustedes los jóvenes lo tienen todo pensado. Yo no, yo ya voy para 80.

-Pero se mantiene bien y lúcido.

-Ahí voy tirando, mi´ja. Lo que se dice recordar, recuerdo bastantes cosas, como cuando me hice revolucionario con mi hermano Joaquín allá por los años ´50 y pico. Lo ahorcaron jovencito en el cuartel de La Palma. A la entrada del municipio hay un obelisco dedicado a los mártires, ahí está él.

Gilberto me habla además de su participación en la lucha contra bandidos y del tiempo que laboró como uno de los jefes de seguridad de la guarnición anexa a la casa de visita de Fidel en San Andrés.

“La casa estaba bien resguardada al pie de la sierra. A Fidel le encantaba salir a conversar con los guajiros, ver los puercos matados. Uno de esos días me tocó, junto a otros compañeros, escoltarlo por el camino hacia Mina de la Constancia.

“El Comandante ordenó que pararan el yipe de pronto, porque le llamaron la atención dos muchachos retrasados mentales sentados al frente de un rancho rústico de guano y tablas.

“Mandó a los hermanos a que se acercaran pero estos no venían por miedo y terminó yendo él al encuentro de ambos. No eran tan jóvenes como creíamos. Se les notaba ya la figurita de hombres barrigones. Andaban descalzos y medio en cueros con unas tiritas puestas así…

“´¿Ustedes nunca han usado zapatos? ¿Ni ropa tampoco? Ah, pues mañana eso va a cambiar’, les prometió.

“Efectivamente, al día siguiente llegó un camión de La Habana con recursos para aquellos infelices”.

LA FRIJOLERA

“La primera vez que vi a Fidel fue un poco antes, por el año ´64 o ´65. Yo trabajaba de administrador en el central Pablo de la Torriente Brau. Eso quedaba de Bahía Honda para allá. Me puse a preparar una tierra cerca de la carretera, tierra que no se había sembrado nunca porque solía usarse como potrero y allí planté caña y frijol.

“Un día que Fidel viajaba de Pinar a La Habana, se fijó en mi campito, ya te comenté que estaba próximo a la carretera. Entonces me llamó: ‘Chico, tú no sabes que está mal sembrar dos cultivos diferentes en una misma área.

-Sí, Comandante, le respondí.

-¿Entonces por qué lo hiciste?

-Con todo el respeto, Comandante, lo hice por la escasez tan grande de granos que sufre el país.

-Bueno, pues si los frijoles se pierden entre la caña, o la caña se malogra, tú procura no encontrarte nunca más conmigo, porque no sé las cosas que te voy a decir; pero si se te dan los frijoles te voy obsequiar una máquina trilladora.

“¡Tremenda frijolera cogimos ese año! Fidel lo supo y cumplió su palabra”.

El ALMUERZO

Luego a Gilberto lo nombraron director del Porcino de Pinar del Río y debió asistir con frecuencia a los encuentros que sostenía el Comandante con los cuadros provinciales en la escuela Ñico López, de La Habana.

Allí lo vio ponerse serio, bromear cuando la ocasión lo ameritaba, reír, llevarse el índice a la sien en señal de preocupación, discursar con brillantez y escuchar atentamente a los otros.

“En el marco de una de esas reuniones, nos llevaron a almorzar para una finca de campo. Luis, mi chofer, y yo, estábamos en lo último de la cola. Mi compañero era gordo, al punto de que su barriga le chocaba con el timón del carro cuando manejaba. Tenía una voluntad de trabajo admirable y un apetito voraz.

“Detrás de nosotros se paró el Comandante. Luis me miraba sin saber qué hacer. Pase usted delante, acordamos decirle, pero de ninguna manera aceptó. Ese era Fidel. Hablar de él me pone sentimental. Miles de personas tuvieron el honor de conocerlo. Cada cual lo recordará a su modo. Yo tengo mis anécdotas que son muy reales”.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero